Regina Sedelke

Visio Un planeta y su sociedad


 
 
Si se condujera volando desde nuestra tierra directamente al centro de la vía láctea, después con un 90 grado al norte y seguir más o menos durante medio año luz todo recto, se encontraría con un planeta que se parece mucho al nuestro.
 
A nosotros, los habitantes de la tierra, por supuesto no nos es posible, dado que aun tardaremos mucho tiempo hasta que podamos construir naves espaciales que puedan recorrer tal distancia, pero para los habitantes de este planeta ya hace mucho tiempo que tal cosa no figura como problema alguno.
 
Se trata del planeta Visio. Su atmósfera es casi idéntica a la nuestra, pero sus habitantes no son seres humanos. Hay magos que jerárquicamente están muy arriba, y sólo existen unos miles de ellos. Los magos están extendidos sobre todo el planeta y dominan a los animales. Cada especie animal tiene su propia región bien limitada en Visio.
 
Ahora se tiene que decir, que los animales por su aspecto son muy parecidos a nosotros, pero con la diferencia que son animados y, por esta razón por supuesto saben hablar.
 
En primer lugar, se encuentran los leones que están directamente subordinados a los magos. Les sirven de ministros, se ocupan del orden y la obediencia entre los animales.
Existe el país de los perros, el de los gatos, el de las jirafas, el de los pájaros etc. Los peces también están subordinados a los magos, pero tienen más independencia, puesto que su continente es demasiado inmenso e incluso para los poderosos magos.
 
Visio de por sí es como la Tierra. Tiene una atmósfera con oxígeno, hay bosques, ríos, montañas y valles. Lo que lo diferencia claramente de nuestra tierra es que los animales todavía no han destruido su naturaleza. Viven en armonía con ella. Salvo los leones, los animales son todos vegetarianos. Por fin están constituidos por pueblos civilizados y no se comen entre sí. Si no fuese un pueblo civilizado significaría que estarían en guerra, y guerras no hay en Visio.
 
Y los mismos magos son vegetarianos, lo que significa que sólo hay que producir carne para los leones. Esto causó un problema al principio, pero finalmente encontraron en un planeta vecino una especie de animal muy poco desarrollado sin alma ni lengua y se lo llevaron a su planeta con el propósito de domesticarlo y criarlo.
 
Pues, aunque cada especie tiene su propia región, sin embargo a cada animal le está permitido ir por las otras regiones, siempre y cuando lo haga pacíficamente. Por supuesto, para esto hay que solicitar un permiso del ministro león responsable. Esto normalmente no es un problema, por lo general los animales se alegran de tener a otros animales de los cuales puedan aprender.
 
Así fue que un día una hembra de la especie águila marina partió del país de los pájaros para conocer el mundo. Fue un ejemplar de su raza especialmente curioso. En la comunidad de su pueblo se encontraba al margen. Compartía pues la vida de su pueblo, pero se retiró muy pronto para dedicarse a sus propias ideas. Esto no les gustó mucho a los otros animales.
 
Un día pues, alrededor del mediodía, después de haber tomado un buen baño en el lago y de haber comido un buen guiso de hierbas y raíces, Drageli se elevó ágilmente en el aire con un grito de alegría. A ella le gusta sentir el aire tibio y los calurosos rayos del planeta de fuego en su plumaje.
 
En los últimos años ha visitado varios países. Estuvo en el país de los gatos, de los perros, y de los elefantes. En el país de los póneys una vez se quedó más tiempo y aprendió su lengua. Era, pues, un águila marina que dominaba la lengua de los póneys.
 
Pero esta vez había planificado un viaje más largo. Quería atravesar todo el océano, quería ver qué había tras de toda esta agua. Se suponía que los magos lo sabían, pero ellos sólo se comunicaban a través de los leones con los animales. Y los leones eran unos animales muy cerrados. Sólo rendían cuentas a los magos y nunca dejaban ver a los animales comunes una emoción o un sentimiento. Ellos lo podrían interpretar como una señal de debilidad y lo podrían aprovechar en el instante.
 
Y, de hecho, Drageli después de unos días en los que descansaba de vez en cuando en unas islas pequeñas, alcanzó tierra firme. Parecía ser un país amable, con un cielo claro y alto. El planeta de fuego parecía estar aquí un poquito más cerca, pero esto no le molestaba. Durante unos días volaba  de aquí para allá y descubrió que era el país de los caballos. Los caballos se parecían mucho a los póneys e incluso hablaban la misma lengua. Así, no tenía problemas para entenderse con los otros animales. Ella, la hembra de la especie de las águilas marinas fue muy bien acogida en el país de los caballos y en todos los lugares fue bienvenida. Sólo tenía que pasar sin rodeos por el ministro león que le entregó un bonito anillo para su tobillo, que le permitía moverse libremente en todos los lugares del país de los caballos.
 
Un día encontró en una de sus aventuras a Taurales. Taurales estaba acostado en la playa observando atentamente al planeta de fuego sumergirse en el mar. Casi inaudible se dejó deslizar a su lado para no asustarlo.
 
No podía entenderlo todo, pero debería tratarse de un poema que él recitó:
 
“¿Adónde te vas bella dama,
si noche tras noche te retiras
de mi mirada?”
 
Y ella respondió susurrando:
 
“Tengo que rodear el planeta
para que mañana el día vuelva
tirándote a tu meta”
 
Desde allí ese momento se hicieron amigos. Charlaron todos los días y también por las noches si el mar ya se había tragado el planeta de fuego.
Taurales no fue el caballo más noble de su país. Realmente no sabía hacer otra cosa que hablar, escuchar y rimar. Algunos días  se encontró del todo bien, entonces corría galopeando por la playa, tan violento que molestaba a los demás con su galope. Otros días podía ocurrir que no era capaz de moverse. Entonces sólo se quedaba acostado, mirando al horizonte, como si esperara de allí la salvación. Normalmente no llamaba la atención, aunque no llevara nada a cabo que tuviera alguna importancia. A veces, sin embargo era sacudido por ataques de rabia muy fuertes; si los demás caballos aparecían preguntándole hipócritamente: “¿Y Taurales?, ¿qué conseguiste hoy?” Él sabía que ellos sabían que no había sido capaz de realizar algo importante, pero para provocarlo tenían que preguntarle, para después indignarse y poder decir: “ ¡Pero, mira! ¡Cómo se porta de nuevo! ¡Es tan grosero!”
 
Con Drageli, sin embargo fue diferente. No esperaba nada de él. Sólo quería hablar, reír y escuchar sus historias.
Pero puesto que se acercó el día en que ella tenía que regresar a su país, decidieron ir juntos. No fue tarea fácil. Ella podía atravesar volando el océano, pero él no. Así que fueron donde el ministro león, del país de los caballos, y pidieron la ayuda de un mago. Así fue que a Taurales le fueron concedido unas alas por un par de días, pero que fuera a perder unas días después de haber llegado al país de los pájaros.
 
Llegado allá, todavía agotado del viaje y no acostumbrado a volar sobre el océano, enseguida fue llamado por el ministro león. Allí tuvo que justificarse, con la ayuda de un pájaro traductor, por qué venía al país de los pájaros, qué quería y por cuánto tiempo quería quedarse.
El león le comunicó que necesitaba aprender la lengua de los pájaros lo antes posible para convertirse en un miembro apto del estado.
Pero Taurales nunca había sido un miembro apto de ningún estado. Era diferente a los demás, y aunque lo sabía, no estaba en su poder cambiarlo.
 
Pasaron los años y Taurales, el caballo, todavía no dominaba la lengua de los pájaros. Todavía era extraño. A veces era rápido, demasiado rápido para los otros, a veces lento, tan lento que los demás se molestaban diciendo que era un perezoso. A Drageli la llenaron de reproches. ¿Por qué diablos había llevado un animal tan inútil?
 
Cada vez tenían que pedir un nuevo anillo para el tobillo al ministro león, para concederle el permiso para quedarse por un cierto tiempo en el país de los pájaros, pues mientras no dominara su lengua no le pasarían uno duradero.
 
Entonces, un día mientras caminaban hacia el lago donde querían tomar un baño y comer y beber algo, vieron desde lejos una reunión numerosa de todo tipo de animales, cuya atención evidentemente fue atraída por alguna cosa. Ellos también querían ver qué estaba ocurriendo allí, pero los otros animales no les dejaron pasar por la presencia de Taurales pues con él no querían tener nada que ver. Por eso Drageli se levantó volando. En el aire por supuesto encontró a otros pájaros y desde allí arriba podían ver al ministro león echado en el suelo. Drageli se quedó perpleja. Siempre había disfrutado de una buena vista, pero lo que vio allí no podía creerlo. Tuvo la sensación como si el poderoso león así sin más se desintegraba ante sus ojos en puro polvo. Desconcertada miró a los otros pájaros a su alrededor:
“¿Qué es esto? ¿Qué ocurre? ¡Tenemos que hacer algo!”.
 
“Pues no”, respondieron los otros, “no se puede hacer nada”. “El mago responsable acaba de quitarle todos los cargos al ministro león, y sin sus cargos un león no puede vivir. Sólo está compuesto de ellos. ¿No lo sabías?”.
 
No, esto no sabía ella, nunca se había ocupado mucho de los otros. Pero pese al horror que tuvo lugar ante sus ojos, de repente nació una esperanza en ella.
 
... Si el ministro león no seguirá existiendo, entonces Taurales y ella no tendrían que responsabilizarse más por su inutilidad...
 
Pero los otros pájaros vieron sus pensamientos y se burlaron sarcásticamente de ella.
 
“Pero el mago nombró a otro ministro león. ¿Todavía no han recibido su citación? Ustedes deben ir a hablar con él en la tarde. Por fin Taurales debe comprobar sus conocimientos de la lengua”.
 
“¡Es cierto!” exclamó un perro de pellejo sedoso de oro, que vivio hace unos años en el país de los pájaros y que mientras tanto había acumulado poder y riquezas, “este inútil debe hacer algo por fin”.
“Exacto” se consternó la gata blanca, que fue conocida por su orden y limpieza y que crió a una multitud de crías de modo excelente. “Así no se puede comportar. ¡Debe aprender  a controlarse!”.
 
Y el águila enferma del corazón que tenía que ser atendida por toda su familia graznó con una voz débil, “Este loco, a lo mejor debe volver por donde vino. Sólo es molestia para todos.”
 
Y los dos Chimpancés, que todo el día retozaron jugando, vociferaron sonriendo. “Sííí... así es... fuera del pueblo con él. Siempre se irrita si nosotros jugamos y cree que queremos molestarle”. “Y eso es lo que pretendemos,” añadió aun en voz baja.
 
“Ahhh”, se entrometió de nuevo el perro de oro, “Ustedes mismos son unos que no valen nada. Todo el día vagabundeando y viven de los gastos de todos”:
 
Con que la gata blanca le cortó la palabra: “¡Y tú eres un fanfarrón rico. Estás sentando en toda tu plata, mientras yo tengo que ver como alimentar a mis crías!”.
 
Y así sucedió que los animales de la reunión se reprocharon mutuamente, mientras el ex ministro león se volvió polvo y Drageli y Taurales se alejaron del grupo sin llamar la atención.
 
Realmente no había cambiado nada para ellos, pero aprendieron una cosa.
 
Taurales no fue rechazado por la sociedad por ser Taurales, sino sólo por el puro hecho que era diferente. Pero ahora supieron también que bajo la superficie tan buena y lisa de la apariencia, casi todos los animales eran diferentes y tenían que encontrar la fuerza para aceptarlo. Sólo así sería posible defenderse contra la masa de los “animales parecidos”.
 
 

 

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Published on e-Stories.org on 01/23/2012.

 

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