Rocío Martín Muñoz

Música






Tenía que ser el boli negro. Llevaba ya un rato buscándolo, pero tenía que ser de ese color. Además con tinta gel, cuanto más oscuro quedase mejor. Al fin y al cabo era algo importante, y para las cosas importantes hay que cuidar los detalles por pequeños que parezcan, así que boli negro y cuartillas de papel blanco, tenía que ser así.

Por fin lo encuentra, se había caído detrás del escritorio, como casi todas las cosas que se le pierden acaban allí, pero siempre es el último sitio en el que mira por si puede evitar agacharse y llenarse de pelusas. Con el boli en la mano, como si de una antorcha se tratase, se encamina hacia la mesa de madera. Ya tiene preparado el papel, varias hojas, por si no le gusta como queda, aunque casi nunca ha releído lo que ha escrito y no cree que lo vaya a hacer ahora. Si al final no le gusta simplemente lo romperá y lo dejará para otro día, al fin y al cabo lo único que tiene ahora es tiempo, todo el tiempo del mundo para perderlo como quiera.

Esta noche hace un poco de frío, una ligera brisa típica al lado del mar en octubre y aunque no hace falta fuego, lo ha encendido, seguramente para dar ambiente y concentrarse mejor, la luz del fuego ayuda a pensar y siempre hay que cuidar los pequeños detalles cuando se trata de cosas importantes.

Antes de sentarse, se queda mirando la casa, su “nueva casa-vieja”, una especie de cabaña de madera que intenta hacerse pasar por un hogar justo al pie del acantilado en esa playa a la que no va casi nadie. Para ella es perfecta, se la alquilo a una viuda mal humorada del pueblo, por mucho más de lo que costaba, pero era la casa perfecta y no le importó pagar más por ella si así evitaba pasar por regateos y alargar la conversación y el contacto con otros seres humanos más tiempo. Lo que quería era estar sola, como siempre le había gustado, pero ahora era más una obligación. Por su puesto, no estaba sola del todo, ya que al final siempre acababa llevando la contraria a sus propias decisiones y los gatos callejeros eran su debilidad…un gato que se pasea cerca de casa y algo de las sobras de la cena y ya tenia un nuevo amigo, mucho más fiel que cualquiera que hubiese podido conocer en sus 30 años de existencia. Claro que hablar de “amigos” era exagerar…la amistad es algo muy bonito en los libros o en las películas, en la vida real dejaba bastante que desear y en su opinión solo suponía más obligaciones.

Por fin deja de divagar y se sienta en la mesa. Duda si poner música antes de empezar…algo de jazz quizá ayudaría al ambiente, pero seguramente acabaría más centrada en la música que en lo que tenía que hacer, así que finalmente lo descarta. Mira a las cuartillas de papel y coge una

Te quiero

Tiene claro que así ha de empezar, lo mismo que ha de acabarla así. Dos palabras tan repetidas por tantos en tantas ocasiones que han dejado de tener mucho sentido, salvo cuando de verdad se siente que hay que decirlas, entonces es que no hay otras palabras y solo valen esas, igual que solo valen la casita vieja y el boli negro.

El principio es fácil, el problema viene ahora, con el punto y a parte. Como seguir…

El boli negro en la boca, un tic que nunca ha dejado a pesar de las muchas riñas de sus profesores, que decían que era malo para los dientes y que quedaba feísimo en una señorita. Feísimo en una señorita…como casi todo lo que hacía, estaba claro que no valía para señorita, porque si no no estaría ahí sentada, sin saber como seguir escribiendo. Una señorita en primer lugar, nunca escribiría lo que ella iba a escribir y en caso de que decidiese hacerlo seguramente lo haría del tirón y sin dudar, con exquisita caligrafía y ortografía (y de más “grafías” excelentes) y siempre con educada y cuidada expresión. Todas cualidades de las que carecía en mayor o menor medida. Una señorita tampoco estaría bebiendo whisky solo y más cuando sólo hacia dos años que lo odiaba, pero a lo mejor imitando a Sabina se inspiraba o se emborrachaba, que para el caso…Además esa noche necesitaba un sabor amargo (y un boli negro) y por supuesto quedaba mejor beber whisky que café, aunque fuese barato (lo mismo que el café).

No se por donde empezar

Bien, por lo menos así no vamos mal, continuar la carta diciendo verdades…es la primera vez que dice dos frases seguidas sin escribir una mentira. Se sonríe con este pensamiento y se dispone a llevarse de nuevo el boli a la boca (ya tiene alguna marquita de sus dientes)

Pues mejor empezar por el principio, ya que por fin me he decidido a escribir, lo mejor será que sea breve y concisa, por una vez en la vida que no estaría de más…

Sí, breve y concisa estaría bien…pero ya veremos dónde queda eso cuando haya llenado dos cuartillas y con esa “letra de pulga”.

Supongo que te has dado cuenta de que me he ido

Evidentemente

Y si sigues siendo la mitad de perspicaz que has sido siempre, imagino que tendrás una idea aproximada de por qué.

Ella sabe que todo el mundo tiene una idea aproximada de por qué hace lo que hace, todo el mundo menos ella, por eso se ha ido y ahora está escribiendo, dando explicaciones a Dios sabe quién. Debería haber encabezado la carta con un: “A quien pueda interesar”, de todas formas no tenía muy claro a quien enviarla. Seguramente el gato la merecería más que muchos otros posibles destinatarios.

Por supuesto, tu idea aproximada de mi repentina huída es completamente equivocada, como todo lo que piensas sobre mí, que es sencillamente lo que yo he querido siempre que pensases.

Sigue con las verdades. Ahora poco a poco va metiendo la directa, tanto por el ritmo de escritura como por la forma de escribir.

El caso es que me he ido y no voy a volver…ni si quiera aunque me encuentres (otra vez) y me llames de nuevo princesa y me mientas como siempre y me digas que “todo va a salir bien”…no se como he podido creerme eso nunca, en el fondo todo el mundo sabe que es la mentira más grande y más bonita que te pueden decir. Será que siento debilidad por todas las cosas bonitas.

Mala señal ahora, empieza a irse por las ramas y al final solo ella entiende lo que quiere decir. Es lo malo de no ponerse seria casi nunca, ni con ella misma ni con nadie, que cuando te pones a hablar primero tiene que aclarar sus ideas y siempre lo hace en voz alta.

De todas formas es normal que me mientas, supongo que eso lo has aprendido de mi. Sabes que se me ha dado siempre muy bien y que además todo se pega

Menos la hermosura, como decía su abuela.

En resumen

Sus resúmenes siempre fueron novelas, esperemos que esta vez cumpla su promesa de no mentir.

Si algún día vuelvo, mis ojos son lo último que verás y por desgracia, no quiero que eso ocurra.

Al fin llegamos al quid de la cuestión

Tú no lo sabes, pero te vi con ella

Que historia tan típica al fin y al cabo, el desengaño amoroso, qué recurrido. Tantas cartas firmadas con su nombre…de despedida, de divorcio, de suicidio…de perdón incluso a veces. Este no es el caso por su puesto. Seguramente no es de ninguno de esos tipos, porque claro, ella siempre ha sido especial, cómo no, todo el mundo cuando se sienta a pensarlo es especial.

Te he mentido siempre, sobre todo lo que he hecho, sobre todo lo que pienso. Te he mentido cuando te he dicho que te quiero muchas veces, porque muchas veces no te quería. Y sé que en general y a pesar de todo, tú me has querido mucho más de lo que te he querido yo a ti. Pero la gran verdad de todo esto es que yo te he querido todo lo que podía querer, y lo cierto es que ni pensé que pudiera quererte a ti ni a nadie, al menos no en plan película, como me gusta a mi llamarlo ya sabes.

Se para a pensar si lo que ha escrito es cierto. Le pasa muchas veces, que ya no sabe distinguir de cuándo miente, ni si se está mintiendo a sí misma o a quién. Espera unos segundos (con el boli negro en la boca) y llega a la conclusión de que esta vez está siendo sincera, principalmente consigo misma. En el fondo la carta es más para ella que para nadie.

Pero una vez me preguntaste ( no se si previniéndote por si pasaba alguna vez, aunque lo dudo, porque la retorcida he sido siempre yo. Pero ya sabes: piensa mal…)

De nuevo pierde el hilo, ya mete paréntesis y puntos suspensivos, mala señal. Al final se acabará convirtiendo en otro puñado de cenizas en la hoguera que en ningún momento ha hecho falta encender. Se irá a la cama y lo dejará para otro día. Lo mejor sería ir a comprar otro boli negro, porque ese está ya a la mitad y sería ridículo que se le gastase antes de acabar.

Como te decía, una vez me preguntaste qué pasaría si alguna vez me fueses infiel. En una de esas conversaciones de madrugada, con alguna copa de más por parte de ambos, cuando nos sentábamos en cualquier sitio a hablar de cualquier cosa. Siempre hablábamos de cosas extrañas

Normalmente era ella la que sacaba los temas extraños, pero eso no lo dice en la carta, no quedaría bien.

Supongo que recuerdas cual fue mi respuesta

Si de verdad pensase que el lo recuerda, no estaría escribiendo nada para recordárselo, pero eso tampoco quedaría bien ponerlo. La carta también tiene que tener algo de estética, el justo drama y la justa caligrafía, que de eso nunca ha ido sobrada.

Te dije para tu sorpresa que te asesinaría

Ahí la carta pierde la estética y el drama y lo demás. Ya hemos pasado la introducción, estamos metidos y enredados por completo en el nudo y no queda mucho para el desenlace, si es que hay alguno.

No sabías muy bien si reírte o asustarte

No a todo el mundo le dicen eso todos los días

Obtaste por reírte primero y ponerte serio después, como haces siempre. Entonces me preguntaste por qué haría eso y si realmente sería capaz.

La respuesta es evidente y seguro que lo fue en ese momento para ambos. Una de las pocas verdades que no hace falta adornar antes de decir.

Lo haría, porque sé que sería lo primero y único que querría hacer y porque es lo primero y lo único que se me ha pasado por la cabeza cuando me has preguntado. Y sería capaz de hacerlo, simplemente porque sé que lo sería.

Ahí si que fue breve y concisa. Para todo hay una vez en esta vida.

Entonces me miraste, me besaste y cambiaste de tema tras un silencio incómodo. Lo mismo de siempre.

Y ahora querida lo que deberías explicar es qué haces escribiendo algo distinto de una confesión a la policía. Pero eso ella no tiene que pensarlo, eso ya lo sabe. Ha empezado la carta explicándolo. Esas dos palabras sin romanticismo alguno lo explican todo

Te quiero

Se repite, pero es que ya no queda otra cosa. Además al repetirlo ya no suena tan mal.
Nunca ha sido una mujer de palabra, para con nadie, excepto para consigo misma. No suele prometerse nada, por miedo a no cumplirlo y por eso cuando lo hace no le queda más remedio que hacerlo, porque si no… si no no le quedaría nada más que un boli negro, una hoguera y un gato vagabundo al que ahora ha perdido de vista. Por eso nunca ha dejado de fumar (eso tampoco es de señoritas, como casi todo lo que consista en meterse algo en la boca, como morder el boli)

Si no te he matado es porque te quiero. Sería perfectamente capaz de matarte y de hecho lo haría si te volviese a ver. Por eso me he ido. Por eso y porque por supuesto no puedo seguir siendo quien era, porque me he engañado.

El problema siempre ha sido ese. No el desengaño amoroso, eso no, eso siempre es de esperar. En el fondo nunca ha confiado en nadie y él no es una excepción, el problema es ella, que no ha sabido mantenerse en su palabra.

No intentes buscarme, aunque no creo que lo vayas a hacer, pero por si acaso, no lo hagas. No te preocupes por si me suicido o no, eso es cosa mía como lo ha sido siempre y ya sabes que nunca me lo he planteado en serio. Si lo hago será una mera cuestión de comodidad, soy vaga para todo, incluso para volver a empezar una nueva vida. Ya he pensado un nuevo nombre, para mi nuevo personaje a interpretar, así que eso no es mala señal. Puedes quedarte tranquilo o siéntete culpable si quieres, eso es problema tuyo. No creo que seas tú el que se suicide ahora, sería bastante irónico.

Piensa en la ironía como otra fiel compañera, más incluso que el gato, así que ese final no se le antoja tan descabellado.

Bueno, todo eso queda en tu mano. Te recomiendo que lo mejor es que lo olvides todo. Ya sabes que a mí eso de olvidar me resulta fácil (mucho más que lo de perdonar) así que espero que eso también se te haya pegado.

Es hora de acabar y pensar en el final es casi más complicado que empezar. Tiene que resumir una vida y ya le queda poca tinta al boli, así que se complica la misión.

No se me ocurre otra forma de terminar

Eso es mentira claro, se le ocurren infinitas, pero esa no está mal del todo.

He de reconocerte el mérito de haberme vuelto una romántica. Por supuesto no te lo agradezco, eso no ha hecho más que causarme problemas, pero mérito tiene. Te agradezco que me hayas querido, pero ahí no te doy mérito alguno, porque está claro que no has estado a la altura, al menos no a la mía, que puede que sea demasiado alto pero eso ya lo sabías desde el principio.


Esto ya es el desenlace puro y duro, pero solo de la carta claro. Lo demás ya no lo sabrá nadie, la vuelta al anonimato nunca ha sido tan dulce o eso piensa ella. La amargura de la noche se acaba a la vez que la copa de wihsky y se oye maullar a lo lejos al gato (debería ponerle nombre si al final no decide suicidarse), parece que considera que su tiempo de intimidad se ha acabado y es hora de cenar algo de leche.

Me despido sin más, empezando a olvidarte, obligada por tu culpa y algo más por la mía. Solo me queda volver a escribirte mi frase favorita, en su día no la entendiste, espero que ahora te sirva, Gala en un libro suyo decía que debía estar escrita para dejar de llorar, a mí a veces me sirve y eso que no recuerdo quién la dijo. Así que quédate solo de mí con que “el otoño también tiene su música”.

Acerca el boli a la cuartilla para escribir algo más, pero no lo hace. No es necesario. Piensa en música, en música y otoños y primaveras. Ahora sí que puede poner jazz o cualquier otra cosa y echarse otra copa. Lo primero es un cigarro, se lo merece. Se levanta y coge el paquete de la repisa de la chimenea. Lo enciende y lo saborea. Se acerca a la radio, pero antes recuerda que el final de la carta ha de ser como el principio, si no sería perder demasiada estética.

Te quiero.

El punto y final queda más grueso de lo que debería porque se recrea al ponerlo y aprieta demasiado. Le sabe a libertad. Por primera vez en su vida seguramente. Ha sido una cobarde, por primera vez en su vida y por primera vez en su vida se siente…feliz? Quizás…Lo cierto es que ahora todas las preguntas que le plantea la vida se pueden responder solo como en la canción “quizás, quizás, quizás…”. Lo mejor será escuchar esa, el jazz es para otra noche, si es que no decide saltar desde el acantilado. Aún no lo sabe pero no le importa. La carta queda ahí, lista para ser enviada o quemada, pero al menos ya se ha quitado su última obligación de encima. Esta noche solo queda fumar, beber y la música.

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Rocío Martín Muñoz.
Published on e-Stories.org on 09/26/2011.

 

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