Pablo Alvarez

El otro


Toc toc toc
Y me despierto. Pero no de golpe, solo me asomo un poco mas a la vigilia. Entonces se mezclan los recuerdos de los sueños, siempre borrosos y confusos y el toc toc toc. Y no se si de verdad ha sonado o ha sido una nuez en el bosque de remolachas por el que estaba paseando con mis siete pies... Pero no, que tontería. No hay bosque de remolachas (ni siete pies). Aprieto los ojos, para despegarlos. Luego se abren, casi crujiendo. Cojo el móvil para mirar la hora: son las 4:32 de la mañana. Bien, pienso, aun puedo dormir unas horas. Echo un trago de la botella de agua y me vuelvo a acostar.
Beep beep y una cancioncilla de chopin en el despertador... Un nocturno, creo intuir en los recuerdos todavía legañosos de mi cerebro. Me incorporo y sacudo la cabeza, quedándome un rato así, a oscuras en la habitación. No recuerdo mis sueños, como casi siempre. Siento el silencio alrededor de mi (me había olvidado de contar el manotazo en la cara electrónica de Chopin, que acabo con su nocturno) solo un murmullo sordo e intermitente de coches, detrás de la persiana. Carraspeo, suelto el aire viejo y bostezo. Abro las sabanas y me sumerjo en el frío de fuera, giro y me siento en la cama. Pongo mis pies en el sue...
TAC
Y luego el sonido de mis propios pies, un instante después.
Me despierto de todo, noto un golpe fuerte dentro del pecho, un latido bien cargado. Estaba seguro de ese ruido al otro lado de la pared, pero bueno, al otro lado de la pared no hay nada. (Me imagino mi casa, 5 plantas, y mi pared da a un callejón sucio).
En fin, seria un pájaro. Al menos me ha ayudado a despertar. Pero no sirve de nada engañarse: me ha entrado un miedo absurdo; absurdo por lo ilógico. Enciendo la luz rápido, para frenar los monstruos que ya veo con toda claridad en las tinieblas delante de mis ojos. Una cara oscura con cuernos y pelo encrespado, a centímetros escasos de la mía. Mirándome con ojos sin parpados y en silencio total. Sin que yo la sienta, pero ahí. Enciendo la luz, mientras me imagino horriblemente descuartizado... pero no hay nada. Obviamente. Me levanto, me pongo una bata y abro la persiana: fuera está recién amanecido. Veo mi orquídea en el alfeizar, esta algo mustia. Tengo que regarla...
Baño, ducha, desayuno, ropa... me acuerdo de la orquídea
Lleno un bote con agua, le echo un par de gotas de fertilizante (mal sera que no le ayuden, a la pobre orquídea) y abro la puerta de la terraza, enfilando directamente con el bote a la orquídea (azul, tres flores, reposando en una cornisa con barandilla que da a la calle grande). Cuando por el rabillo del ojo veo un manchón negro. Lo miro y es un pájaro. Un pájaro muerto, como si lo hubiera devorado un animal; se ve un ala un metro mas allá, muchas plumas con restos de sangre y carne manchan el suelo (de baldosa blanca, las paredes están pintadas). Me sobresalto y se me cae el bote con el agua fertilizante, que empieza a mezclarse con las plumas y los restos de sangre, diluyendo esta y manchando las baldosas de un rojo pálido. Miro a la orquídea, sin procesar aun la información, y me parece muy triste recortada contra e fondo de nubes grises e hinchadas de lluvia y contaminación. Me sacudo el susto de encima y me voy a por una fregona y una bolsa y una escoba.

 
- Vaya cosa- me digo a mi mismo- Vaya cosa rara... sera el gato del vecino. ¿sí, pero como habrá saltado? (Entre su terraza y la mía tenemos una rejilla de plástico reforzado de metal) Es imposible que sea el gato... ¿Un halcón tal vez? Pero un halcón en el centro de la ciudad... aunque que va a ser si no. Una gaviota (había leído que esas ratas de agua seguían el curso de los ríos hasta llegar a las ciudades interiores). Bueno, o el gato, a fin de cuentas se supone que son muy ágiles... igual ha saltado hasta mi terraza y luego ha vuelto. Tengo que timbrarle al vecino a ver. sí, a la vuelta iré...

 
En esto, ya había recogido todo y metido el plumoso cadáver en una bolsa de plástico. Y la bolsa de plástico en otra de basura que aproveché para bajar. Salí de la puerta y caminé unos pasos y ... raaac raaac. Arañazos en plástico. Miro al suelo y veo seis o siete colas de seis o siete gatos como un filete ruso: entremezclados, sucios y pegajosos. Arañan (y rompen) la bolsa de plástico, cayendo la basura y la otra bolsa, la que tenia el pájaro (sus restos). Dos se afanan en comer la basura, y el resto huele la otra bolsa, que ha caído un poco mas allá. Al final se rompe y el pájaro sale vomitado: Una masa sanguinolenta de plumas y huesos. Los gatos empiezan a caminar en círculos alrededor, hasta que uno lo muerde. Al segundo mordisco, cae de lado y empieza a convulsionarse y a echar espuma por la boca; los otros gato escapan (a uno lo atropella un coche a mi lado, dejando medio cuerpo aplastado en el asfalto). El gato que mordió al pájaro para de convulsionarse y vomita algo. Luego se marcha llorando y arrastrándose. Hace un rato ya que se acercaba la dueña del bar frente al que estábamos con un caldero de agua, que echa en la acera en cuando el gato se ha ido. Basura, plumas, huesos, y demás desaparecen al momento: Queda solo una cosa negra, curvada y afilada de unos tres centímetros. Me acerco y veo que es un diente.
Y me acuerdo del TOC TOC TOC de ayer a la noche.
Trabajo, cerveza, novia, gimnasio... casa
Estoy cansado, ceno pronto y veo una película (hoy estoy cinéfilo y veo una de Murnau: Nosferatu). Comparto mi piso con mas gente, y no me apetece ver a nadie, así que me pongo a verla en mi ordenador, en mi habitación.
Solo.
Me tumbo en la cama y dejo el ordenador sobre una silla. Mi cama, luego la silla con el ordenador y detrás mi ventana que da a la terraza. Allí pasa la noche mi orquídea. A la izquierda de la silla una mesa y al lado una estantería con libros y tonterías variadas. Avanza la película: el protagonista va al castillo del vampiro, luego este se monta en un barco y le sigue. Todo es oscuro y los personajes están...vivos. El vampiro esta saliendo de un ....
TOC TOC TOC
Lo he escuchado. A mi lado, en la pared. Se me pasa por la cabeza la imagen de vampiros y murciélagos chocando contra el muro. Absurdo. Absurdo. Ahora empiezo a pensar que será un nido y al entrar los pájaros golpearán la pared y de ahí el toc toc toc. sí, sí, eso sera.
Me inclino hacia mi derecha (la pared) y pego mi oído al muro. De la punta de la oreja al lóbulo, despacio, noto la frialdad, el tacto áspero de la pintura. Y pienso en mi mismo y me avergüenzo de mi estupidez: cabeza pegada a un muro que da a la calle en un 5º piso, pensando descubrir... ¿Que? ¿Un vampiro? ¿Un duende? ¿Al mismísimo Nosferatu que aun veo oscuro y viejo por el rabillo del ojo haciendo de las suyas en el ordenador?
TOC
Ahora lo he oído, y no hay duda.
Todo lo que puedo llamar mi yo se pone alerta. Siento el corazón bombeando fuerte en el pecho, y siento mi respiración agitarse. Ahí esta el TOC. Ha sonado como algo duro contra el cemento. Pero no ha sonado como si viniera de la calle... ha sonado como en una habitación, ha RESONADO. sí, esa es la palabra: ha resonado como un golpe en un espacio pequeño. Me pego aun mas y contengo la respiración: cierro los ojos. Nada.
Me avergüenzo de mi mismo al minuto de estar escuchando, me despego de la pared y vuelvo a tumbarme en mi cama, rebobino un poco la película y vuelvo al vampiro. Ahora ha llegado a la ciudad y esta sembrando el terror. Los actores escapan con la cara arrebolada y uno puede imaginarse al director apurándolos para que expresen todo, para que saquen sus miedos infantiles, de terrores sin causa y lo enseñen al mundo; para que le roben a ese mundo su seguridad en la “verdad” de las cosas normales. Para que veamos que los vampiros no solo pueden existir: deben existir.
Pero al mismo tiempo, veo la película solo con la mitad de mi atención, el resto está al otro lado de la pared. Ya no puedo parar a mi travieso cerebrito imaginando un demonio: pequeño, oscuro y sucio. Cabeza afilada, orejas de punta. Patas con pezuñas afiladas rematadas en uñas. Y sobre todo los ojos: oscuros... negros y sin parpados; rasgados como los de un gato salvaje. Y la lengua, la lengua que veía arrastrarse por la pared, larga y viscosa y negra y afilada. Y ahora casi la oía rasgar la capa de pintura: rssssssss. Como si lo disfrutase, como si me pudiese ver por un agujero, verme sudar y temblar y pensar en él y robarme el descanso y la cordura. Rssssss. Solo una lengua gigante, que lamía al vampiro que veía en el ordenador, que dejaba al Nosferatu a la altura de un aficionado. Rsssss y mas rssss.
Volví a agazaparme al lado de la pared, incapaz de seguir la película. Cerré los ojos con fuerza, hasta ver estrellitas, hasta que me dolían y se humedecieron con lagrimas forzadas por la presión. Y escuché: escuché hasta escuchar las estrellas que veía en los ojos, hasta que cada crujido del viejo edificio era parte de mi. Y ademas de cerrar los ojos y escuchar, lo sentía; lo sentía a el. Lo sentía o lo veía o lo olía y saboreaba. Estaba ahí, yo lo sabia. Y él sabia que yo sabia que estaba ahí. Y yo sentía (incluso diría que veía) mi propia figura en la pared, con la oreja absolutamente fundida en el muro, escuchando, acallando mi propio soplido, mis latidos apresurados.
Lo sabía: el estaba allí, del otro lado de la habitación imposible, en la misma posición; los dos igual, escuchando al otro, al extraño. Yo asustado y el impaciente. Cabeza contra cabeza, y con el pensamiento chocando con el del otro. Él deslizaba su lengua poco a poco, sin hacer ruido, sobre la pared. Saboreando mi carne abierta, mi vida, todo lo que puedo llamar mio. Las dos cabezas separadas por escasos diez centímetros de ladrillo viejo, revocado con un par de capas de pintura. ÉL y YO siguiendo una coreografía siniestra, un baile funesto de imitación. Como un espejo.
Sentí una especie de escalofrío ante mi propia estupidez, ante mi autosugestión, que me llevaba a desdoblarme y verme como en una película, con una especie de... ¿Duende negro? Del otro lado de un muro.
Un muro detrás del que yo SABIA, no hay nada... salvo una caída de 30 metros.
Yo lo sabia...
Salté de mi cama, y me encontré de pie en el suelo, con la sensación de estar volviéndome loco, o de estar poseído por la estupidez. Pero no me podía concentrar en otra cosa que en mi reflejo siniestro del otro lado. Y estaban los ruidos... No podía ser, pero bueno... Decidí coger el bote de regar la orquídea para esgrimir una excusa ante mis compañeros de piso. Lo llené, y salí a la terraza. La orquídea estaba allí, azul y mustia en la noche negra. La regué un poco, mirando de reojo los restos de manchas del pájaro de esta mañana. Posé el bote al lado de la planta, en el bordillo. Y vi mi propia ventana, con el ordenador de espaldas y la pared conflictiva. Y como tantas veces mi imaginación fue mas fuerte que mi vista: hice la pared transparente y lo vi a el, negro y dentudo, con la lengua larga y húmeda, en un cuartucho pequeño y estrecho, me miraba en la oscuridad. Me miraba a mí ahora, fijo y como diciendo algo... malo.
Agité la cabeza para alejarlo, y di medio paso atrás. Note la barandilla contra mi espalda, y la orquídea cayendo. La cogí cuando estaba más fuera que dentro y la volví a poner en la barandilla; mi brazo temblaba.
De pronto me di cuenta de lo absurdo de la situación: un gato mata a un pájaro, lo veo y oigo algunos ruidos (sepa dios cuales...) y aquí estoy, de noche, en una terraza y asustado de una pared transparente con una criatura diabólica que me vigila! JAJAJA
Me carcajeo, pero al momento me doy cuenta de que es una risa histérica Y de que no dormiré a menos que compruebe... sí, que compruebe que mi muro, es un muro al vacío, y no hay espacio para otra habitación Solté la orquídea y me acerque a mi ventana. Miré dentro otra vez, poniendo los ojos en el hueco que formaba con las manos. Solo se veía la sombra proyectada por la película. Me gire a mi izquierda y di un paso hacia el borde (la ventana y el borde del muro están a algo mas de un metro). Llegue lo mas allá que pude y me asome a ver el muro. Yo pensaba que saldría en angulo recto con la terraza, pero no; el muro se iba cerrando un poco, como convergiendo con la pared de mi habitación Pero no debería converger, debería SER la pared de mi habitación Porque según lo que podía ver (que no se podía ver todo desde la terraza sin asomarse más...) el muro y mi pared se encontraban al final de mi habitación A la altura de la terraza los separaba como un metro, o medio. Yo estaba cada vez mas inquieto, y me puse a pensar con intensidad: la terraza, mi pared y el muro exterior en angulo agudo... en mi cabeza se proyectaron sobre el plano, y si mi habitación y la terraza forman un angulo recto... y el muro exterior uno cerrado.... eso significa...
Que hay una habitación triangular, entre mi pared y el muro. Pequeña, muy pequeña. Pero tiene que haberla.
Sentí el sudor correr por mi espalda, y me abalancé sobre mi ventana para ver mi pared. La recorrí con la vista de principio a fin. Ahora me parece que hacía algo de angulo. Retrocedí un paso, hasta volver a notar la barandilla con mis riñones y vi el trozo de muro sobrante. No podía ser. Me decidí a ver el final del muro por fuera: me encaminé a la esquina de la terraza, caminando pegado a la pared y ahora seguro de oír los rugidos y siseos del pequeño cuarto pegado al mio. Llegue al final y me asomé todo lo que pude... que no era suficiente. Me impulse un poco y note mis pies colgando a diez centímetros del suelo. Pero vi el final del muro, allá al fondo. y... y entonces lo vi. Moviéndose en mi terraza, al lado de mi ventana abierta. Algo negro y rápido, que se ponía a mi espalda. El tiempo me pareció detenerse mientras me giraba para encararlo, para enfrentarme a los ojos negros y la lengua áspera. Al miedo, al horror que me esperaba. Me gire y por un momento me sentí en equilibrio con medio cuerpo sobre la barandilla. Y ahí estaba...
Vi el suelo acercase. Cada vez mas cerca. Cada vez mas...
Después del golpe, la muerte
Desperté, como cuando uno se asusta en un sueño, y tenía una forma... digamos que clásicamente se me llamaría fantasma. Pero no deambulaba asustando a los vivos, no conocía nuevos sitios y volaba. Solo reviví mis lugares frecuentes, los sitios donde solía pasear, la universidad, la casa de mi novia... mi propia casa (la de mis padres)... colegios, vacaciones, todo. Pero solo una vez, solo una. Sin poder mirar atrás, me di cuenta de que me apagaba poco a poco, de que me moría, pero no de golpe como siempre había creído que sería. Iba perdiendo “realidad”, los colores se iban apagando, las voces sonaban tenues... y perdía mi voluntad, mi interés. Y cada vez me podía mover menos y veía menos. Ya solo los lugares en los que pasé mucho tiempo, los que estaban empapados de recuerdos.
Y al final, mi casa de ahora, lo último que podía recordar. Todo el resto, todo lo que una vez fui se había perdido en la niebla, se había ido fundiendo con la tierra que cubría mi cuerpo en el cementerio, o se lo comerían los gusanos. Solo quedaba esta pequeña parcela de realidad, y me disponía a subir las escaleras , porque detrás de mi veía la nada acercarse: ya había devorado la acera de enfrente, con la panadería donde solía comprar el desayun...
Subo por la escalera y veo, como a través de una pecera de agua turbia, a mi compañero de piso hablando con el vecino. Los oigo lejanos, como en una radio mal sintonizada. Los oigo hablar de una desgracia, de algo que pasó hace unos días:
- sí, se cayo... muerto al instante... resbalaría ... suicido-no-creo
Y el vecino, replicaba:
- Pena, sí, una pena... por cierto, mi gato... alambre roto... en su terraza... pájaros que cazaba... nido en el muro...
- sí, lo se... arreglar la alambrada... sí, sí... adiós
Y cada uno entro a su casa. Yo entre detrás de mi compañero, a la mía, mire detrás, a la nada que me lamia los talones y me encamine a mi habitación Allí: Fotos de mi, de mis padres, libros, mi ordenador...
La cama y la pared. Y el ultimo recuerdo, el ultimo antes de consumirme, fue para el vecino de lengua negra. Y me encaminé a la pared, viendo rodearme la niebla, viendo que solo quedaba eso de mí: la ultima pared de mi habitación, con las otras tres devoradas ya. El mundo era la pared y la pared era el mundo. Me lancé a ella, a atravesarla en mi último impulso, ya casi sin ver ni oír nada. Me lance a ver la habitación de la criatura. Me lance y la atravesé, y...

 
Cinco pisos de caída

 
Sin ruido. Sin sangre. Solo... nada.

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Pablo Alvarez.
Published on e-Stories.org on 02/28/2011.

 

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