Xelo Bernabéu Gutiérrez

El Abismo de los Deseos

Andaba el sabio, que no lo era tanto, meditando sus pensamientos
por un sendero cercano a una inmensa montaña; era un precioso paraje
invadido de naturaleza pura y exuberante, miles de especies vegetales
y animales proliferaban a sus anchas por todo el espacio disponible,
conviviendo en perfecta armonia, demostrando a su vez a los humanos
la supremacía de la inteligencia natural.
Tanto
andó el sabio, tan absorto en su sabiduria construida, que no reparó
en la longitud extrema de su paseo dándose al fin cuenta de ello
cuando la incipiente oscuridad le envolvió.
"Qué imprudencia la mía" - pensó - " Si soy
sabio porque lo soy... ¿cómo no estuve alerta ante la llegada de la
noche?"... "Dí por sentado que jamás podría ocurrirme
algo tan...tan... ¿estúpido por mi parte?..."
Hallábase el asustado sabio en mitad de la altura de la montaña,
rodeado de oscuridad apenas violada por la luz de la luna en su fase
casi llena, escuchando sonidos desconocidos que parecían, en su
temor, susurros y lamentos de otro mundo, maldijo mil veces su suerte
en ese momento y deseando que nada de aquello estuviera sucediendo...
¡qué horror sentirse tan solo e indefenso! ¿qué debia hacer? su
capacidad visual parecia abandonarle, cuanto más se esforzaba en
percibir donde pisaba más oscuro aparecía todo. Se detuvo un
instante procurando acallar el pálpito de su corazón -" Párate
insensato, párate un momento e intenta adivinar la manera de no
perecer. Esa és, al fin y al cabo, la esencia descuidada de todo ser
humano y no humano, sobrevivir. " - se decía a si mismo
sintiendo como un repentino destello de primitivo instinto le
ascendia hacia la garganta desde los más profundo de su ser .
Cambió su miedo por audacia, su incertidumbre por prudencia, su
ansia de no estar allí por el deseo de volver a casa... volver a
casa... ese fue su deseo.
El viento pareció responder al grito de su alma barriendo tan
fuerte la frondosidad de aquel lugar, que por un instante toda la
vida perenne que habitaba en la montaña se pegó literalmente al
suelo dejando entrever, a unos metros de distancia, lo que nadie
acertaría jamás a describir. Un inmenso abismo, más que la misma
montaña que lo acogía, se abria ante sus desencajados ojos. Aquello
no era nada explicable; de todo su infinito perímetro manaban
cascadas de aguas bravas, teñidas de miles de colores, brillantes y
luminosos; comenzaron a escucharse cánticos al tiempo que el viento,
habiendo cumplido su cometido, se retiraba con la dulzura de una
madre que sabe que su hijo queda a buen recaudo. Ascendían, hacia el
cielo, brumas cálidas que dibujaban siluetas grandiosas semejantes a
seres majestuosos no conocidos en este planeta.
Lágrimas de emoción recorrieron el rostro de nuestro sabio, no
habia lugar para la incredulidad, el análisis o la conclusión.
Sencillamente, no habia lugar.
Se acercó, sin miedo, hacia aquella increible visión. Se acercó
con el más puro amor en su corazón ante tanta belleza, ser testigo
de aquello era mucho más de lo que podria haber esperado, no habia
sabiduria suficiente ni en mil como él para entender como, de qué
manera y porqué era posible tal magnificencia. El abismo le
inquirió: " Mi buen sabio, ¿qué te trae hasta mí? Tan solo
aparezco ante los que me llaman con el corazón..." El sabio
quedo quieto sin entender " ¿Te he llamado? ¿Dime cómo? En mi
ignorancia desconozco cual ha sido la magia que he consumado..."
El abismo sonrió, " En tu ignorancia... " -repitió - "Tu
ignorancia es tu sabiduria y tu sabiduria tu ignorancia... És tu
corazón quien me ha llevado hasta tí, no has venido tú a mi... Soy
el abismo de los deseos, observa cuan enorme es la cabida, jamás se
llenará porque siempre habrá corazones con deseos sinceros y
hermosos, justos y merecidos. Ya daré yo buena cuenta de que eso
ocurra, porque ellos son la fuente de mi existencia. Pondré más
montañas bajo los pies de los hombres, más distancia entre los que
se aman, más inteligencia en los capacitados, más pasión en los
que crean... y si su deseo es sincero, allí me tendrán"
"Regresa a casa mi buen sabio, y sigue deseando siempre con
todo tu corazón, con la pureza de tu alma, mirando al mundo con el
amor con el que me has mirado a mí..."
 
El hombre llamado sabio se vió frente a su hogar, sano y salvo,
sin más... y un enorme deseo de amar todo cuanto conocía le inundó
el corazón.


 

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Published on e-Stories.org on 03/16/2010.

 

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