Alberto Acerete

Despierta

Si me observas bien vers que yo tampoco siento el cielo.
Si me miras simplemente como lo que soy podrs ver en m bsicamente la
distancia que nos separa. Si contemplas por ti mismo la esencia dulce de lo que
eres t, vers que prcticamente nada es lo que nos aleja del punto de
referencia que no se sita ni en ti ni en mi.

Soy pequeo, y
mi tiempo ha sido corto. He vivido la tristeza que he podido, he sentido el
miedo que muchos otros, con el bello blanco y la voz sutilmente quebrada jams
llegarn a vislumbrar. Ya no tengo fuerza, y no van a poder ocultarme que me
marcho. Lo veo absurdo, pues cuando uno tiene que partir suele ser el primero
en saberlo, y mi ocasin no ser, mal que me pese a m deber aceptarlo, la
excepcin que confirme regla alguna.

El momento que
mi viaje tuvo ganas de emprender por s mismo el camino arremeti contra mis
huesos, contra mi alma y todo cuanto poco a poco he ido desplegando a mi
alrededor y no he tenido fuerza; he sucumbido a mi temor.

Me observa mi
reflejo cuando le deslumbro cada maana con mis ojos, o eso me dice cada noche
mi mam, cuando abatido por los licores que empean mi tiempo para costear el
viaje, me da un beso en la frente y tararea la misma leyenda que la noche
anterior. El reflejo de la luz siguiente me insiste en que no entiende por qu
me tengo que ir, y  yo, aferrado al oso
descosido, que me abriga desde que tuviste que partir a un lugar cercano al
sitio dnde ahora yo voy a ir, discuto con mis lgrimas mientras pienso en qu
har mam cuando Niso (mi oso descosido y marrn) se quede sin m.

Mrame primero
y luego intenta ver que hay en ti. S que ests sufriendo, y mam me dice que
duermes, pero que no te duelen los huesos, ni el alma, que puede ser, incluso,
que flotes en el silencio, en lo ingrvido o en el miedo que entra cuando voy a
verte yo; en tantas cosas que no entiendo lo que son. Por eso, si algn da te
veo, intento hablarte de cosas nuevas, para que te gusten e intentes
despertarte, y no te recuerdo el coche que te oblig a dormir tanto. Por eso te
escribo, pap, porque yo s que me marcho y que t an puedes quedarte cuidando
a mi osito y dndole besos a mam. Le voy a decir en cuanto vuelva de estar
contigo que te ensee esta carta, que te diga que la tiene y que pone algo muy
importante, que no te cuente que me he marchado y que te lea nada de lo que
pone aqu, porque as t te despiertas y no dejas que se quede sola.

Me marcho ya,
y mam no viene. Voy a escribirle que te la d, en un papel aparte, y le voy a
dibujar muchos besos y le voy a hacer el dibujo ese que todo quin lo ve dice
que es tan bonito. Le voy a escribir los besos esos que me ha dicho que le de a
Dios, por si lo veo, aunque ella dice que no me haga mucha ilusin, que puede
ser que no exista y no lo llegue a ver. Yo pienso que s existe de verdad, y
que me va a preparar unos espaguetis en cuanto me vea, porque la maestra de
religin me dijo que estaba en todas partes y que lo sabra todo de mi.

Me voy, pap,
y ya estoy seguro que no somos tan distintos.

No dejes sola
a mam. Y cuidar de mi oso.

Si algn da
tenis otro nio, le podris hablar de m? Decirle que yo estar en el cielo,
y desde all seguro que os cuido. Despierta pap, que no le voy a dejar a Dios
que os haga sufrir. Slo le dejar que me recordis en un buen momento,
rindome, as nunca lloraris porque me haya tenido que ir.

Despierta
pap, que yo me marcho, y vive la vida que yo no voy a poder vivir.
 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Alberto Acerete.
Published on e-Stories.org on 06/02/2005.

 

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