Maria Teresa Aláez García

Indescriptible

INDESCRIPTIBLE.

¿Han escuchado ustedes esa música de fondo que se coloca en las películas, cuando hay momentos de tensión?

Añade al argumento de la película o de la obra el elemento del suspense, del miedo.

Hace de una situación normal o cotidiana una situación equivoca o aparentemente errónea que no cuadra con nuestra visión diaria de las cosas.

Pongamos un cuadro cotidiano. Una mujer plancha la ropa. Sus hijos juegan, cerca de ella. Ella esta en la galería o en la cocina y sus hijos en otro lado de la galería o en el jardín.

 

Si colocamos una ambientación musical como – para que nos entendamos – la introducción a “Se ha escrito un crimen” que es alegre y desenvuelta, el cuadro nos hablara de una persona feliz que se encara con las mañanas alegremente y de unos hijos sonrientes, bajo un cielo soleado, en una mañana no demasiado calurosa. Además la tarea se realiza con gusto y nuestra mente, que tiende a engañarse y a encuadrar las cosas, intenta ajustar el movimiento de la mano al planchar al ritmo de la música.

 

Cambiemos la ambientación.  Probemos algunas piezas de Beethoven.

La mujer continua planchando y los niños jugando. Unas veces se pelean, otras se ríen y otras se mantienen callados y entretenidos. La mujer plancha a un ritmo normal. El brillo en la escena – la iluminación – es normal, ni muy deslumbrante ni poca, como sobre las once o doce de la mañana.

Apliquemos el “Claro de luna” de Beethoven.

Cambiara el aspecto del rostro de la mujer. Se sentirá incluso agobiada y cansada. El ritmo del planchado bajara y hasta la luz ambiental. Parecerá que se encuentra en otoño y los niños, si en ese momento callan, compartirán la tristeza del adulto. La veremos planchar con desgana, incluso aumentaremos la historia y la veremos sentarse a descansar  y a pensar en sus cosas. Nosotros aumentaremos el cuadro a un matrimonio en crisis y a desesperanza.

Nada de esto es real. La mujer sigue planchando. (Menuda  mañana de plancha le espera).

De repente suena la novena de Beethoven. Y la vemos correr. Vaya, tiene prisa por marcharse o el marido llegara a su casa  y la encontrara con todo sin hacer. O se ha de ir a comprar y no tiene tiempo y ha de dejar a los niños. Y corre, corre con la plancha. Su rostro esta tranquilo pero serio y a lo mejor algo angustiado.  La vemos posteriormente, coger la chaqueta y el bolso, meter a los niños en el coche y salir pitando.

Pero cambia la ambientación y pasamos a la quinta.  Y, o una de dos, o tiene un sumo cabreo por toda la cantidad de ropa que ha de planchar o no se esperan lo que va a acontecer. Ellos tan tranquilos y quizás haya un ladrón o un asesino merodeando por fuera. O una guerra empezara en su país o quizás algún espíritu hará de repente su entrada en la escena mientras ellos, ajenos a estas circunstancias, siguen su vida. No sabe ella lo que le va a caer encima  y mas vale que lo siga ignorando.

Para Elisa.  Y la escena, sin cambiar, cambia para nosotros. Vemos el rostro dulce de la madre y el de la niña o niñas que juegan y que a lo mejor ni habíamos visto. Se parecen muchísimo. Ah, que madre más eficiente, mas maja, cuidadosa, dulce y sus hijas tienen la suerte de parecerse a ella. Los varones desearan tener a una mujer así esperándoles en casa y que les haga ternezas y los mimen, les tengan preparada la comida y solo dulces palabras en sus oídos que les hagan olvidar la dureza de la vida.

 

Y así podríamos seguir y seguir. Con el mismo cuadro pero con distinta música.

Y se puede añadir lo mismo a las variaciones en la iluminación,  en la ambientación, en el vestuario y maquillaje.

Y lo que es más importante: en nuestro bagaje intelectual y cultural, en nuestra manera de ver las cosas y las infuenciaciones.

De tal modo que cabria preguntarse: ¿Cuál es la verdadera realidad? ¿La realidad la construimos cada uno de nosotros o existe una verdadera base? Las matemáticas, por haches o por bes, pueden probar y sustentar tanto una teoría como la contraria.

Gracias a los sentimientos, que también son equívocos, podemos tener una referencia. Lo que nos gusta es bueno, lo que no nos gusta es malo. Lo que causa muchísimo dolor es malísimo y lo que causa mucho placer es buenísimo.

La muerte, por lo tanto y por ejemplo, es mala. Causa muchísimo dolor. Así como el amor es buenísimo porque causa muchísimo placer.  Pero si la muerte es en defensa propia o sirve para que una persona no sufra mas dolores físicos, la muerte causara un gran placer al liberarnos de un peligro y no será tan dolorosa. Y para un asesino, la muerte ajena es una liberación, sobre todo si es el quien la causa así como para sus victimas, será la desesperanza total. En cuanto al amor, ocurre igual. Y algo similar en cuanto al uso de la fuerza y a las intenciones.

 

El uso de la música como instrumento para obtener un beneficio de modo directo o subliminal, hace mucho tiempo que esta en vigencia.

De modo directo mediante las clases, conciertos, composiciones, venta de las piezas sea compuestas, sea interpretadas, etc… De modo indirecto, usando la música como terapia, como marketing para comprar mas o menos, como vehiculo de transmisión, etc…

Es importante saber desprenderse de cualquier sentido, visual, auditivo, táctil, etc… para poder ser un poco conscientes de la realidad, solo un poco. Aterrarnos al darnos cuenta de cuan equivocados estábamos en su apreciación y, poco a poco, haciéndonos cargos de su veracidad, ir maravillándonos igualmente de la cantidad de recursos distintos que usa la naturaleza y la disposición de nuestro cerebro para ofrecernos felicidad de muchos modos  y que poco preparados estamos para recibirla. Sobre todo cuando la manipulamos y la usamos en beneficio propio.

¿Llegaremos a ser plenamente conscientes, de alguna manera, de esa verdadera realidad?

 

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Published on e-Stories.org on 08/26/2009.

 

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