Maria Teresa Aláez García

Renovarse y morir

RENOVARSE… Y MORIR.

Estos días, ayudo a mi hijo con sus deberes para adelantarlo y que no repita curso ni vaya en desacuerdo con sus compañeros. Y entre el trabajo casero y el remunerado, mis propios estudios y la familia, tengo ratos cortos, muy pequeños, entre carga y descarga de ordenador o de descanso entre tareas para ir revisando los foros y listas e ir reorganizando y tirando cosas. Restos de aperos y artilugios que ya no realizan su función ni en casa ni en ningún sitio porque han quedado obsoletos o información ya anticuada. También he recuperado otras cosas: los “cacaos mentales” de joven y de niña a los que llamaba “poesía” o carpetas  y cuadernos que tenia metidos en bolsas o dormitando en los estantes, dedicados a mil asuntos y negocios o estudios empezados que no he llegado a terminar.

Encontré la frase que dejo a continuación en mi foro, donde estoy cambiando los videos antiguos y actualizándolos, colocando otros de música clásica, revitalizando y moviendo mensajes, que falta hace quitar telarañas, aunque las arañas son insectos positivos – las venenosas menos, hay que tener cuidado -.

 

“A pesar de todo hay que seguir viviendo... pero no sólo pensar en uno mismo sino también en quien está como estuvimos nosotros cuando íbamos a peor y en quien no puede ni llegar a estar a nuestra altura. Cada uno somos la fibra de un hilo que teje un gran tejido que es la humanidad. Somos un grano de arena para el planeta.  Mejor tejer para crear, ser grano de arena para embellecer. Si una fibra está mal hay que curarla y ponerlo todo en condiciones. No negar la evidencia ni cubrirla ni ignorarla; eso es mentirnos a nosotros mismos y negar la realidad. Así no se soluciona nada. Y mintiendo, menos todavía.

 

Buenas noches y dulces sueños.”

 

Y me vinieron a la mente las reflexiones que me hacia cuando, el otro día, bajaba por el Censal hacia la playa y encontraba que según el lugar donde uno se detuviese, el parque parecía blanco, limpio y nítido y según como le diera la luz, por la otra parte, era gris y sucio. Curioso que en el descenso, entrando por la parte derecha, estuviera mas limpio y cuidado y la parte sucia y mas oscura quedara a la izquierda, pero viniendo de la playa, cambian los papeles y quedan a la derecha las zonas mas míseras y a la derecha las mas agradables de contemplar. No porque el parque tenga una zona mas bella que otra. No. Si no porque una zona esta mas cuidada por la gente que acude al parque – la zona infantil, donde están los juegos de los niños y la gente sube por las escaleras mecánicas que yo no uso, porque viniendo mojada de la playa me da aprensión por si hay un cortocircuito o cualquier cosa así – la zona central donde esta el auditorio al aire libre, esta limpia pero el auditorio pequeño esta poco cuidado y la otra zona, donde quedan el barco y la fuente y donde los adolescentes se esconden para hablar y otras cuestiones, es la mas descuidada.

Visto desde el aire, el parque tiene forma de cabeza de dragón. Las bajadas son la barba, la boca abierta queda donde se encuentran los cambiadores para actores y cantantes – más que camerinos son cambiadores -, los ojos serian las dos rotondas a mitad de camino y las dos orejas serian las otras dos rotondas casi al llegar arriba. (Este modo de verlo es mi imaginación, por supuesto). El ayuntamiento, en lugar de asear un poco más la zona mas oculta y darle algo de vida, se empeña en positivizar y ocultar la zona bonita y dejar abandonada la otra. Advertí que esto era un claro reflejo de la vida, de lo que se hace socialmente con el ser humano mas pobre y abandonado e incluso lo que hacemos con nosotros mismos y los aspectos que no nos gustan. Pero es una opinión propia. Como todo el texto.

Las cosas, las personas, los sentimientos, se abandonan y se dejan morir. Pero no las queremos ver morir y huimos, las dejamos descuidadas y no queremos saber de ellas. Nos mentimos a nosotros mismos en todo. Incluso en las partes mas abandonadas de nuestra mente y de nuestro cuerpo.

No estamos preparados para la decadencia ni para la muerte. A pesar de que nuestro cuerpo va enviando señales del fin poco a poco, no las queremos ver ni reconocer. Y seguimos ampliando y dando vigencia a la juventud, la lozanía y la belleza y abandonando, cada vez más, lo que es viejo, feo o nos parece denigrante. Donde están aquellos tiempos en los cuales la vejez, por la experiencia, era respetada. Ya han desaparecido esas charlas en torno a los abuelos o esas comidas donde se preguntaba la juventud acerca de las circunstancias que rodeaban su vida y su inexperiencia y ellos les enseñaban. Ahora los abuelos están anticuados, han vivido tiempos donde había estrechez o necesidad o represión y su información es innecesaria. Incluso los padres. Ahora el poder los tienen los hijos que toman riendas de todo tipo con veinte años. Como tiempo atrás, cuando se les casaba con dieciséis años o se les enviaba a la guerra, a cuidar ganado, a construir una familia, aprovechando cambios hormonales y fervor de la edad.  Y eso que ahora esas cosas se ven monstruosas. Ahora esos mismos hijos o hijas permanecen en casa o viven junto a otros jóvenes de su edad haciendo lo que pueden porque las circunstancias sociales no les permiten tener esa familia de la cual si podían disponer antiguamente pero requieren ese respeto y esa consideración de adultos cuando ahora estamos, todos, muchísimo menos maduros que antes.

Vivimos con rapidez para que no nos de tiempo a pararnos a pensar sino solo a actuar, siendo ambas cosas necesarias: pensar y actuar. Reflexionar pero no quedarse solo en la discusión de ideas como hacen los políticos o los personajes de clases altas económica o socialmente, para dar vueltas mil a un asunto y luego simplemente quedar la cuestión en un “toma y daca” y un intercambio de dinero, sexo o propiedades.  Y poner a actuar sin pensar a los pobres o a los asalariados porque si piensan, pueden darse cuenta del gran engaño montado por los pueblos de la antigüedad que se sigue manteniendo a través de los siglos. Desmontando la religión o comprándola igualmente, con dinero, para seguir manteniendo el engaño porque la religión, verdaderamente, solo dice que la tierra y sus elementos pertenecen a todos por igual y aunque nos duela, no nos pertenece por haberla comprado por dinero o por el derramamiento  de sangre, el dolor, la clase política o la religiosa o por las donaciones, etc… Las primeras ocupaciones territoriales costaron sangre, hambre y alimentos. Después ya se uso el intercambio de metales. Y como de ese modo se alcanzaba un poder y al ser humano le gusta el poder para hacer cosas por encima de los demás y vivir en ese estado inmaduro de “yo soy más que nadie”  uso la manipulación y el engaño para abatir a quienes abrían los ojos a los demás. Incluso el asesinato. Cojan cualquier libro de historia, por favor.

Y en esa manipulación y engaño nos mantienen.  Para tenernos sometidos y comerse el bollo mas grande, jugoso, nutritivo y de régimen, que no quieren engordar. No les importa sacrificar hasta a seres humanos para fabricarse medicamentos o tener sus oréanos comprados en el mercado negro y realizar asuntos similares, con el poder que el dinero les da. Y nos contagian su miedo a la muerte.

Miedo que en realidad no deberíamos de tener si supiéramos reconocer el transito que todo ser vivo realiza. Todo nace, crece, se reproduce o no y muere y se transforma en energía y en otras cosas. La tierra es un continuo sistema de reciclado. Todo cambia y se transforma en otra cosa o en parte de otra cosa. Quizás en eso se basaban las teorías de la reencarnación, en que nunca se sabe que ocurrirá con la materia corporal y con la energía que transcurre por el cerebro. El caso es que desaparecemos y o una de dos, o vivimos en la conciencia de Dios, en otra vida mas espiritual, en otro universo o esa energía ayuda a la descomposición del cuerpo y se transforma en otra cosa o se complementa. Como creyente y para mi consuelo espiritual, prefiero pensar que iré con Dios y que en Su Infinito Perdón, acogerá  a este trasto por unos días antes de devolverme a trastear a otro planeta porque imagino que allí, en el cielo, poca paciencia tendrán conmigo.

La gente piensa que es superinteligente cuando manipula a la otra gente con omisión, mentira o engaño – existe un pecado llamado de omisión, si – y con la negligencia. O dejan que los asuntos se retrasen tiempo hasta que la otra persona se olvida u omiten su ayuda o su consejo para aprovecharlo en provecho propio o dicen que no merece nada la pena para que el otro se desanime y aprovecharse doblemente de el o ella o muestran desinterés y se adelantan en presentar exactamente lo mismo que el otro quería exponer. También hay quien navega por Internet robando ideas a quienes escribimos por aquí y las reflejan en guiones y novelas. Y luego, a denunciar… ¿Cómo se prueba? ¿Y como se comprueba que no han tenido los dos la misma idea? O tachan a la persona de paranoica, loca e ilusa. Menos mal que todos en la vida pagamos nuestro precio por cada cosa que realizamos, buena o mala. Y en la muerte, también. La desgracia es que los males mayores que hacemos no los pagamos nosotros sino nuestros descendientes, en hijos o nietos. La gente con malas intenciones tiene hasta esa suerte porque a la larga, se recuperan del mal trago pero ellos no lo sufren en carne propia.

Yo no me veo ni inteligente ni superdotada ni nada similar. No puedo. Rara, posiblemente si pero no soy una persona grandilocuente llena de conocimientos a exponer ni de prepotencia a mostrar ni soy capaz de dejar a alguien con todo el propósito de mi mala idea mal y por supuesto, incapaz de pasar por encima de la gente por mucho que hable y diga. No uso la diplomacia pero si intento usar la educación. Siempre digo “perdona” y “gracias”, así como “disculpe”. Suelo ser la ultima que entra y sale, me siento, si puedo y llevo las gafas, si no, no me queda otro remedio que ir mas adelante, en las ultimas filas y sobre todo si hay micrófonos porque también estoy medio sorda.  O despistada y lenta, que siempre lo he sido. Eso a las amigas superficiales que tuve, les traía de cabeza porque venían conmigo – o me dejaban ir con ellas - para lucirse –ellas las guapas, vestidas a la moda y yo la fea, vestida de medio monja – y les agradaba ponerse en la primera fila para ser muy vistas y vistosas. A las pocas que me quedaron y con las que sigo tratando, menos mal, no fueron así. No me gusta jugar a juegos retorcidos ni ser retorcida en la vida porque eso solo sirve para perder el tiempo aunque eso no quita que al final haya aprendido y que pueda aconsejar a quienes les gustan los retorcimientos, el como hacerlo. Pero creo que mi primera frase siempre es: “dilo, habla con tal y dilo”. A la cara, directamente y sin perdida de tiempo. Sin complicaciones, ocultaciones, sin meteduras de cizaña. Y si no lo dicen ellos, me ofrezco para decirlo yo. Eso también vale para perder muchas amistades y la conversación y el saludo de muchos conocidos que salen despavoridos cuando me ven.  Pero pienso que la persona realmente inteligente, so pena que haya tenido una educación reprimida y negligente en ese sentido, no necesita de semejantes recursos para salir adelante. No necesita mentir, no necesita retorcer porque sabe donde buscar las respuestas directas y sabe hallarlas, sabe esforzarse y sabe ser leal. Y sobre todo, sabe reconocer los sies o los noes y sabe hablar a la gente de modo que no se sienta mal. Cuidado, no como lo hago yo, de modo impulsivo y sin pensar sino de modo tranquilo y sabiendo rápidamente encontrar la respuestas o pidiendo ese tiempo de reflexión y sabiendo decir si al día siguiente al otro o no.  Un buen amigo, me dijo hace cuatro años mas o menos, que el era listo pero no inteligente. Porque el necesitaba usar esas argucias para poder sobrevivir pero estaba claro que otra persona no las necesitaría. Que vamos, nos podíamos dar la mano, el por usar sus métodos y yo por ser una mala bestia diciendo las cosas tal y como me vienen a la cabeza. Pero la diferencia era que el si reconoce y reconocía sus sies y sus noes y sabia cuando era el momento de hacer tal o cual cosa, de alejarse o de acercarse y yo no, no se hacerlo aunque ya la vida me va preparando. Bueno, no es que no sepa hacerlo. Si, podría hacerlo pero algo dentro de mí me lo impide.

Se que ahora es el momento de recogerme y de ir luchando por mi jubilación, de ayudar a crecer a mi hijo y de dejarme de tonterías, de estudios y de otras cuestiones. Ahora los jóvenes piden su lugar y los mayores hemos de alejarnos para darles su espacio, por muy jóvenes que nos creamos ser.  Además mi cuerpo va realizando sus recogimientos: se pierde vista, memoria, actividad. Aunque en mi interior haya alguna llama que siempre pugna por salir, que me da miedo que salga porque la veo monstruosa y me da miedo que pueda hacer algo malísimo y por tal razón la mato y la intento dejar aparte aunque ya de cuando en cuando me ha dejado mas de una vez en evidencia, haciendo cosas no propias de mi edad, debo sofocarla e ir siguiendo el camino que la vida me ha colocado. Ya estaré quizás a tres cuartos de mi vida. No he sido nunca guapa y eso me ha cerrado muchas puertas que se me abrieron por otro lado cuando ya no era necesario y yo misma las cerré. No se por que la gente solo se fija en la fachada y cuando ve lo de dentro, ya es demasiado tarde siempre y viene, como dicen por ahí “el llanto y el rechinar de dientes”. O no, que la gente ahora no tiene escrúpulos y les da igual. Hasta se ofenden pensando en que he perdido mi oportunidad por el favor que me hacían pero no, no pierdo ya nada. 

Ahora es quizás, el momento de ir perdonando. La vida me va acercando a personas que hacia mucho que no vi, quizás personas con las que tengo algo pendiente y acudo rauda a hablar con ellas y dejar claras cosas para no llevar en mi equipaje o en mi vacío, remordimientos, angustias o desengaños. Es mejor, incluso, autoinculparse. El otro se queda mas tranquilo y todo -  o la otra – y sigue la amistad.  Entonces soy yo la que va distanciando. No se pierde nada. A fin de cuentas hacia mucho tiempo que no se hablaba. Pero dejar las cosas mas claras es lo mejor que se puede hacer y perdonar, mucho mas. Pasar por encima de ciertas cosas. Y dejar que los demás perdonen es mucho mejor. Si me echan la culpa, tranquilizan sus conciencias y yo ya estoy acostumbrada. Viví en un entorno donde nadie hacia nada malo excepto yo que hasta fui responsable de la crianza y educación de mis hermanos – ni lo sabía siquiera – y cuando salieron las cosas bien, la gracia era de los padres pero cuando salían mal, la nefasta influencia era mía. Así son felices.

Solo tengo un miedo: dejar a mi hijo mal preparado para la vida. Espero dejarlo preparado para que sepa afrontarla con presteza y con cabeza y no le ocurra lo que me paso a mi y que cuando yo no este, sea un niño querido - o un adolescente o un joven querido -. Yo no lo veré pero seguramente, no estaré tranquila en mi ultima hora que espero que sea durmiendo y no enterarme, un colapso o algo así.

Y la pena de dos cosas: no haberle dado todo lo que creo que debo de darle en felicidad, educación, en conocimientos, en prepararle para afrontar la sociedad que le viene encima y la segunda, en mi misma, en no conocer el contenido de esa caja de Pandora, baúl de los recuerdos, cofre del genio o lo que sea que pugna por salir de mi interior y que veo como un dragón enorme de fauces horribles, aliento infecto y fuego frio, y que quizás ni sea así pero es así como se me ha presentado. Esa energía, eso que quiere ver la luz y no puede. En un principio pensé que era mi maternidad. Cuando mi otro bebe falleció, lo vi en sueño como quemarse en una hoguera en mi interior y acudí corriendo a salvarlo y curarla pero llegue demasiado tarde. Como siempre. Es que soy totalmente impuntual.

Por otro lado, espero reconocer algún día los sies y los noes de mi vida. Si, soy un desastre, un despiste, la lentitud personificada y retrasada y una morsa o ballena con visos a parecer mas una mujer de estas que salían en las películas antiguas, de edad, bailando con los jovencitos o hablando con ellos porque no quiere salir de su adolescencia o quiere sentirse mas joven. Personaje que no me ha agradado nunca pero ya se sabe, “de esta agua no beberé” no se debe de decir nunca. Lo que ocurre es que tengo una grañidísima suerte. Esos jovencitos y jovencitas con los que hablo por la calle son exalumnos mios o exalumnas mías que hablan conmigo de sus vidas y me presentan a su esposas, maridos e hijos. Algunos con carrera universitaria, otros con una profesión establecida.  En ese aspecto hablo con ellos y ellas. Y son hijos  e hijas de amigas y hablamos del estado de sus padres o de asuntos del pasado. Ahora esos jóvenes son profesores de mi hijo, son los auxiliares que me atienden en el hospital, son los funcionarios que despachan en el ayuntamiento, las dependientas de las tiendas o los panaderos que me guardan la barra de pan porque siempre se me olvida. Eso y la leche o los medicamentos o la cartera y la cabeza  también, pero están ellos para devolvérmela a su sitio. Como siempre.

Y no, no soy capaz de seguir estudiando ni soy capaz de adelgazar porque cada vez me veo más gorda y no soy capaz de privar de su sitio a la gente que viene detrás de mí. No se me olvida el rostro de algunos profesores de la universidad cuando me ven aparecer y piensan una frase que he escuchado decir cuando he visto esa cara, ese gesto o esa mirada: “Esta viene acompañada de la menopausia. ¿A dónde se cree que va?”. Se confunde quizás mi deseo de aprender, de conocer el por que de las cosas, de maravillarme sabiendo como actúa el ser humano en los buenos momentos, la naturaleza, de conocer también tomando otras referencias, cual es mi lugar en la vida y en el universo, ese lugar minúsculo pero del cual todos formamos parte para poder seguir mintiendo el equilibrio, esto se confunde con la competitividad, las ganas de tener mas conocimientos para ser mas elevado, tener mas estudios, mas diplomas, mas títulos… ¿para que? ¿Para dar conferencias, pagar viajes por todo el mundo, tener una libertad sexual increíble, mantener un tipo y salir en la tele o en las revistas? Si yo hubiera podido, ser físico o ser ingeniero o ser arquitecto, estaría metida horas y horas en mi estudio. No haría ninguna de esas cosas. Posiblemente ni me hubiese casado ni hubiera tenido hijos. Si viajaría para conocer la obra de otros y por supuesto, para ayudar a quien lo necesite como he visto a muchas mujeres que se dedican a eso, a dar su tiempo libre y su vida por los demás. No se que decidiría hacer yo antes de nacer o que me tendrían mandado. Igual fui prepotente y sabia en otra vida pero me tocaba vivir lo que vivo en esta o debo darme una ducha de humildad o debo darme cuenta de que el inicio de todo esta en mi o dentro de mi o en mi entorno para poder, como una onda expansiva, hacer que se extienda y llegar hasta quien lo necesite. 

En fin.

No se que les toca hacer a las mujeres de cuarenta y seis, gordas y negligentes. Gritar mucho o no, limpiar sus casas, cocinar muchísimo, trabajar en algo que les engorde mas, ver la tele, cotillear con las vecinas y dar la vuelta a la vida de medio pueblo y ser necia y mezquina. Eso es lo que se espera de mí. Ser una frustración andante, una ballena llena de amargura, una foca mostachuda de circo de mujer barbuda.

Adiós a los sentimientos, a la expresión cotidiana de la vida que tanto se ve en todos los blogs. (Hoy se comenta que  cualquiera se mete a músico, a escritor o a actor).

Yo, no.

Dejo otro texto que encontré en el foro.

 

“Puede ser por un tiempo, puede ser para toda la vida pero a veces hace falta decir adiós a la gente definitivamente.

 

Conozco a un hombre, Jesús Azcoitia, escultor y pintor, que vivía en Cartagena, y que tenía una costumbre curiosa. Bueno, yo le conocí dos. Una, la de colocar una galleta al lado de la taza de café cuando alguien iba a su casa de visita. En mi caso, como estaba acostumbrada a la obediencia ciega y a hacerme cargo de las tradiciones curiosas de la gente, nunca le preguntaba el por qué lo hacía y me tomaba el vaso de leche o me esperaba a ver qué hacían sus familiares o los demás para no estar fuera de lugar. En el caso de mis amigas, siempre preguntaban y él respondía que era por curiosidad, por ver qué hacía la gente.

 

El día de todos los santos, acabado el Halloween, él y sus amigos cogían todas las cosas de la gente que por una u otra razón  no querían saber nada de él o que les habían hecho mal. Se iban a una casa de campo, cogían una caja y la modificaban dejándola como su fuera un féretro. Tras esto, ponían dentro todas las cosas de estas personas. Después se vestían de una manera muy elegante, con chaqué o frac ellos  y ellas con un traje de época,  todo muy gótico o romántico y quemaban después la caja diciendo de esta manera adiós a toda esta gente. Ya nunca más volvían a dirigirles la palabra. Después se iban a tomar algo a un bar donde todos acudíamos, El Arlequín, que ya no existe, al menos en el lugar donde estaba antes, en la calle Balcones Azules y donde escuchábamos los jueves y los vienes conciertos de jazz o clásica.

 

No sé yo. A algunas personas ya les he dicho adiós para siempre y me he ido a cascarla con mis sufis, a cerdellarme o a obsesionarme con Odiseo 99. A otras prefiero decirle hasta la vista. A todos, que todo vaya bien.

 

A  Jesús Azcoitia nunca le dije adiós y creo que él nunca quemó cosas mías. Aún creo que puedo saludarlo cuando voy a Cartagena. Es una persona muy creativa y agradable. Me gusta su obra y, claro, como ocurre con todas las personas con un espíritu creativo y artístico, es muy trabajador y no engaña a nadie con una falsa manera de hacer arte. Claro que tiene una forma de ver la realidad muy suya como todo los artistas pero como ocurre con toda persona a la que no se la entiende, preguntando y conociendo, hablando e interesándose, es más fácil hacerse entender. Si la gente no dialoga y habla no se entera de nada… ¿no? Luego que no vayan diciendo por ahí que los compositores, pintores o poetas tienen un espíritu complicado para entender. Pues preguntando, se llega a Roma, dicen por ahí.”

 

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Published on e-Stories.org on 08/22/2009.

 

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