Fran Escudero Redondo

Palabras de Sangre

 

Erika  es una chica de noble cuna nacida en Berlín, su padre es un importante banquero y su madre la heredera de una de las fortunas más grandes de Alemania, pero esta chica es demasiado infeliz porque su gran amor murió para defender inútilmente su patria,  Alemania, allá por la Segunda Guerra Mundial. Esta es su triste historia:

 

 

Se conocieron en un bar hace cuatro años. Todo era felicidad, ramos de flores, caricias, besos bajo el gran sauce del parque…pero un triste y nublado día el padre de Erika se entero de su relación y quiso acabar con ella con el pretexto de que el novio de su hija era un don nadie que no poseía tierras, ni fortuna alguna. El nombre del pobre desdichado era Gerard.

Gerard intento varias veces sin éxito que el padre de su ángel de finos cabellos le aceptase tal como era, pero el buen banquero era muy orgulloso y nunca permitiría que su hija se casase con un tipejo de su clase. Así que un buen día Gerard se alisto en el ejercito para convertirse así en un oficial de alto rango…ese era su sueño, así su suegro le dejaría seguir viendo día a día a su musa, la mitad de su vida, su único y gran amor.

Un calido día de primavera un hombre ilusionado marchó para el frente, entre las tropas que invadirían Francia para el III Reich.

Erika estuvo dos semanas sin saber nada de su caballero de brillante armadura hasta que un día que nunca olvidará le llego la primera carta de Gerard: un sucio papelujo con una caligrafía que dejaba mucho que desear, pero a la muchacha no le habría gustado más una hoja de oro con la letra del mismísimo Dios. La carta decía así:

 

Querida Erika:

Ayer estuvimos andando durante horas interminables que me alejaban de ti, pero esto es por una vida mejor, que nunca se te olvide. Me ha tocado servir en la vanguardia así que, por lo menos tu padre no me tachara de cobarde, paramos a repostar en una vieja aldea donde fuimos atacados por los franceses. Esos demonios se llevaron a mi amigo Frederick, pero le vengué a golpe de fusil y bayoneta, he mandado al infierno donde pertenecen a seis hombres de rostros tristes y mirada perdida. Pero aunque acabamos con ellos nuestras tropas se ven seriamente diezmadas, pues hemos perdido más o menos a doscientos valientes que no volverán con sus familias.

Te estoy escribiendo desde una casita de la aldea antes de irme a la cama.

Te dejo pero te escribiré siempre que pueda, mi vida

 

 

Un abrazo desde lo más profundo de mi alma:

                                                                                      Gerard

 

 

 

Con esas líneas Erika sintió como si su amado estuviese allí, a su lado, junto a ella.

Esa noche la joven soñó con el, pero no había disparos ni muertes, sino un río de agua cristalina, un gran sauce y los dos solos jurándose amor eterno.

 

La segunda carta llegó un mes después.Erica se asusto porque el papel tenia rastros de sangre. Era otra carta de Gerard, la segunda, la muchacha sintió un vacío en su interior por no poder abrazarlo en ese momento, después de casi dos meses…

 

 

Querida Erika:

 

 

Desde los últimos días las batallas se han vuelto mas intensas, más sangrientas, más inhumanas. Día tras día veo morir a mis compañeros y amigos de las formas mas crueles que puedas imaginar, en las trincheras debemos apiñarnos junto a los cadáveres para esquivar la muerte que nos ronda en forma de acero y pólvora.

El otro día fui herido en una pierna por salvarle la vida a mi capitán, un hombre que ha dedicado su miserable existencia a esta barbarie, la recompensa fue  cenar bien esa noche, por primera vez en mucho tiempo, probé  la carne.

Pero eso no es todo: los franceses nos asaltaron cerca de un pozo donde recogíamos  agua ennegrecida y con sabor a azufre. Esas bestias llegaron con el alba y tuvimos que huir despavoridamente para salvar la vida, ese mismo día, con el sol escondiéndose entre las colinas, jugamos al cazador cazado y les hicimos correr entre ráfagas de metralla, sangre  y fuego. La herida de mi pierna me obliga a retirarme del frente, te ruego que no salga esto de tus finos labios porque de enterarse tu padre me vería condenado a una existencia cruel y desdichada.

No se donde me mandara ahora el destino pero ten fe en que te volveré a escribir y en que volveré a tus brazos convertido en un héroe de esta sinrazón

 

Echándote de menos:

                                                  Gerard

 

 

Erika se sentía extraña después de leer esos garabatos, Gerard había sobrevivido a dos encarnizadas batallas, pero la herida de su pierna podría significar la muerte y la perspectiva de no verle más.

Los siguientes días los paso entre llantos y noches de sueños rotos, sueños en los que el hombre al que amaba se alejaba desgarradoramente de su vida para no volver jamás.

El padre de Erika quiso emparejar a ésta con un oficial del ejército nazi, un hombre rubio de ojos fríos como el hielo, manos grandes y una espantosa sonrisa desdentada fruto de incontables batallas. Aquel oficial decía que no había participado en ninguna batalla en la que hubiese perdido, pero Erika solo tenía ojos para Gerard…

Doce eternos días después llego la tercera carta, el principio del fin, la razón de cómo un hombre bueno puede convertirse tras las atrocidades de la guerra.

 

 

Querida Erika:

 

 

Temo que no soy el mismo hombre que conociste hace tanto tiempo, también temo que no volveré a tu lado. Esta guerra nos obliga a morir por nuestra patria y eso haremos…

Nos hemos convertido en algo más que bestias, en seres sedientos de sangre esperando al enemigo día tras día en estas apestosas trincheras. Mi vida se ha visto reducida a marchas interminables en pos de la muerte por agotamiento, en crueles partidas de ajedrez en las cuales nosotros somos los peones movidos por un ser sin escrúpulos.

Ahora comprendo muy bien a mi capitán, los horrores que he vivido me alejan de la humanidad al igual que la distancia me aleja de ti. He visto con mis propios ojos como otros peones de este macabro juego mueren en mis brazos. Estoy empezando a pensar que no vale la pena estas masacres que se suceden día tras día, estos remolinos de furia desatada por las naciones enfrenadas, las naciones que nos doblegan bajo su yugo y nos obligan a segar vidas inocentes para conseguir sus propósitos…he oído que el coloso estadounidense se ha unido a la guerra y que se acerca cada vez mas a Europa para machacar nuestros sueños hasta convertirlos en fino polvo que la brisa llevara hasta el olvido.

                                                                                                   Gerard

 

Esa fue la tercera carta, la que hizo añicos las esperanzas de la joven, la que marcó su vida para siempre.

Desde aquella cruel lectura, Erika caminaba por su casa a todas horas, pensativa, dubitativa, como un espectro que perdió la alegría hace siglos. Casi no comía y rápidamente enfermó y fue ingresada en un hospital, donde iba a verla todos los días su padre, ese banquero orgulloso y egoísta. Pero aunque lo intentó, la buena voluntad de aquel hombre asustado no consiguió que la salud de su hija mejorara. Largas horas estuvo hablando con ella para intentar averiguar lo que le pasaba a su querida primogénita:

-Erika…cariño… ¿Qué te pasa? ¿Por que no quieres comer? ¿Por que no se lo cuentas a tu anciano padre?

-…No tengo hambre, padre…

Así una y otra vez, durante una semana se hacia la misma pregunta y se respondía de igual manera, no había forma de entenderlo para un tiburón de los negocios, una de las personas mas poderosas de Alemania, un padre desesperado por encontrar la forma de ayudar a su ser mas querido.

Tras tres semanas y dos días, Erika decidió que no valía la pena debilitarse, debía estar fuerte para cuando Gerard llegase victorioso, como el héroe que salvaría sus vidas y conquistara el corazón de su padre como había conquistado el suyo, hace  tanto tiempo…

Pero por fin llegó el tan esperado día, la cuarta carta del soldado de infantería Gerard.

Erika saboreó el momento tanto como la dejó la impaciencia y abrió ese sobre, ese contenedor de las noticias que la muchacha tanto esperaba leer.

 

Querida Erika:

 

Lo he conseguido, me han nombrado sargento. Ahora soy oficial, ya podría volver si esta guerra hubiese acabado, pero no a acabado. Los americanos se están acercando, cada vez son más osados y penetran más en nuestra bella nación. Cada vez que mando a uno de esos infelices al vórtice del que salieron, pienso en ti y en tus ojos claros, mirándome tras la bruma, en tus cabellos de oro y en tu dulce voz.

Creo que el deseo de volver y abrazarte es lo que me impulsa a seguir luchando, pero te echo tanto de menos…así que

 

 

 

La carta estaba tan sucia que el final era ilegible pero Erika estaba contenta porque su noble soldado estaba vivo. Pero aun así, Erika tuvo esa noche un horrible sueño, una pesadilla que aterrorizó su alma hasta llevarla casi a la locura:

Ella iba caminando por las calles de Berlín, en el suelo había muchos cadáveres y sangre, demasiada sangre. El cielo tenía un color rojo carmesí y la luna sangraba.

Allí se encontraban los últimos efectivos del ejercito nazi, no tenían rostro, antaño fueron hombres amables y buenos pero ahora eran bestias sin corazón que solo buscaban enemigos cuyas almas engullirían entre suspiros de piedad y gritos escalofriantes. Allí estaba Gerard, con una espantosa cicatriz en el ojo derecho, con una mirada fría y cruel, tenia en las manos un fusil manchado de sangre y oxidado. Esos animales esperaban algo, Erika intento disuadirlos de que huyeran pero no la oían.

Estaban concentrados en el horizonte.

Desde unas ruinas aparecieron hordas de hombres vestidos de barras y estrellas que acometieron contra la última resistencia alemana. La batalla duro muy poco, los americanos parecían ser inmunes a las balas oxidadas y podridas de Gerard y sus compañeros, en cambio, aquellos espectros nazis sucumbieron ante los proyectiles dorados de sus contrincantes. El último en pie fue Gerard, pero cayó después de percatarse de la presencia de una Erika sollozante y desesperada, una Erika cuyas lágrimas regaban esa fría tierra produciendo el nacimiento de incontables flores, flores blancas, rojas y azules.

Lo último que dijo Gerard antes de que su alma se separase de su cuerpo fue:

-Perdona por no cumplir mi promesa…

 

Dos días después de aquella pesadilla el padre de Erika se llevó a su familia a su casa de campo, cerca de Munich para huir de la masacre. Allí fue donde llegó la última carta de Gerard:

 

Querida Erika:

 

Nos hemos concentrado en Berlín para defender a nuestro tirano líder, aunque todos sabemos que la guerra está perdida. Veo miles de hombres cansados que se disponen a morir por su patria, miles de almas en pena que saben que no verán más a sus familias y amigos. Perdóname Erika, a lo peor ya no volveré a verte, pues cuando me alisté prometí morir por mi patria, este frío yermo devastado por incontables baños de sangre inocente. Noche tras noche, sueño con la batalla final, el día de mi prematura muerte.

Yo te juro que lucharé hasta el final para que las personas ajenas a la guerra no sufráis más. Mi fin se acerca. No podemos combatir a las tropas que asedian la ciudad.

Siempre te querré.

                                                                                            Gerard

 

Durante la batalla decisiva murieron incontables hombres de los cuales ya no se sabría nada, demasiadas familias no podrían dar sepultura a sus hijos, nietos, sobrinos.

Hitler, ese diablo sin alma y de negro corazón se suicidó en su bunker en un acto de supremo egoísmo. Erika no supo nada de Gerard, tras las amargas noches en vela y los incontables días de llanto, le dio por muerto.

Esta es la historia de Erika y Gerard, la historia de las cartas repletas de palabras de sangre, palabras de esperanzas rotas, palabras de agonía y sufrimiento, palabras de dolor.

Desde entonces Erika guarda luto por su amado caído en la guerra. Su padre murió asesinado por motivos de corrupción y se quedó sola con su madre. No quiso casarse para disgusto de su ya anciana progenitora. Se dedicó a escribir su historia, la historia de cómo una pareja se destroza por los caprichos del destino.

Tras un año Erika se olvido del rostro del que había sido su media naranja, el único hombre con el que compartiría su vida.

Un día de Mayo, Erika se dejó caer por un bar, no un bar cualquiera,  sino el bar donde se conocieron hace una vida entera.

Después de la guerra se había convertido en un local de mucho prestigio social, un lugar donde la fresa y la nata de Alemania se reunía para contar sus penas, embriagados por el cálido licor que allí se servía.

En aquel sitio lleno de recuerdos se encontraban dos grandes magnates, uno de ellos sorprendentemente obeso, una anciana dama que daba sorbitos a su copa de coñac y, en una oscura esquina un hombre que a Erika le resultaba muy familiar.

Fue a sentarse con la señora del coñac para evadirse un rato del mundo y entablar una conversación sobre jardinería. Erika pidió una copa para ella y otra para la señora, pero no conseguía olvidarse del hombre de la esquina, aquella presencia la inquietaba, así que preguntó a su acompañante si sabia algo de aquel desconocido atrapado entre las sombras de aquel rincón oscuro, a lo que la anciana respondió:

-No se mucho acerca de él, no hay estatuas suyas ni libros acerca de su vida, pero ese hombre es un héroe de la guerra, un soldado que dejó a un lado su vida para defender su patria y su honor. Sobrevivió al asalto de Berlín y estuvo un tiempo recorriendo Europa como un espectro, en busca de sí  mismo…ojala hubiese mas hombres como él

Erika pagó las copas y se despidió de la anciana. En la puerta del bar estaba aquel hombre que inundaba sus sueños, esa alma que tanto entendía la suya propia, sus ojos se cruzaron en una mirada apasionada…y vergonzosa. Erika entendió que no se había acercado a ella durante tanto tiempo por la vergüenza que sentía por haber huido de Alemania tras la guerra

No dijeron nada, sobraban las palabras. Se acercaron y se fundieron en un abrazo que unió sus vidas para siempre, tras esto Erika solo dijo una frase, no hacia falta más:

-Sabía que cumplirías tu promesa, Gerard

 

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Published on e-Stories.org on 08/08/2009.

 

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