Maria Teresa Aláez García

No volvere a ver a mi hijo.

NO VOLVERE A VER A MI HIJO.

(Cuidado. No se confundan. Esto es sola y únicamente un desahogo. Ya me saco yo las castañas del fuego.)

Dice que estoy loca.

Dice que no quiero a mi hijo.

Dice que a mi edad no debería de pensar en tonterías.

Dice que no valgo para nada, que no tengo reaños para hacer nada, que no me atrevo, que no tengo sustancia.

Dice que no tengo conciencia y que enseño maldades al niño.

Dice que no debería de estudiar ni mejorarme. Que no es momento ya de niñerías.

No me insulta. No me grita. No se le oye más que una voz amable y de buen tono, segura de si misma.

Voz que enmudece y  parece molestarse si me ve con ganas de moverme, de trabajar, de escribir, de estudiar, de investigar, de aprender, de pensar o de escuchar, de interpretar y de recibir, de compartir con el niño y con el resto de familia y de amigos.

Una voz que me asegura que no volveré a ver a mi hijo si sigo obligándole a hacer los deberes para avanzarle el retraso que tiene en el colegio y que pueda ser como los demás niños.

Una voz suave y calida que dice al niño que como se tome su calmante, le rompe sus juegos de ordenador.

Una voz que asegura que las fiestas son burdas y de borrachos y medio pueblo aplaude al otro medio y que no le gustan,  que no valen para nada y que se molesta si el niño y yo vamos con mi hermana a ver unos desfiles donde mi hijo, abre los ojos como platos, pregunta sin cesar – hoy sobre la ocupación musulmana, sobre las armas antiguas, sobre quienes eran moros y cristianos y si existe eso hoy en día – y descubre cosas nuevas como trajes preciosos, guapas bailarinas, camellos, burros y caballos, compañeros de su clase que participan en el desfile y lo saludan con una sonrisa cuando los llama o un trombón lacado en rojo y otro lacado en azul, maravillosos.

Una voz que insinúa que es un exceso hacer que el niño aprenda música y que juegue al futbol.

Esa voz que induce al niño a pasarse horas y horas ante el ordenador, jugando a juegos, en ocasiones violentos y a la consola y que no se para a ver si sabe escribir, botar la pelota, atarse los cordones, abrocharse la bata o no le saca su bicicleta a la calle para que fortalezca sus piernas y su equilibrio cuanto antes. Todo eso es accesorio.

Una voz que aseguraba, cuando el niño era pequeño, que no quería estar con otras personas o jugar con otros niños porque le daba miedo, el mismo niño que hoy iba parando, entre la muchedumbre, a los padres de sus compañeros para enseñarles su “espada de cristiano” y luchaba con otros niños con espadas semejantes, con risas y sin miedo – a pesar de que a mama no le gusta eso de la guerra y la violencia -.

Una voz que duerme dieciséis horas diarias, que come cuando se despierta, juega al ordenador y se vuelve a dormir sin ayudar, siquiera, a recoger de la mesa el plato en el que ha comido.

Esa voz que calla cuando las manos rompen libros porque he dicho algo que no le ha gustado o porque me rebelo ante los hechos que no entiendo cabales.

Una voz segura y tranquila que me ha asegurado que si no me callo la boca y no hago lo que debo, se llevara al niño y no lo volveré a ver mas.

¿Que debo hacer?

¿Debo dejar que mi hijo pierda su infancia y su juventud ante ordenadores y consolas, que no conozca a la gente con la que ha de convivir ahora y cuando sea mayor, que pierda oportunidades buenas de ver conciertos, obras de teatro, exposiciones de pintura y escultura, que solo piense en jugar ante un teclado y no en llenarse de arena en la playa o saber perder el miedo ante el oleaje disfrutando en la orilla de la suave resaca?

¿Debo impedir, metiéndome en mi casa, que el niño conozca en primavera las vinagretas que volverá a probar el año que viene por San Antonio, que no tome la longaniza que le dan en el paseo dels “burrets” o por San Blas y el olor a azahar y a almendro, los colores de las flores desafiando a la nieve del cercano Puig Campana?

¿No debo enseñarle que en la vida habrá de tener un patrón a quien deberá obedecer y ante quien habrá de rendir cuentas cuando quiera trabajar para comer, y que eso se aprende desde ya, haciendo bien sus deberes, esforzándose y estudiando? Y sobre todo, si quiere ser astronauta, debe de superarse mucho en matemáticas.  Y no es malo si tienes la costumbre de seguir un horario y un trabajo que hacer. También tiene tiempo para el descanso, para reírse, para mimarlo y para ver la televisión.  La vida no se puede ocultar pero si podemos estar preparados para lo que venga  y tomarlo lo mejor posible, superarlo  y seguir siempre en ascenso. Y el apoyo de los padres, que no falte nunca.  En este momento sus estudios son su trabajo y ha de llevarlos adelante lo mejor posible.

¿Debo impedirle descubrir, investigar? ¿Debo callar su mente, llenita de preguntas y de inquietudes porque tenia que saber, conocer, el por que de las cosas y el como se han hecho? (¿mami, que es el centro de la ciudad? ¿Cuantos metros coge, exactamente? ¿Por que se le llama centro de la ciudad?  ¿Por que cambia el centro de la ciudad? ¿Por que la gente construye en el campo? ¿Por que es urbanizable el campo? ¿Que diferencia hay entre finca rustica y finca rural? ¿Habrá aquí un maremoto? ¿Afectara a todo el centro urbano, las fincas rusticas y las rurales? Etc... etc... )

No, no debo.

No debo empeñarme en cuidar mi salud y aprovechar junto a mi hijo las idas a la playa, el para jugar en el agua, aprender a nadar, jugar con las olas y hacer castillos y yo para nadar igualmente y hacer que el corazón vaya adelante, quitándole peso y dándole ligereza. Es más, que por eliminar de la dieta familiar las grasas, azucares e hidratos de carbono, cualquier día me juego el no volver a ver a mi hijo. 

No debo esforzarme en estudiar. Si de todos modos no voy a sacar nunca nada.  Debo quedarme todo el día en casa, limpiando y trabajando porque el resto, so pena que sea hacer dinero, esta de más. Y seguir cogiendo el teléfono y callar ante el abrumador peso de las deudas que me hacen engordar más y me agobian sin parar.

Y no debo de gritar y llorar y ponerme histérica, no. 35000 euros de deudas  es nada.  Son defectos del sistema. Y yo una histérica melodramática.

Seguro que esa voz tan atractiva, cuando vea este escrito, no dudara en llevarse a mi hijo. Como venganza.

Así que ya le digo que no es necesario. Callare, no saldré a ningún acto mas, engordare como una vaca hasta que me muera y el niño y yo echaremos raíces sentados ante el ordenador y la consola mientras las deudas suben y suben sin parar.  Se acabo el melodrama y siempre tendré una sonrisa en la cara para que la voz este contenta y deje de hablar al niño de esas cosas tan “sugerentes”.  Y eso, dejare de tener amistades que puedan ayudarnos y preparare a mi hijo un futuro de obeso cerril, sentado ante el ordenador jugando a la consola, comiendo pizza y polos y embotando su mente para que no tenga que escuchar a la voz ponerse en su contra. Hare frente en silencio a las acusaciones del colegio y espero morirme antes de que el niño tenga dieciocho años para no verlo perdido, sin trabajo, sin  estudios y sin futuro, porque ahora una bella voz que no grita ni insulta, no ha querido esforzarse en enseñarle lo fundamental para su futuro y su desarrollo y solo ha mirado su comodidad y su ombligo.

Espero que la voz no se lleve a mi hijo por enviar besos. Es lo único que me faltaba. Si estoy loca y solo me desahogo con el papel, al menos besarlo.  Y mañana me desahogare hablando bien de las fiestas de mi ciudad. Son magnificas. Ah, no, no puedo. Si no, no volveré a ver a mi hijo.

No, no estoy loca. Al menos el medico asegura que no es cierto y los psiquiatras y psicólogos, también. Pero, ya se sabe. El Verbo, la voz, es papa y dios a la vez y eso que no es de derechas sino de “Esquerra”. A veces, los fascistas no necesariamente hablan desde el color azul. También hay opresores y dictadores desde el rojo. En todos lados cuecen habas.

Hoy, que me sentía contenta porque he escuchado “Ximo” de nuevo y he visto a mucha gente a la que hacia tiempo que no saludaba.

Besos, pues.                                   

 

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Published on e-Stories.org on 07/27/2009.

 

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