José Hidalgo

Mala prensa




A
 
cabo de cerrar el trato con el dueño del local donde vamos a dar la cena de empresa esta noche. Nos lo ha dejado bien barato. El sitio es un poco modesto pero así resultará todo mucho más familiar. Con unas cuantas flores por aquí y unas guirnaldas por allá quedará bastante coqueto. El dueño me ha dicho antes de irse que él se encarga de acondicionarlo todo. Ahora sólo me queda escuchar a esta gente. Seguro que más de uno pone pegas: que si el sitio es un poco pequeño…, que si vamos a estar muy apretujados los trece…, las tonterías de siempre. Pero bueno, digo yo que se podían haber molestado ellos en buscar un sitio mejor. Lo que pasa es que como el jefe me nombró a mí tesorero me tengo que comer siempre estos marrones, y encima siempre criticado. Ahora que cuando venga a dar el visto bueno al restaurante, se lo pienso decir… que una y no más.
Lo estoy esperando dentro del local porque ha quedado conmigo en venir a verlo personalmente. Al rato lo veo aparecer por la puerta. Llega puntual. Como siempre, en ese tema es infalible. Dedica un par de minutos a observar hasta el más mínimo detalle del pequeño salón-comedor y esboza una sonrisa digna de un anuncio de COLGATE.
<< No está mal el garito >> suelta.
<< ¿A qué no? >> digo yo complacido << un poco pequeño tal vez… >>
<< En verdad te digo que a mí me parece perfecto >> añade él. Es el jefe y lo que él diga va a misa, así que quién soy yo para llevarle la contraria. Saco dos cigarrillos del arrugado paquete que guardo en el bolsillo de la camisa, ofreciéndole uno. Lo acepta con indiferencia y acto seguido yo le acerco la lumbre. Después de encenderlos, fumamos los dos en silencio durante un rato.
<< Ah, se me olvidaba… >> salta él de repente << seremos catorce al final, mi novia también cenara con nosotros >>
<< Ah… >> esto me pilla por sorpresa, se suponía que iba a ser una cena entre colegas, sólo chicos. Para echarnos unas risas y tal.
<< ¿No pasa nada porque venga, no? >> Me pregunta.
<< No hombre, qué va a pasar… >> si él supiera que a ella casi nadie la traga. A mí todavía no me cae mal del todo. Sí bien es verdad que en muchas ocasiones he podido pensar que es una manipuladora, y que el jefe baila un poco al compás de la música que ella le toca. Pero nada más. Con el resto de los colegas es otra historia, siempre criticándola. Hasta la han llegado a poner de puta para arriba. Todo a espaldas del jefe. Sobre todo el Perico que no la puede ver. Pero luego delante de él se comportan todos de una manera bastante hipócrita y hacen como que su novia les cae a todos la mar de bien. ¡Qué gente más falsa!
Le cuento un poco en que va a consistir el menú y tal. Un poco de carne de cordero aderezado con algo de verdura. Yo me comeré sólo la carne, los hierbajos siempre los aparto del plato.
<< ¿Y el dueño del local, por dónde anda? >> Me pregunta.
<< Ha tenido que irse >> contesto yo, << pero me ha dejado las llaves. Por ser para nosotros. Dice que no nos preocupemos que a las nueve estará todo listo >>
<< ¿Entonces…, ahora estamos aquí tú y yo solos? >>
<< Sí, ¿porqué? >> pregunto algo extrañado.
<< Líate un canutito, anda… >> me dice. << De esos con dos o tres papeles que tú preparas con tanto arte y nos lo fumamos aquí de tranqui. >>
No voy a decirle que no. La de porros que nos habremos fumado él y yo cuando éramos estudiantes saltándonos las clases. Siempre hemos sido amigos, los mejores amigos. Desde mucho antes de que empezásemos este negocio juntos. Las mejores ideas siempre se nos ocurrieron cuando estábamos fumados. ¡Qué digo! La idea del negocio se nos ocurrió mientras fumábamos. Una noche que estábamos en el porche de mi casa y nos habíamos chupado siete canutos entre los dos. Teníamos los ojos totalmente hinchados te tanta grifa y tanta maría. Hasta se nos trababa la lengua hablando. Joder, ¡qué buenos momentos hemos pasado este tío y yo de pibes! Antes de que se echara novia y la cosa se enfriase un poco.
Saco el librito de papel de fumar, la bolsita de maría y comienzo a fabricar uno. De esos grandes que sé preparar con manos artesanas. Trompeteros les digo yo. Cuando está terminado se lo paso a él para que lo encienda. Nos sentamos sobre el suelo y fumamos nuevamente en silencio.
<< ¿Cuánto te han llevando al final por el alquiler del local? >> Pregunta mientras me pasa el porro.
<< Treinta >> respondo antes de aspirar una enorme bocanada de humo, que termina de relajar mi espíritu.
<< ¿Treinta…? >> Dice pensativo mirando al techo.
<< ¿Te parece caro? >>Le pregunto mientas le devuelvo la humeante trócola.
<< ¿Caro…? No, caro no es. En verdad te digo que el precio está bastante bien. ¿Ya le pagaste al dueño?
<< Sí. >>
<< ¿Al contado? >>
<< Al contado, con el dinero que me pagaron aquellos tipos por aquel asunto que me encargaste. Por cierto, ¿les explicaste a los demás de que va el rollo? >>
<< Mmm… No aún no, pero ya yo mañana se lo cuento tranquilamente >> dice.
<< Vale, pero esta vez explícaselo bien, déjate de hipérboles y metáforas que luego estos se hacen la picha un lío y no se enteran de que va la película. Mira que este asunto como no lo dejes muy claro me va a dar muy mala prensa.  Que luego va a parecer lo que no es y siempre acabo quedando yo de malo. >>
Los catetos estos son capaces de ponerme a mí de traidor, cuando en realidad le estoy haciendo un favor al jefe que él mismo me ha pedido. Y el Perico con lo corto de mente que es… Pues no dice que en el futuro tiene pensado crear su propia empresa. Fijo que nos copia a nosotros la idea, pero organizándolo él seguro que al final le sale una chapuza. Me tienen mucha envidia esos once cabrones. Lo primero porque soy el único que soy de Cádiz, como el jefe. Ellos son todos de Jerez y, rivalidad regional aparte, desde que éste me confió a mí las cuentas su inquina ha ido creciendo contra mí día tras día. Los dineros, que siempre traen peleas. Se respira un ambiente muy poco sano últimamente. Veremos a ver esta noche como acaba la cosa.
<< Descuida, tú déjalo en mis manos >> me dice para tranquilizarme mientras se pone en pie. << Nos vemos aquí a las nueve. Me voy que he dejado el coche en doble fila. Todavía tengo que ir a casa a ducharme y luego pasaré a buscar a Magdalena. Encárgate tú de avisar a los demás  >>
<< El móvil de Mateo creo que no lo tengo >> digo.
<< Apunta >> dice él mientras consulta la agenda de su teléfono móvil <<663… >>
Yo introduzco los números y grabo el contacto en la agenda para avisar, primero a Mateo y luego a los demás, del lugar y la hora escogidos. Siempre me encargo yo de ese tipo de cosas, se me va una pasta con la factura del teléfono al final de mes.
Antes de que el jefe salga por la puerta recuerdo algo importante y le grito:
<< ¡Jesús, acuérdate de traerte la cámara de fotos! >>
<< Descuida, déjalo de mi cuenta Judas. En verdad te digo que la cena de esta noche va a ser inolvidable >>
Desde donde me encuentro lo veo marcharse relajado, con ese aspecto de hippie que le caracteriza y su aire bohemio. El pelo largo con sus rastas y la barba de varios días. A mis ojos siempre fue un revolucionario, un visionario adelantado a su época. Un tipo carismático que, seguro que en el futuro dará mucho que hablar.
FIN
                                                                              CÁDIZ, JULIO 2009

 

 

 

 

 

 

 

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Published on e-Stories.org on 07/20/2009.

 

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