Maria Teresa Aláez García

Regalo de reyes

En una ocasión me preguntaron unos chavalines si era cierto lo que sus padres les habían dicho: que los reyes eran ellos (los padres).

Bueno, no era cuestión ni de dejar a sus padres por mentirosos ni tampoco de hacer que ellos perdieran de golpe la ilusión. Poco a poco.

Les respondí que en los evangelios apócrifos y en el Nuevo Testamento, se hablaba de que a Jesús lo habían visitado los Reyes Magos. Es decir, si unos escritos antiguos hablaban de ellos, podían haber existido. Igual que otros escritos antiguos hablan de Pitágoras, Aristóteles, Platón, etc… personas que quedaban todavía más lejanas que nosotros, que también habían marcado escuela y que no sabemos realmente si existieron o no, al igual que Jesús o los Reyes Magos. Nosotros no hemos visto a ninguno. Hemos visto unas estatuas con sus nombres, tenemos referencias en dibujos pero a saber si realmente eran verdad o no.

Por otro lado – el rollo no acabó ahí – ellos sí tenían constancia de que en su familia había abuelos, tíos, primos, amigos, personas a las que habían visto realmente y que por desgracia o por ley de vida, no estaban con nosotros. Pero seguían recordándoles: sus palabras, sus obras, su compañía, cosas que ellos les habían dejado. Hubo quien me recordó que también dejaron sus juguetes, ropas y fotos.

En efecto. Esas personas ahora están en otro sitio. Sus cuerpos han cambiado y lo que queda de ellas, parte está en nosotros y otra parte, a saber: en el cielo, es energía, a saber. Lo que importa es que nosotros imitamos o reproducimos cosas que ellos nos dijeron o nos enseñaron: nombres, hechos, usamos sus cosas, hablamos de ellos como hacíamos en ese momento. Ellos acordaron que efectivamente, lo hacían.

Pues igual hacían los reyes magos.  Si existieron, a ver cómo iban a meterse en la casa de todos, a repartir todos los juguetes, a verlo todo. Pero… si podían contar con ayudantes y, sobre todo, esos ayudantes eran humanos. Claro, salieron los criados, los pajes, etc… Y les dije que en el desfile, habían visto que algunos de esos criados eran personas conocidas por nosotros si se habían dado cuenta. Que incluso nuestros padres podían trabajar también para los reyes y ayudarles. Entonces los reyes, desde donde quiera que estuvieran, mandaban a los padres que cuidaran a los niños, que los quisieran, que los protegieran y que no se olvidaran de ellos el día cinco de enero.  Pero lo más importante es que tenían que hacerse cargo de ellos como niños que eran  y enseñarles y cuidarles al igual que los niños.

Entonces se comprendieron muchas cosas: que no trajeran todo lo que pedían y que trajeran cosas que realmente ellos necesitaban, que a veces Papá Noël trajera los juguetes y los reyes las otras cosas o que no pudieran traer nada.  Y sobre todo les dije una cosa: que hablaban a todos los padres del mundo. Pero algunos, pues por muchas razones, no podían escucharles.  Y no sólo los padres: los jefes de los padres, los presidentes de los países donde viven los padres, etc… A veces los padres sí escuchaban pero los jefes no y no les daban lo adecuado para que ellos recibieran lo que habían pedido.  O eran los políticos los que estaban sordos. O no creían en los reyes y entonces no escuchaban en su corazón – no en su cerebro, no hablaban por medio de voces esquizofrénicas – esas llamadas de atención cuando dejaban a sus hijos descuidados, cuando no pagaban a los trabajadores o los expulsaban para tener los mismos millones de beneficio – hay jefes buenos y políticos buenos y esos se notan porque todo el mundo habla bien de ellos o no salen en los periódicos – o quizás enviaban  soldados a cometer barbaridades que quizás ni los mismos soldados deseen cometer, pero si no los fusilan a ellos. Esta última parte procuraba obviarla porque era algo fuerte para los niños y normalmente se quedaban conformes con saber que los reyes magos estaban igualmente pendiente de ellos doquiera que se encontraran.

No sé si existen o no, si han existido o no. Pero si hubiera sido así, les pido que por favor, traigan la luz de su estrella o miles de millones de audífonos para toda esa gente sorda por ignorancia y convicción, negligente y conformista por error, que permite impunemente por ideas y por poder o dinero que se asesine a inocentes.  Les pido que pongan sensatez en toda la gente que usa la  manipulación en primer lugar y la violencia en segundo lugar, para dominar a los demás y los engañan malamente con ideas que son demasiado antiguas y a veces concebidas falsamente y que ya no caben en nuestros tiempos, para robarles o estafarles sus riquezas minerales o sus gentes o su poder económico  o su influencia.  Que no son ellos, que son dos o tres pagados por personas que están cómodamente sentadas en su sillón y que recibirán en sus chalets con chimeneas y calefacción a unos reyes de grandes almacenes para sus hijos de película de los años cincuenta o del glamour, o a sus nietos, que quieren usurpar algo que tienen ellos o los otros y que no van a ir en persona a buscarlos porque son unos cobardes, sino que provocan alteraciones sociales llamadas guerras y tropas legales o ilegales para que el mundo pierda población pero no toda, sino la justa y necesaria porque ellos necesitan elementos serviles para  seguir en el poder y seguir engañando.

Pido que pongan luz en esas madres, en esas hermanas, en esas hijas. Bastante tienen ya las pobres, pienso. Pero ha habido siempre mujeres inteligentes que han evitado desastres y no seria la primera. Pensad que antes que las ideas están esas personas a las que amáis  y con las que compartís algo. Una cosa es morir por defender a los miembros de la familia y otra morir por unas ideas que han cambiado, que volverán a cambiar, que son simplemente aire y que  no os llegan a aportar más que sangre y dolor. Luchad por las ideas que os mantienen en pie, que os den amor, que os ayuden a vivir a vosotras y a vuestros seres queridos y que hagan del mundo un lugar mejor.

Por pedir que no quede. Pero por muy fuerte que sea una persona, no ha de dejar que su odio llegue a tanto que la ataque a ella misma. Por que todo es circular, todo va y vuelve y el mal enviado vuelve, el bien enviado también.  El mal puede ser un bien necesario para todos si todos salimos ganando y nadie perdiendo.

Espero que para todo el mundo el año sea próspero, pacífico, feliz y aunque sigamos trabajando, no nos falte más que por circunstancias de la vida y la naturaleza, ningún amigo ni enemigo ni lo más necesario: comida, sanidad, educación y un lugar que nos acoja.

 

 

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Published on e-Stories.org on 01/05/2009.

 

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