Maria Teresa Aláez García

Y como siempre, 2

II

Tus pupilas enlutaron mis tardes.

Fue una sensación… como aquella que se recibe cuando se corta la fina piel de la mano con el borde de una hoja de folio. Algo rápido, doloroso y escandaloso en cuanto a su respuesta pero silencioso en cuanto a su producción. A veces no se da la persona ni cuenta de que se ha cortado hasta que no encuentra todo el material en su mano, manchado de una sangre que se queda marcando la piel como los recuerdos, los sentimientos o las hojas muertas, como la nostalgia o la morriña.

Negro en tu ropa, en tu piel, en tu sombra, en tu rostro, en el halo invisible de tu rechazo, de tu despedida. Negra la umbría de las expectativas, que no deberían de existir. Se supone que la gente madura carece de expectativas. Sólo mira la vida como el que mira la televisión: si la vida está acorde con lo que necesita, sin esperarlo, cubriendo sus carencias, perfecto. Si no, lo busca. O simplemente deja pasar la carencia de largo. Si me quieres, perfecto. Ahora no me quieres, perfecto también. Y pasan las parejas a pares, una y otra, dando todos muestras de una gran madurez: ahora no te quiero, tienes un defecto que no me gusta pero podemos seguir siendo amigos y tú, como no tienes expectativas, miras alegremente cómo yo me voy con esta otra persona que tiene no sólo tu mismo defecto sino otros trescientos peores pero tiene una cosa que me interesa en este instante y mantenemos todos la amistad en perfecta armonía. Los sentimientos… nada, eso sólo existe para los adolescentes o los inmaduros. Todo es finito, nada tiene la perspectiva de lo infinitamente duradero, todo empieza y acaba, no sigue el camino de la energía, que se transforma.

Entonces digo adiós y sigo haciendo otras cosas y acabando o dejando pasar otras muchas. Cierro tu puerta y si veo que no hay ya sentido en mantener siquiera la huella del marco, limpio los recuerdos de tu historia y  elimino la puerta, tapiando el lugar.  Y continúo haciendo mi vida. No muestro quizás más que cierto aturdimiento: a fin de cuenta hubo algún tipo de intercambio químico que me hizo tener algo que me movió hacia ti pero… no tengo ese derecho, no existe para  volver porque de repente encontraste que algo de mi te hacía falta, lo quieres recuperar pero a mi no me conviene, para mi todo está acabado y ahí comienza la hecatombe.   De repente los demás tienen todo el derecho a sentir y a no ser heridos o vilipendiados por haber decidido tomar partido por algo y en cambio, personalmente, seré un ser malvado, falso, mentiroso, manipulador e intrigante, una persona obsesiva,  maníaca y degradada, un ser vil y caído en desgracia. No me importa. Bastante maltrecha tengo mi integridad como para pensar en ello y siempre encontraré quien sepa mirar con mis mismos ojos. Y si no, mejor quedarme a solas en mi caverna de cristal que en mi caja de serrín, en mi cerebro orgiástico y repleto de arañas de traumas y orugas de frustraciones.

Creo que lamentaré que esas miradas que te debía, se las llevará otra persona y que posiblemente en estos instantes no te importe nada. Pero en algún momento sí te importarán y te dolerán. No solo las miradas. Las conversaciones, los paseos, los conciertos que podíamos haber compartido, los viajes. No será lo mismo Praga sin ti, Milán no me acompañará a descubrir sensaciones en tus ojos y Viena no se verá sobresaltada por tu confusión o desprecio si te enfadas conmigo cuando me veas recoger nieve del suelo y cubrir alguna fuentecilla de piedra o algunas hojas caídas.  No te encontraré cuando cometa algún error, en ese gesto de reproche que me merezco y sí a quien posiblemente no quiera tanto pero con quien puedo ser feliz y a quien debo dar mi vida si compagina sus rutinas conmigo y juntos planeamos un futuro ya inexistente del todo contigo.

Luces en las calles. No están fundidas, como suele suceder cuando hay lluvia y viento. Son azules, como la canción que no escucharemos en secreto en las horas más arcanas del día o de la noche.

Son las ideas falsas que traen noticias de mentiras mantenidas por los siglos de los siglos.

 

 

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Published on e-Stories.org on 12/22/2008.

 

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