Regina Sedelke

La amenaza eterna Capitulo 3 y 4

 

 

Capitulo 3

 

 

 

La habitación especial

 

Mathias vaciló mirando al lugar enseñado. Era un chico de 9 años y, lo más natural era que estaba bastante curioso. Pero, como siempre se sentía responsable por su hermana y este lugar le pareció misterioso y peligroso, así que su conciencia le dijo que debería volver cuanto antes.

Retardó la decisión de lo que debería hacer, ordenando el pelo y la ropa de Nieves, secándola las últimas lagrimas que le salieron cada vez de manera más pausada.

En cuanto se convenció que con la pequeña estaba todo en orden, ya estaba más atrevido y se dijo que sólo éstas eran unas ruinas que ya hace mucho conoció por fuera y se imaginó qué dirían sus compañeros del curso cuando les contara de su aventura.

Adónde se fue el gato? ¡Dime!

Desapareció por esta puerta” le respondió muy claro.

Se acercó con Nieves de la mano muy cuidadosamente. Cuando llegaron comprobó que estaba cerrada. Bajó levemente la manilla de la puerta, pero no se abrió. Lo intentó de nuevo, esta vez con más fuerza, hasta que la sacudió varias veces, pero no se movió ni pizca.

Oye, es imposible que el gato se haya ido por allí, mira esta puerta no se puede abrir”

Pero sí se fue por allí” insistió ella.

Examinó con las manos toda la puerta palpándola minuciosamente, con ese fin encontró un huequito en la parte de abajo, cerca del suelo. Era chico, pero lo consideró como lo suficientemente grande como para que un gato pudiese pasar.

Ya no pensó en el peligro, ni quedó espacio para alguna duda, lo único en que era capaz de pensar por el momento era en como abrir la puerta. Era rara, toda la casa estaba muy quebradiza y frágil, al contrario de esa puerta que aparentemente estaba lo más fuerte y estable.

Sin quererlo le invadió una calma y claridad de pensamiento, que hasta ahora nunca conoció. Reconoció que con la fuerza no había ningún remedio resolver el problema.

Quedó como hipnotizado, no dominando sus actuaciones. Su mente se fundió con la madera. La sintió por todo su cuerpo, la podía olfatear, viendo por un instante la textura del interior de la puerta hasta que se encontró al otro lado. Estaba en un pasillo del cual poco podía reconocer con la penumbra persistiendo. Todavía como soñando quería adentrarse, dirigido por un haz de luz que entró por algún lugar, pero de repente le despertó un chillido lo más alto asustado y desesperado. Sacudió la cabeza como si se asomase del agua. Guiñó con los ojos y al golpe le invadió un miedo indecible al encontrarse en esa media tinta. Escuchó a su hermana gritando su nombre, se volvió y se encontró delante de la puerta separado de ella. Con pánico traqueteó la manilla, pero la puerta quedó cerrada. Gritó el nombre de Nieves, golpeando contra la puerta. De repente sus dedos chocaron con algo debajo de la manilla. Fue como si se le hubiesen detenido los latidos del corazón. ¿Esto acaso no era una llave, no? Tanta suerte no podía tener. Lentamente, pero recuperando su calma giró la llave y se movió inesperadamente con facilidad en el agujero. Bajó la manilla y se encontró frente a su hermana que le abrazó, aferrándose angustiosamente con una expresión de horror en los ojos no capaz de hablar.

Tan sólo ahora él se despertó por completo y reconoció lo que le pasaba.

 

Olvidando su propio horror vio lo necesario que era para tranquilizar de algún modo a Nieves, pero antes de poder empezar a decirle palabra alguna escuchaban los dos un suave ronroneo. La pequeña, como de todos modos estaba tan fijada con lo del gato reaccionó de manera rauda. De repente cambió su expresión de horror con una sonrisa feliz al ver de nuevo el gato.

Siguiendo la mirada de su hermana, Mathias también lo vio por vez primera. Era un animalito bonito, con pelaje pelirrojo de tigre. Con un andar elegante se fue del pasillo oscuro en dirección a los dos hermanos. Soltó un maullido y zigzagueó entre sus piernas.

Nieves se inclinó para acariciarlo mientras Mathias todavía se quedó petrificado de espanto. Pero Nieves se comunicó de manera muy viva con el gatito, con lo cual empezó a volver adentrarse lentamente al pasillo. Nieves hizo el ademán de seguirlo y Mathias todavía horrorizado y no del todo dominada la situación, la siguió a ella.

 

El gato se dirigió con certeza por el pasadizo y los dos tomándose de la mano continuaron. Llegaron a una puerta entreabierta, de ahí salió un resplandor tímido, además se escucharon voces hablando.

 

Tomándose de las manos más fuertes se acercaron a la puerta de la cual el gato ya se había alejado. Las voces se escuchaban cada vez más claras ... y para Mathias fue como si se le hubiese detenido la respiración...era la misma voz de su madre.

Abrió la puerta por completo y entró con su hermana a una habitación iluminada, ordenada y acogedora. En una mesa en el centro estaba sentada su madre con otra mujer mayor y un hombre de pelo cano con barba y unos lentes ya bastantes pasados de moda...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capitulo 4

 

 

 

Sorpresa inesperada

 

 

En cuanto los niños aparecieron en la puerta, los adultos acabaron de hablar al instante con una mirada sorprendente, pero satisfecha a la vez.

- Mamá...¿el gato es tuyo? ¿Como se llama?-

Exclamó Nieves, corriendo en dirección a su madre, abrazándola, sentándose enseguida en su regazo chupando con gusto su dedo, como si no hubiera nada extraño en este encuentro.

Al contrario Mathias se quedó en el umbral inmóvil como estatua. Lo único que daba signos de vida eran sus ojos. Abiertos de par en par con susto, no capaz de imaginarse ni de creer que ocurrió por ahí.

Desde que partió con Nieves de la casa hasta ahora apenas fueron unos 2 horas, pero los acontecimientos que pasaron en este tiempo le parecieron demasiados para superarlos.

Intentó de moverse hacia delante. Intentó de hablar. Pero el único que logró a cabo eran unos graznidos ahogados que soltaba de su garganta y un tambaleo torpe de su cuerpo que le provocó al viejo de levantarse de inmediato para prestarle ayuda a Mathias para que no se cayera.

Le tomó con brazos fuertes y le guió hacía una silla libre que quedaba en la mesa.

- ¡Siéntate hijito y cálmate! Aquí estáis a salvo. Te lo explicamos en cuanto te sientas mejor, pero primero toma un vaso de té. ¡Espera! Te lo voy a preparar.-

Con esto se dirigió al horno que calentaba la pieza de forma tibia y agradable.

La otra mujer se acercó con su silla al chico, le tocó suavemente del hombro y le habló con voz baja de forma tranquilizante. Tenía el pelo cano como el hombre, ojos marones que parecían profundos como la eternidad y un rostro que radiaba confianza y sabiduría. El pelo tenía peinado en ondas como Mathias lo vio a veces en fotos antiguas que le enseñaban sus padres, pero tan viejo no podía ser, pensó él, porque si tenía la cara arrugada, pero le parecía sumamente de unos 60 años. La madre se ocupó de la hija que pese a su edad se conformó de ser feliz al estar con su mamá y más encima tener al gato que no acabó de acariciar.

El hombre luchaba con el humo,escupido de la tetera que calentaba para preparar el té. Ya había puesto unas hojas secas en un vaso. Era un remedio especial que ya conocía de su padre y él lo conocía del suyo. Verdaderamente no se acordó hasta cuando se podía seguir su pasado. Lo único que sabía era que estaba heredero hace mucho tiempo del padre al hijo, junto a otros remedios y, claro junto a otros herencias aún más importantes.

 

Con la humeante taza de té en la mano, volvió a la mesa para servirle a Mathias, que tímido y tardío empezó de hablar con la mujer que nunca en su vida veía, pero que le parecía muy conocida.

-¡Tómalo! amigo, te hará sentir mejor y después hablamos.-

Le dijo tranquilamente el viejo y sonriendo puso la taza en la mesa, delante él. Al instante sintió el agradable olor que se le invadió en la nariz. Cuidadosamente tomó unos traguitos por lo caliente que todavía era el potaje.

Dirigiéndose por vez primera desde entró en la habitación, fijó la mirada a su madre, preguntándola:

- ¿Mamá...que hacen acá? ¿Cómo puede ser todo esto?-

Y recordándose a lo que le ocurrió en la puerta del pasillo, añadió:

- Sabes, esta casa es misterioso, me pasó algo tremendo...y además...¿ cómo puede ser que tan sólo esta parte de la casa está bien , mientras del resto sólo quedan ruinas?

Ella le miró sonriendo y contestó:

- Oye... eso es algo complicado y a lo mejor te lo explica tu bisabuelo, es que ya te estaba esperando hace un rato, pero no podíamos esforzarte en venir hacia aquí. El momento tuviste elegir tu...

 

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Published on e-Stories.org on 11/19/2008.

 

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