Maria Teresa Aláez García

Grito mudo de impotencia

 

En esta noche de funeral brillan velas en el cielo
 y tu orla de inocencia se esconde en el firmamento.
 
 Luna nueva.
 
 Amor nuevo.
 
 Noche negra.
 Velatorio con estrellas.
 
 Y yo sin poder gritar una ayuda ante tu puerta.
 Y yo sin poder decirte que pronto serás experta
 en llorar lágrimas ácidas de desespero y miseria.
 Lo que no has tenido nunca se te prepara y te acecha.
 
 Mujer.
 
 Sola.
 
 Estuviste sola, entera.
 Estuviste con tus hijos, tu trabajo y con tus penas.
 Sí, él estaba contigo, pero en el aire de fuera.
 Allá en el otro pueblo, allá en la otra tierra,
trabajando, por supuesto, para daros vida nueva.
 
 Trabajando sólo allí. Y tú aquí, y tú aquí cerca.
 
 Ambos sólo os recordábais toda la semana, entera,
 y os mirábais el domingo, para la semana nueva,
 no olvidar vuestros encantos ni deseos ni flaquezas,
 y reuniros en el sábado con las manos de amor llenas.
 
 Y así por treinta años.
 Ahora tenéis cincuenta.
 Ahora ya está todo hecho.
 Ya tenéis la casa puesta,
 la casa de los deseos forjada en viento y arena,
 y regada con las lágrimas de las horas de sospechas,
 de pesares e infortunios y de alegrías serenas.
 Ahora puedes descansar, tus hijos ya se despegan,
 y buscan un aire nuevo aunque cerca de tu senda.
 
 Y cada fin de semana lo buscas y allí lo encuentras
 entre flores y entre pájaros, allí en la naturaleza.
 Pero verlo es para ti como aquella vez primera.
 Porque aún lo llevas dentro, y dentro tu amor conservas.
 Guardas algo de pasión y alguna que otra terneza
 Porque tu amor es maduro, cincelado ya en la piedra
 de molino de los años, y aún escribes en ella
 cada día una palabra,
 cada día una leyenda.
 
 Y ahora.
 
 Tras largos años.
 
 Ahora.
 
 Ha llegado ella.
 
 Y ahora yo qué te hago.
 A ver.
 Me dicen que nada.
 Me dicen que mire sólo.
 Que rece por tus espaldas.
 Es cierto que no conozco
 los caminos de tu cara,
 pero hay algo más cierto:
 mi conciencia que me habla.
 Que me está diciendo a gritos:
 Habla con él, no se enfada,
 y si se enfada, que rabie, pero que sepa su falta.
 Él que decía anteayer que sólo a ti te adoraba
 y hoy de repente cuenta aquella que ahora ama,
 que le surgió de repente desde dentro de su alma,
 y mañana se amarán.
  
Y yo no puedo hacer nada.
 
 Y sigue diciendo ella, que él vive por tu alma,
 pero que la necesita porque Dios los puso en marcha.
 Y que le pregunte a él por ti, por tu pena amarga,
 porque aún tú no lo sabes, porque te miente y te engaña.
 Y hoy él hace la maleta y te preguntas qué pasa,
 y él te contesta, nada, me voy a por piedra basa.
 Como fue miles de veces, tantos fines de semana,
 que tu no lo acompañaste porque tenías tu casa.
 Pero ahora ya es distinto, este viaje, esa ansia
 que tu notas, no es por ti, no seas tonta, piensa, habla.
 Si notas que él está alegre sin ti este fin de semana,
 y sólo es por un viaje de mineral y de carga,
 que él suele hacer en un día para aprovechar jornada,
a qué viene estarse tres.
 ¿A tomar el sol de calda?
 
 Inocente.
 Amas sin duda.
 
 Inocente y confiada.
 
 Y luego recibirás en tu cuerpo su puñada
 que ya ha tomado ella con el amor de su entraña.
 
 ¿Y yo cómo te lo digo?
 
 ¡¡Eso me dice mi alma!!.
 
 Que ella no quiere al hombre,
que ella a hombre no ama,
 que si está con su marido es por su riqueza vana,
 que eso me lo ha dicho ella con toda su dura cara,
 que ahora lo ama a él como a otros cibernautas,
 porque él es su maestro en su horno y en su grial
 y lo desea al completo, con un furor animal.
 Todo eso de repente y sin pensarlo siquiera.
 Y ahora dice que lo quiere toda su vida completa.
 
 Y tú. Estarás ahí sola.
 
 Mirando la luna nueva.
 Tomando el fresco en la noche.
 Esperándolo en la puerta.
 Soñando con sus delicias, en tu seno, en tus caderas,
 imaginando más días de amor y dicha serena,
 envejeciendo los dos en el yate y con la pesca,
 y sonriendo, cual niña, por alguna confidencia.
 
 ¡¡¡Y mientras tanto ella y él
 estarán haciendo fiesta
 de amores y sublimados,
 de filosofales piedras!!
 
 ¿Y yo... cómo te lo digo.... para compartir tu pena?
 
 Yo no lo puedo impedir.
 
 Sólo mirar.
 
 ¡¡QUÉ IMPOTENCIA!!

 

 

 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Maria Teresa Aláez García.
Published on e-Stories.org on 08/24/2008.

 

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