Maria Teresa Aláez García

Y camino 4

Y CAMINO. 4.
 Yira, Yira. De Carlos Gardel.
 Gira el mundo gira en el espacio infinito.
 Todo es un giro, todo es un devenir, todo es una ida y una vuelta a lo mismo.
 
 Todo es la misma mentira.
 
 Carlos Gardel debía saber bien de qué hablaba cuando escribió ese tango. No se casó nunca. Más o menos veía de lo que iba la cosa y para qué iba a traer hijos al mundo. Quizás para hacerles sufrir porque en la clase de lugar que los iba a meter, más valía no traer a nadie.
 
 Esto no quiere decir que no quiera a mis hijos. Pero irme yo y dejarlo aquí en esta miseria. Para eso nos alientan a traer hijos al mundo. Para tener más esclavos, masa proletaria, masa electoral, más votos a los que engañar y que los mantengan ahí arriba. Pero ellos sólo bajan cuando los requieren y para hacerles daño: maltratar, torturar, para reírse, para usarlos de diversión o mano de obra. Si ayudan en algo es para recibir una compensación a ser posible siete u ocho veces mayor que la que han dado. O para una diversión. Al menos los delincuentes habituales que los imitan son más valientes y lo hacen a la cara, no usan esbirros. O si los usan, intentando mentir, al menos también se les puede coger porque son tan tontos que cometen errores.
 
 Qué manera de complicarnos la existencia. Amor, o la energía o Dios o quién sea nos pone ahí un mundo gratuito para todos y nosotros cogemos lo que no es nuestro y en lugar de cuidarlo y compartir su cuidado y beneficiarnos con el pago de ese cuidado que es la comida, los elementos para vestir, para construir, destrozamos la casa que se nos ha preparado, e incluso a quienes están con nosotros los tenemos confinados para que no nos den la lata y seguir actuando como reyes de nuestra casa, emperadores del mundo. Mejor que no haya dios así mandaré yo y harán lo que yo diga dado que elimino toda referencia a la sensibilidad, a los valores, a todo.
 
 Además, parémonos a pensar de dónde vienen las grandes fortunas. Pocas vienen del trabajo sano, honrado, de la inversión honrada y certera y del esfuerzo. Vienen del saqueo, del robo, de la conquista, del asesinato, de la corrupción, del vicio.  Y encima son hereditarias. Debían haber sido como el Toison de oro que se concede en vida y cuando se muere no se hereda. Nos habríamos evitado muchas conspiraciones, gobernantes sin capacidad para gobernar y muchos retrocesos. Y esa gente quiere mantener a toda costa su fortuna de ese modo: con mentiras, corrupción, asesinato. Por otro lado, sí, los que ganaron los títulos es cierto que expusieron su vida. Pero mataron a sus soldados no a ellos. Ellos dirigieron las tropas, cogieron la plaza, pero los que hacían el trabajo sucio, los esbirros, siguieron siendo soldados – a lo mejor un barril de ron, una casa o un sueldo un poco más alto para callarles la boca – y los mandos fueron los que se llevaron el premio gordo. La mentira usada fue por  la patria y lo honrado que es servir a las órdenes de su majestad imperial o dirigidos por el duque de la gran cosa. Por favor. Un medallita a los caídos y santas pascuas.  Y ya no hablo de la religión. Por Dios que resulta que quería a unos y a los otros no los quiere. Eso, sólo falta eso. El Amor que todo lo crea y que ha puesto el mundo a nuestros pies resulta que quiere que nos matemos entre nosotros para sentirse poderoso o para hacer a unos energúmenos más poderosos. No le ha bastado crear un universo y unos planetas para sentirse poderoso. Encima toma partido por unas criaturas que están devastando algo que les ha dado. Yo a veces creo – no lo sé, no he hablado y dudo que sea así –que nos ha dejado por imposible. Lo pienso. Creerlo no lo creo. Seguimos aquí porque en ocasiones nos ayuda para seguir subsistiendo como humanos y a las razas que siguen en el mundo también, de otros bichos.
 
 Nosotros a seguir mintiendo y a seguir sacado excusas. Total, de algo hay que morir y el muerto al hoyo y el vivo al bollo.
 
 Cuando Gardel interpreta este canto, lo hace atendiendo por igual a la técnica del canto y de la guitarra que al contenido de la letra. Es un hombre que hablando de algo que se supone ha podido experimentar, lo hace como si fuera una persona que cuenta un relato o da consejos, sin rencores. Nos habla de la realidad de la vida pero de tal modo y asumido de tal manera que podría pensarse incluso que habría personas como él mismo que podría ayudar a arreglarlo, que podría ayudar.  Quizás la atención a los modos de la canción fuera un modo de despistar… o al revés. A saber.
 
 Pero es mentira. Como él mismo lo dijo.
 
 Somos unos ineficaces. Unos mentecatos y unos maleducados.
 
 Somos unos manipuladores.
 
 Hacemos que la gente llegue hasta un umbral máximo de dolor y angustia y luego cogemos la sensibilidad y le arreamos un caramelito para tener a la gente bien sujeta ahí. La florecita de esperanza. La gran mentira de las religiones y los sistemas políticos y económicos. Todos veremos un cielo nuevo y una nueva tierra. Todos tendremos un sistema político justo basado en la igualdad de derechos. Todos tenemos derecho a un trabajo justo y a un salario digno y a poder comprar todo lo que queramos. Pero los mismos que nos predican el cielo nuevo y la tierra nueva nos muestran un infierno lleno de mentiras. Los que nos pregonan el sistema político justo basado en la igualdad acaban corrompidos y los que nos hablan del sistema económico que solucionará todos nuestros problemas buscan robarnos y evadirse montándose paraísos fiscales.
 
 Nos matamos con la mentira. Matamos a la gente de hambre. Nos matamos entre nosotros. Matamos nuestro cerebro, nuestras ansias. No somos iguales, ni queremos igualdad ni podemos aceptarla y eso que todos nacemos de igual manera y tenemos las mismas necesidades. Las sociedades nos educan para mantener sus mentiras y manipularnos convenientemente. Los padres manipulan a los hijos, los maestros a los alumnos, la sociedad a sus miembros, los políticos a sus votantes, los religiosos a sus feligreses, los capitalistas a sus inversores.
 
 Y… ¿para qué? ¿para sentir qué? Nada. Para ser felices aparentemente, para aparentar, para sentir vanidad, para vivir una mentira igualmente. Todo lo convertimos en mentira, todo lo hacemos mentira, todo lo denigramos con la mentira, todo lo removemos con la mentira, todo.
 
 El amor. Aparte de para folletear y dejar en paz nuestro bajo vientre, sirve para concebir y crear más individuos para manipular. Entonces cogemos el amor, realizamos una ceremonia de cortejo que aún en las sociedades primitivas han sido más civilizadas al darle nombre y al celebrar dicha ceremonia de cuando en cuando. Al menos todos los que han de pasar por dicha ceremonia saben mas o menos a lo que van y dan una palabra que tienen que cumplir. Malamente, porque el fin sigue siendo el mismo. Ahora llega nuestra sociedad Superior, Inteligente, Industrializada y Avanzada y coge dichos rituales, los estudia y analiza, comercia con ellos e incluso los estimula para que continúen. Luego coge a los individuos resultantes y hace con ellos unas maravillas maravillosas: prostituirlos, hacerlos trabajar en condiciones ínfimas o gratuitamente a cambio de algo que la naturaleza les proveía sin falta, que era el alimento. Y lo hacen mal porque lo han de esconde pero cuando los pillan dicen que es economía  sumergida  y ponen a un pobre elemento cabeza de turco del montón para que pague por ello y los listos de arriba tener sus guarreadas manos bien limpias.  
 
 Además, me hacen gracia los argumentos que usamos para manipular a la gente y mentirle: que si somos buenísimos y hemos de mostrar seguir siendo buenísimos y superiores por cegarnos y no hacer la maldad porque los que hacen la maldad son como niños, míralos, déjalos hacer que luego nosotros recogemos el fruto, acabamos con ellos, ganamos beneficios, se pierden unas vida inútiles – al fin y al cabo son números, como los soldados que combaten, como los enfermos en los hospitales, como los individuos que constituyen la sociedad, son sólo números que cuando se eliminen serán cantidades a deshacer. Ya se tienen en proyecto cosas para cuando yo me haya muerto. ¿Quién se va a beneficiar de ellas? Los nuevos chupópteros, hijos o arribistas o yuppies u hombres de negocios de los mentirosos y  los miedicas que tienen pavor de que todo el mundo tenga lo que le corresponde?
 
 A ver inventemos una nueva religión. Inventemos un nuevo sistema político. Inventemos sistemas económicos. Inventemos un nuevo deporte. Veamos qué pide la masa borreguera para seguir aborregándolos más. Hagámoslo del modo siguiente: que se sientan importantes como individuos: encuestas personalizadas,  llamarlos por su nombre, saber cuántos borregos son en su familia y su estado en todos los conceptos. Que piensen que nos preocupamos por ellos individualmente. Es más, que trabajaremos por todos sus derechos y que haremos todo lo posible. De cuando en cuando dejamos caer que se trabaja en lo suyo para que tengan cierta esperanza. Con decirles luego que no ha podido ser porque una mano negra invisible lo ha impedido o la bolsa o las circunstancias, ellos lo entenderán porque ni siquiera saben de lo que estamos hablando. Para eso hemos puesto un sistema educativo que no vale un pimiento, todo complicado y la tele, ese gran comecocos, ese artificio divino de la muerte que hace que todo el mundo piense que sabe mucho y donde les mantenemos informados de lo bien que van a ser correspondidos un montón de deseos y necesidades que no se cubrirán nunca. Además con la publicidad subliminal los ponemos a mil y a las hormonas juveniles las ponemos a cien mil para que no acaben sus estudios, confundirles para que no se reagrupen ni se enteren de nada.
 
 En primer lugar: hacerles saber que tienen necesidades que cubrir, que es necesario que las cubran y que han conspiraciones de diversos tipos que impedirán que las cubran. Entonces si podemos hacer que sufran carencias y se pongan al límite mejor.
 
 En segundo lugar, darles pildoritas para que vean que si con un poquito puede ser felices, que luchen por lo más pero no para hacerles felices a ellos sino para que trabajen como burros y nos hagan felices a nosotros que somos quienes nos los merecemos.
 
 En tercer lugar, a los que lleguen por obra y gracia divina, les usaremos como cabezas de turco para morir o enviar a la cárcel y ser nosotros siempre quienes tengamos las riendas, nosotros y nuestros herederos.
 
 Y si encima podemos hacer la vida imposible aparentemente a los nuestros, muchísimo mejor.
 
 A los ignorantes hacerlos muy ignorantes. Para qué estudiar, para qué darles a conocer. Démosles un placebo: religión. Démosles otro placebo: la tele, que no falte aunque sea en batería. Otro: la música. Otro: las tradiciones. Ya tienen con lo que entretenerse. Y si no, la política, nacionalismos. La economía. Marketing. Hale a tapar nuestros instintos bajos con cosas elevadas para ellos. Los anuncios de la tele son superiores y dándoles lo que ellos quieren en las imágenes, mucho mejor.
 
 Aguantémosles como borregos hasta que se mueran. Y mientras por un lado, justificando con las tradiciones tribales dejamos que tengan campos de plantas y fábricas y laboratorios de química para que se droguen y chuten a gusto, por el otro les haremos ser consciente de lo nefasto de la droga. Y si aún así no se enteran, siempre nos queda el terrorismo o la guerra con cualquier imbecilidad para que se maten.
 
 Habrá quién diga: esto es una imbecilidad  y los imbéciles siempre imaginan conspiraciones.
 
 Habrá quien diga también: los poetas, locos y borrachos, siempre dicen la verdad.
 
 Desconfiad de estas personas. Son precisamente las que más mienten.
 
 Y la ignorancia, el peor de los defectos pero el más socorrido. A todos nos gusta más ser ignorantes para no conocer el dolor, sobre todo el dolor y la soledad y la guerra interior.
 
 Se nota cómo el cuerpo humano lucha contra el dolor, lo negativo y lo que le hace mal. No hay más que ver cómo empecé este escrito y cómo parece paliar mientras lo continúo, en su agresividad. Entre los temas cotidianos, entre las cuestiones de salud, la tensión que llevo dentro se elimina. El cuerpo va buscando más placebos, el cerebro busca y rebusca los momentos y sentimientos que me gustaban para poder soportar el daño continuo que en mi interior se va haciendo. El daño que está desgastándome y desgarrándome las entrañas, el estómago, los pulmones, la garganta y la cabeza ya. Tengo hemorragias, las piernas enormemente hinchadas de no dormir, vomito de todo y de todos los colores, no puedo respirar, casi no puedo hablar, tengo la garganta hinchada, la cara pálida  y ojerosa, tengo que tomar calmantes continuamente. Aún así obligo a mi cerebro a no engañarse. Me impone el escuchar música que me guste para aliviar la tensión. No le dejo. Me hace sentir diversos sentimientos a lo largo del día que puedan gustarme para darme un respiro. No se lo permito porque esa realidad que pretende presentarme es falsa totalmente. Además implica a otros que ni siquiera participan lejanamente en ella. De hecho, los que participan cercanamente son para chantajearme, manipularme, esconder cosas y luego denunciarlas y jugar independientemente de que tengan necesidad de hacerlo o no. Simplemente por sentir que pueden hacerlo, que pueden controlar y hacerme ver que soy un juguete y que yo soy la que no puede controlar.
 
 ¿Y si los juguetes son ellos y yo lo único que hago es divertirme haciendo de actriz hasta el momento en que me canse de ver cuán fácilmente los engaño?
 
 Qué asco, qué mierda de gente, qué agonía de mundo, que pocas ganas de vivir así.
 
 Muchas veces veo gente que aparentemente es legal. O son personas como yo. Que quiere ir de buena fe, que quiere hacer que esas mentiras llamadas valores sean realidad porque lo malo sabemos que existe pero lo bueno lo negamos para tener controlado al otro. Que para vivir, al menos intentamos hacerlo lo mejor que podamos. Buscamos la mayor de las mentiras. La felicidad. Y la intentamos coger con otras mentiras. Bondad, etc. Por eso estas mentiras no tienen cuerpo. Sólo vemos sus efectos. 
 
 Qué pena siento de estas personas. Harían el mundo muchísimo mejor. Sólo quieren seguir en sus cortos espacios de vida lo que se ha pensado para nosotros: hacer las cosas del modo más abierto y honrado posible. Y quieren usar esos músculos de la cara que sirven para reír. Pero sanamente, abiertamente, francamente.
 
 No para reír del modo que lo hace la gente de hoy en día: manipula a una persona, la agota, la acosa, la tiene a raya como el gato y el ratón y espera a ver hasta dónde puede aguantar y estalla. Eso está penado por la ley en muchos países. Pero como todo es mentira y eso hay que demostrarlo, vaya usted a gastar tiempo y dinero en cosas como esa. Vale más aguantar.

 

 

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Published on e-Stories.org on 06/19/2008.

 

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