Maria Teresa Aláez García

Daño1

¿Por qué nos lastimamos de este modo? Por nuestras expectativas, por nuestra manera de ser, por proyectar lo que llevamos dentro en forma de venganza o de aprecio o de dolor. Por qué hay silencios fríos que hieren como un corte con un carámbano de hielo, por qué hay palabras que hablan con amargura aunque su redacción lleve un mensaje con contenido humorístico, por qué vemos irrealidad en lugar de la verdadera situación, por qué no podemos ponernos en la postura de la otra persona y ésta actuar a la recíproca y mirar la nuestra.

Por qué mentimos, por qué somos tan falsos, por qué la hipocresía que nos lleva a parecer que tenemos un halo de bondad que nos santifica y los gestos del rostro ensombrezcan esa orla con una simple mirada. Con un semblante de insatisfacción, con un beso no dado, con un juego no realizado, dejando a un niño llorando sin saber el por qué y haciendo sufrir gratuitamente al contrario para no disfrutar con ese sufrimiento que nos causa un doble dolor.

¿Qué tenemos dentro que nos hace ser así? ¿Qué nos han inculcado durante años todas las personas que nos rodean? ¿Por qué nuestros padres han permitido que ocurriera esta invasión y contaminación de nuestras mentes y de nuestros sentimientos y por qué nosotros continuamos haciendo lo propio con nuestros hijos?

¿Qué clase miserable de personas somos?

Cuando nació mi hijo me propuse que fuera un niño que pudiera pensar por sí mismo y decidir por sí mismo en cuanto a ver los inconvenientes y los pros de las escenas diarias. Simplemente dirigía sus pasos en lo básico pero él se iba haciendo y formando juicios de valor. Se sentía seguro de sí mismo, satisfecho con sus logros y, sobre todo, era feliz. Hasta en sus contactos sociales, no sentía frustración porque no tenía expectativas en cuanto al resto de las personas y toleraba las frustraciones.

Había que campear viento y marea con abuelos, tíos, vecinos, etc…  que intentaban inculcar lo que a su "buen juicio" estaba "bien" o estaba "mal" según los convencionalismos sociales.

Y entonces llegó el contacto con la bestia. Entró al colegio y se tuvo que enfrentar con la sociedad. En un principio todo fue bien. Pero las insatisfacciones ajenas, los odios ajenos, las envidias ajenas, fueron haciendo mella en él. "Es necesario que...." ¿Por qué es necesario qué?

¿Por qué?

¿Por qué no hablamos claro y me decís, cuando nace mi hijo, cuando me presento en un trabajo, cuando voy a realizar una labor social, que tengo que ponerme un disfraz de algún tipo de monstruo de cara simpática y fauces de lobo, que tendré un número en lugar de un nombre que me defina, que tendré que actuar agresiva y miserablemente en favor de ganar para otros y que he de ser un animal? ¿Por qué no habéis dejado dispuesto con letras bien grandes que nos estáis educando en una selva de leyes y disposiciones forzosas a ser animales sanguinarios peores que los que viven en la jungla y sólo actúan por instinto?

¿Por qué no hemos dejado nunca la ley del más fuerte y el procedimiento de tirar la piedra y esconder la mano?

¿Por qué nos seguimos haciendo tanto, tanto daño.....?

 

 

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Published on e-Stories.org on 04/16/2008.

 

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