Erivaj Ascima Pezlo

Señor X

Nuestro protagonista es una de las muchas personas que no encontraba su felicidad, sin embargo no se había quedado quieto y había empezado a estudiar una de las carreras mas difíciles en todo el país, de forma que tubo que migrar del pueblo natal a la gran ciudad, una vez allí estudiando se dio cuenta de que no sabía lo que quería, así que se puso a trabajar mientras conseguía acabar la carrera, por tener algún titulo que demostrara su esfuerzo, y que además le hiciese diferente de las personas comunes o eso creía él.
Sin embargo mientras pasaba el tiempo se daba cuenta que había muchos en su situación, es mas él creía que era una moda el echo que hubiese tanta gente que no encontrara su camino en la vida, así pues muchos de ellos divagaban por el mundo sin realmente hacer nada, otros tenían el dinero suficiente de sus padres como para dilapidarlo en cualquier ocio o quehacer, y los mas pobres de espíritu se unían a grupos de gente que tarde o temprano llegarían a ser sectas. Viendo que nuestro protagonista es uno de tantos lo llamaremos señor X, como una función matemática, ya que se puede substituir por cualquier valor.
Nuestro señor X no rebasaba la veintena de edad pero podría haber sido perfectamente más mayor.
 
Un día nuestro señor X recibió una llamada inesperada, era un antiguo compañero suyo de escuela, del pueblo de donde salió para dirigirse a la ciudad, el compañero le invitó a una de esas cenas que se suelen hacer al cabo de los años para recordar como fue el colegio, o así se hace creer al que se le invita.
Pero nuestro señor X sabia muy bien que de que se trataba, era sin lugar a dudas, según su opinión, una cena o una excusa para saber como iban en la vida sus otros compañeros de curso, quien había llegado a ser que y sobretodo quien era al que mejor le había ido.
 
Aun así no quiso decepcionar al antiguo amigo y nuestro señor X decidió, aunque con muchas reticencias mentales más que nada por su actual estado social, aceptar la invitación.
 
Así pues nuestro señor X le comento a su chica, la señora Y, que es una de esas chicas venidas a más en la vida, tantas como señores X, las cuales se juntan con alguno de ellos, pues de algo, desconocido por nuestro señor X e incluso por el narrador, se deben de enamorar. Le dijo nuestro señor X a la señora Y que había aceptado la invitación propuesta por su antiguo compañero de clase, así pues decidiría ir a su pueblo por aquella noche para la cena y volver tan pronto como fuese posible para cumplir sus obligaciones laborales e académicas, y obviamente estar con Y.
 
Nuestro señor X quería a Y pero debido a que su brújula no le funcionaba muy bien, no sabia ni cuanto ni porque, el estaba en todo a la espera de algo.
 
Nuestro señor X salio de la gran ciudad hacia el pueblo de donde salio y mientras iba en el tren le empezaron a asaltar antiguos recuerdos de la gente con la que se iba a encontrar, la melancolía se apodero de él y todo por estar perdido en la vida, ya que en los momentos de lucidez que acudían a él como relámpagos en una noche de tormenta dejaban ver las cosas claras.
 
Mientras iba pensando en su incapacidad por no haber conseguido nada ya en su edad, excepto la señora Y la cual le había conseguido a él, quería plantear los posibles diálogos con la gente, y aun no sabia si maquillaría su estado actual con alguna excusa para justificar su mas que dilatado retraso académico, y llamar de otro nombre mas técnico al trabajo basura que había conseguido, o realmente tendría el corazón para decir lo que realmente pensaba.
 
Al final nuestro señor X, que no es una mala persona tan solo perdida en la inmensidad de las circunstancias, decidió armarse de valor y decir la verdad, sin intentar dar pena, pues él era realmente orgulloso, y de alguna forma creía aun en si mismo.
 
Cuando se bajo del tren y se dirigió hacia los autobuses de la ciudad que comunicaban esta con el pueblo, le iba entrando un hormigueo en la tripa que le hacia erguirse, y darse cuenta de que estaba nervioso.
¿Como serian ahora? ¿Cómo habrían cambiado?
Finalmente llegó al pueblo al medio día y su sorpresa no tardo en llegar aun sin haber llegado la cena. El pueblo se había convertido en una pequeña ciudad, que tenia lo que las ciudades suelen tener, hacia tanto tiempo que no iba por el pueblo que no se había dado cuenta que aparte de la gran ciudad, en el resto de lugares había vida.
 
Así pues pudo observar que había grandes supermercados e incluso cines, y que para su sorpresa mayor pudo ver un cartel donde dirigían a un posible conductor hacia el Zoo.
No salía de su asombro aun, cuando alguien le reconoció por la calle, y se dirigió hacia nuestro señor X llamándole, así que se giro y aun en la sorpresa no reconoció al antiguo vecino.
El vecino era un antiguo compañero de colegio además. Vivía en su misma calle y empezó a recordar como era. Así que empezó un dialogo precedente a la cena, que podria decirse era un ensayo para nuestro señor X.
 
Mas tarde cuando ya se dirigía hacia un restaurante para comer, empezó a preguntarse porque le habría dicho la siguiente pregunta:
-Aleix viene de Alejo, ¿no?
Era una de esas preguntas sin sentido que a veces hacia, en fin, nuestro señor X se dio cuenta que estaba realmente nervioso, y que además esa noche seria tal vez bastante larga.
Ya en el restaurante, alguien le volvió a reconocer, esta vez se trataba de uno de los componentes de la cena.
El dialogo aunque al principio tenso y entrecortado, luego se hizo mas distendido, más que nada porque era uno de los amigos de la infancia de nuestro señor X.
No tardo en llegar el punto de la conversación que el más temía, y lo más imprevisible fue lo que escucho:
-          …, bueno y ¿Que tal te va todo hombre?
-          Bien, estoy aun estudiando y trabajando. ¿Y tu?- Dijo nuestro señor X
-          Igual.
-          Ah ¿si?, ¿también estudias?
-          Si, han puesto una universidad en el pueblo, que como en la ciudad no había lugar, la han trasladado aquí, como el Zoo.
-          De veras.- Nuestro señor X no salía de su asombro y un nerviosismo se apodero de él.
-          Si, de hecho creo que es la misma carrera que tú haces allí en la capital.
-          ¿Cómo?- Lo más sorprendente de todo era que él no supiese nada de eso, ya que su carrera solo se hacía en la capital y en ninguna parte más del país.
-          Si, así que todos nos apuntamos en un principio, además daban facilidades a los del pueblo.
-          ¿En serio? - Le temblaban las piernas.- Y que tal, ¿es difícil?- lo peor de sus sentimientos empezó a surgir de él, y esperaba que hubiesen dejado todos la universidad al poco de empezar ya que era la mas difícil de todas.
-          Si, pero ahí estamos.
Una vez fuera, esto empezó a indignarle de sobremanera, no sabia porque pero su malestar aumentaba a cada momento, llamo a la señora Y para comentarle, lo que desde su punto de vista era una desdicha, sin embargo no lo creyó así la señora Y que decidió alegrarse mucho por sus compañeros y le recriminó que no fuese tan envidioso. Esto no hizo sino acrecentar su malestar, llegando a la rabieta incontrolada.
Así pues nuestro señor X obcecado y desesperado, se dirigió a la supuesta universidad, para exigir una explicación, estaba tan malhumorado que no se dio cuenta de la arquitectura de la universidad, ni de todo lo nuevo que habían echo en el pueblo. Solo veía malhumor.
Subiendo las escaleras hacia la universidad, en un pasillo encontró a otro de sus compañeros de su antigua clase, que iba a ser comensal en la cena. A este sí lo reconoció, y antes de dedicarle buenos días, le pregunto por la existencia de la universidad, y de porque nadie le había dicho que estaba.
Tenía los ojos hinchados, y rojos de rabia, y a cada momento una fuerza indescriptible hacia que quisiese salir de aquel pueblo rápidamente, tan rápidamente como la llamada de la invitación que ahora empezó a arrepentirse de haber aceptado, e incluso de haber descolgado.
De repente estando los dos en conversación se oyó un tremendo “boom”, acompañado de un largo silencio, y después de gritos y desesperación. Esto hizo que nuestro señor X saliese de su malhumor para entrar de nuevo en la sorpresa, en la alerta.
Ambos compañeros bajaron escaleras tan rápido como pudieron, tan solo por curiosidad, y al salir a la calle vieron como toda la calle estaba en llamas, además a la izquierda del la calle había un terraplén y encima de él, el Zoo.
 
Se dirigieron hacia el lugar por si podían ayudar a alguien. Mientras iban, gente se sumaba a ellos, entre los cuales estaba el amigo de la infancia. Todo el mundo se quedo plantado delante del fuego a la espera de algo.
Y nuestro señor X reacciono, fue el primero en hacerlo, tal vez esto hiciese que se diera cuenta de que sus circunstancias eran nimiedades comparadas con lo que realmente había pasado, y por ser hombre del momento y muy impulsivo, la situación, de alguna forma se había puesto de forma que estaba en ventaja respecto a todos los demás para poder ayudar.
 
Así, empezó preguntando donde podía haber mangueras o bocas de incendio, y se puso en acción, mientras la gente además de indicarle, le imito. No a él obviamente, sino a ayudar, pero nuestro señor X empezó a sentir el buen humor, además de darse cuenta de que había sido el primero que había echo algo y sobretodo el primero que había dado
la Orden
de hacer algo.
Entonces el agua y el fuego se unieron para romper el hormigón que aguantaba el terraplén para los posibles desprendimientos, ya que encima estaba el Zoo, además de edificios.
 
De subito una vez mas un nuevo boom mas seco pero no menos importante tuvo lugar, y esta vez nuestro señor X pudo ver los edificios cayendo a cámara lenta, como estaba pensando lo que estaba pensando, que el había sido el que había dicho que hacer, cuando y como, se sentía responsable de la gente, así que aviso a toda la gente que pudo en esos pocos segundos y aparto al máximo de personas posible, pero no fueron todas, de forma que se vinieron encima los edificios a los restantes.
 
Una vez mas nuestro señor X, sin pensar, como casi todo lo que hacia en la vida, en el horror de la situación empezó a ponerse en acción, y pedir a la gente que le ayudara a sacar de debajo de los escombros a los heridos y o muertos. La adrenalina le recorría todo su cuerpo y se sentía vivo.
Mientras hacia esto, vio que debía haber mucha gente debajo de los escombros pues no había podido apartar mucha gente, pero el calculaba muchos.
Se oyó un rugido, a lo lejos se pudo ver una cola color marrón de donde provenían los rugidos, entonces rápido nuestro señor X incito a los supervivientes a subirse encima de los escombros.
La gente invadida por el terror y el miedo no atinaban a subir y escalar los metros de  escombros que habían.
Se ayudaron a cuantos pudieron pero tantos otros murieron en las fauces de los animales del Zoo, que debían llevar meses sin comer, pues estaban haciendo un autentico festín.
Encima de los escombros quedaban una treintena de personas.
El agua de las mangueras, que seguía saliendo, empezó a llegar por la panza de los leones, y los cables de la luz les dieron su merecido.
 
Sin embargo ahora estaban rodeados por el agua, que a saber que habría debajo de ella, y no tenían muchas posibilidades.
Entonces nuestro señor X empezó a reparar que los que allí estaban, encima de los escombros junto a él, eran todos sus antiguos compañeros de clase únicamente.
¿Una coincidencia? No le dio más importancia y empezó a pensar en como salir de allí, pues subía el agua muy rápidamente.
 
Se fijo en que una de las canaletas de Uralita se había quedado en suspenso entre unos escombros y otros, entre edificios, así que miro a todos los que allí estaban y pudo reconocer a sus amigos de la infancia.
De repente y por segunda vez aquel día, le vinieron antiguos recuerdos de cada uno de ellos, sobretodo recordó como cuando iban cuatro de sus amigos y uno de ellos era siempre el que llevaba la voz cantante.
Se dirigió hacia la canaleta y describió el plan a su nueva clase, que supuso que por haber seguido al que habían empezado a seguir le seguirían, y así fue exceptuando el amigo que en una infancia no tan lejana por lo visto, había sido el mandamás, pero nuestro señor X no se amedrento y le explico el plan.
El amigo se dio cuenta de que alguien le intentaba dirigir, algo que el nunca habría consentido, y se opuso diciendo que quien era él para dirigir el asunto.
 
Pero nuestro señor X le quito importancia haciendo la observación de que debido a las circunstancias no deberían pelearse por estas nimiedades, cosa que el resto de la clase apoyo, pero por motivos diferentes a los de nuestro señor X pues quería ganar la pequeña disputa.
El amigo, posiblemente por ser bastante voluble, accedió y paso por la canaleta y nuestro señor X se dio cuenta de que estaba vivo. De cómo había empezado el día y de cómo había acabado, de cómo si hubiesen sido otras las circunstancias no habría ayudado el primero ni tampoco dirigido a los supervivientes, de que si él no se hubiera enfadado e indignado por la existencia de la universidad, no habría podido cambiar hacia un repentino cambio de actitud, se hubiese quedado como todos los demás mirando el fuego y viendo los edificios caer encima de si mismos. Así pues, ¿que le hacia diferente a los demás? Se dio cuenta de que las circunstancias y solo estas habían echo posible todo aquello, pero sobretodo descubrió algo de él muy importante, algo que llevaba buscando desde hacia una veintena de años. Para que servia él, o que iba a ser de él, y la respuesta era un hombre del momento, una persona de acción, de circunstancias, que si se unen de alguna forma pueden llegar a hacer reaccionar a nuestro señor X hasta que empiece a sentirse vivo, que es lo que buscamos todos.
 
Un nuevo ruido sonó desagradable, la canaleta empezó a ceder, no, empezó a desvanecerse, pero... el ruido no procedía de la canaleta, era...
 
El despertador.
 
Entonces nuestro señor X se giro hacia Y y le dijo lo que había descubierto.

 

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Published on e-Stories.org on 01/23/2008.

 

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