Angels Vinuesa Fernandez

LA TROPA MAÑANERA DE LA PLAYA

LA TROPA  MAÑANERA DE LA PLAYA
 
 
Si bien  el otro día hablábamos del personal  nocturno de la playa , hoy nos ocuparemos  de todos aquellos personajes que  visitan la playa en horas  diurnas , no hay que decir que es imprescindible leer el anterior relato “La  playa por la noche no está sola” para  poder comprender este ( es una sugerencia , nada más ) “
 
 
Son las ocho de la mañana, la playa, ahora si por fin está solitaria, y desierta. Diseminadas y esparcidas  entre la arena  están las hamacas  tendidas en azul y blanco, las sombrillas perezosas  se encuentran recogidas  en si mismas, y los patines en el túnel de salida, preparados para que los bañistas  los quieran alquilar.
Reina un silencio absoluto,  acompañado  por el rumor de las olas  al chocar contra la orilla. El sol, poderoso en lo más alto de un cielo azul celeste inmaculado. Ha despertado de su letargo, para seguir demostrando que el es el astro rey, a pesar de tener sus días contados.
 
Como por arte de magia, la playa se  va  poblando de una singular  tropa que  agruparemos en varias tendencias, como la moda.
 
Es mejor , pienso , después de  tomarme el café en el chiringuito y  de una noche  ajetreada , esperar un poco más hasta que me venza el sueño, y descubrir desde la colina  donde puedo ser observadora muda  de los personajes que van  apareciendo ante mis cansados ojos . Mi posición  estratégica, es  como una aduana donde puedo  ver sin reparo a todo quisqui que baje a la playa.
 
Cuando estoy distraída  observando como se afanan los  currantes  de la playa en tenerlo todo  listo aparece  ante mí  la que llamaremos Familia Feliz. Prototipo de familia española, que bien están de vacaciones  o bien tiene su segunda residencia  en la playa, aunque estos suelen venir mas tarde.
Este prototipo de familia española está compuesta normalmente   por los papás  y   dos niños de corta edad. Al papá lo conocerás porque ya  se le averigua la curva de la felicidad  , bañador  discreto a media pierna  , gorro  y lleva   dos sillas playeras , la mamá que  siempre suele ir detrás con los niños de la mano ,  vestidito de playa de cortes orientales, y una gran  bolsa colgada al hombro .
 
 Los pequeños , con sus  gorritos  y chancletas ,  llevan  cubitos , palas , y alguno más  mayorcito un flotador , parecido a aquellos negros que se utilizaban en las playas de los sesenta  y que no eran más que un llanta de una rueda de camión, lo que ocurre es que ahora son más sofisticados , de plástico y con algún anagrama , pero sobre todo ¡pesan mucho menos!
 
Es curioso que  dichos cubitos se dejan olvidados en la playa al atardecer mucho más de los que pensamos , contando en más de una ocasión hasta veinte, con sus palas a juego.
 
La madre va  riñendo a los chicos, y ellos felices   bajan alegremente a disfrutar de un día de playa que luego explicarán a sus amigos del interior de la península. El padre delante pasa de todo,  lleva los ojos  llenos de sueño y normalmente mala leche.
¡Joder lo que pesan las  sillas!
¡Cada día la misma historia, os dejo en la playa y  me voy a la sombra a tomarme  un tinto de verano!- exclama   en sus adentros.
 
A la limón pero un pelin  mas tarde  hacen su puesta en escena las señoras de buen ver  , con estupendos  bronceados , pareo a juego con el   bañador  y silla en la otra mano  , amén de la  citada bolsa que también cuelgan de su hombro .
 
Ellas como no tienen maromo, o bien se ha quedado en el bar, arrastran con todo el equipaje, alegres y distendidas.
 
 Ya tirando hacia el medio día  aparecen  las parejas de enamorados, que han aprovechado sábanas y  buffet libre en el hotel, y suelen bajar a la playa  cogidos de la manita y besuqueandose hasta la orilla, amén de algún  achuchón en el trasero de la  chica  que responde con un:
 
¡Cariño, que nos van a ver!
 
 Empieza a calentar de veras el sol, que ya se encuentra en su punto más alto  cuando llegan los adolescentes. Despeinados ellos, sin más utillaje   que  las  zapatillas, el bañador, normalmente bermudas y una toalla colgada en  un hombro.
Ellas   benditas adolescentes, con impecables  bikinis de vertigo imposibles para cuerpos que no sean de esa edad,  bolsas y zapatillas a juego.
Ambos suelen llevar   walkman en los oídos.
 
Los chicos al llegar a la playa   arman un alboroto tremendo, acabando con  una gran carrera en el agua, para pasar seguidamente  a sentarse  en el chiringuito a tomarse una birritas .  O a jugar a la pelota  echando arena a todo el que está a su alrededor.
 
Ellas se tuestan literalmente al sol, impregnándose  de bronceador hasta los  dientes  dando a la playa  ese olor característico a veraneo.
 
Los turistas extranjeros  suelen ser   más madrugadores, pero los reconocerán  por esa capacidad camaleónica de cambiar de color, pasando desde el blanco leche, al rojo pasión, para acabar con el marrón chocolate,  que luego lucirán en sus  países en los que el sol no sale ni por asomo. Rubias ellas, rubios ellos…
 
En la hora en la que  supuestamente  es la  comida,  y cuando ya han desparecido las familias felices  y la señoras de buen ver , asoman en la playa todos aquellos trabajadores de los hoteles circundantes , que aprovechan el ratito  que les  dan de resuello para darse un  chapuzón . Así que la playa se inunda de camareros,  cocineros,  botones de hotel, limpiadoras de habitaciones  y todo el mundo laboral de temporada se da cita en la playa. Los reconocerán  porque ellos no lucen el look playero, y normalmente  llevan toallas  delatoras del hotel al que pertenecen, normalmente blancas.
 
Al atardecer hacen su aparición  las  familias de emigrantes, que acabado el currro se acercan a  la playa para pasar un rato. Son familias numerosas, compuestas de los diferentes miembros de  una o más familias que  ya residen aquí en nuestro país, pero que conservan el arraigo familiar que nosotros desgraciadamente hemos perdido.
 
Llevan consigo,  mesas, sillas, mochilas  para  cenar en la playa y alargar un poco más  la conversación sobre su lejana patria y sus costumbres.
Pero ¿Cómo?..
 
Ya están aquí  las gaviotas y los perros.
¡Coño! Si esta peli ya me la se de memoria...
.. Y llega  el anochecer en la playa, pero…
¡Eso ya lo saben!
Y sino lean el otro relato…
 
Angels Vinuesa

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Angels Vinuesa Fernandez.
Published on e-Stories.org on 07/17/2007.

 

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