Maria Teresa Aláez García

La carta más difícil de escribir.


Por tu hermano, que te tiene presente constantemente.
 
 Hace tiempo que quería dedicarte estas letras. Para que permanezcas viva, para que nuestros sueños no dejen ruinas a nuestro alrededor. Para que tu vida, tan distinta de la nuestra, tenga un sentido similar al nuestro y para que compartas con nosotros muchas cosas, aunque estemos tan distantes.

Cada día pienso en tí. Tengo un pensamiento para tí. Comencé a escribirte algo pero el depender de ello me hacía olvidarte y preferí dejarlo, así estaría viva contigo. Tu hermano no hace más que preguntar por tí, por qué no estás, por qué no llegaste. Él tenía muchas esperanzas y deseos de verte. Te quiere. Tu padre, aunque no lo manifiesta, te echa mucho de menos. Y yo... yo quiero que desde donde quieras que estés compartas todo el amor que tenemos, el que guardábamos para tí y el que esperamos darte personalmente algún día.

Fíjate si eras deseada, si eras bienvenida, que el día que nos dejaste, tu hermano estaba a mi lado haciendo guardia mientras yo caía desmayada. Tu padre me quiso enviar al hospital y fui yo quien te negó ese apoyo merecido...aunque ya era tarde y quien te enviaba, te recogió de nuevo. Estuvimos contigo hasta el último momento, no te dejamos de lado porque queríamos es tar contigo a las duras y a las maduras.

Fueron maduras, desgraciadamente.

Fue la falta de conocimiento y de conciencia lo que hizo que no estuvieras aquí con nosotros. Que no te quedaras y que te fueras del modo que lo hiciste, hace ya un año.

Me cuesta superarlo. Por mucho que me aconsejaran no pensarlo, que me dijeran que no había nada que hacer, que era lo mejor, yo sigo queriéndote y hablando de tí, y sigues en mi como si estuvieras aqui con nosotros, Beatriz. Nos uniste un poco más aunque ahora estemos algo distantes porque aquel dia fuimos muy conscientes de tu partida.

Tu hermano sigue dando guerra. Con sus t renes, el ordenador, el age of empires. Con cinco años, casi seis, que tiene, y sigue pidiendo que vuelvas, que vuelvas. Con sus ojos de niño, grandes, de niño que intuye todo, con su boquita de labios finos, con sus c anciones de Santa Justa Klan. El quería llamarte Natalia. Él sigue preguntando qué pasó porque aquel dia estaba muy asustado y no entendía nada. El pobre, con su latita de foie grass intentaba escuchar los latidos de tu corazón y del mío y la usaba a modo de estetoscopio.

Tu padre tiene ahora un buen trabajo. También se llevó un buen susto, aquel dia, luego un año casi después con el accidente que sufríó en el taxi junto a tu hermano. Supongo que tú con los bisabuelos y bisabuelas impediste que la cosa fuera a más y sólo se hicieran unos rasguños. Supongo que tú, aunque los quieras, sólo tenías la carencia de mamá.

Y por eso quisite llevarme contigo. Hace ahora un año.

Un año en el cual, tras ir a Terra Mítica, volver a casa y hacer la cena, me eché a dormir con unas molestias en mi vientre. Las pruebas de embarazo me salian negativas pero yo estaba segura de que seguías en mi vientre y de que buscabas tu sitio. Un lugar que no pudiste ocupar porque la trompa estaba cerrada y no te permitió el paso al útero.

No pasaste tú sino la hemorragia que desencadenó tu marcha intempestiva. Pero al menos estuvimos todos contigo en ese momento, preocupados, interrogantes. Y al llegar al hospital, con la hemorragia interna, me lo dijeron: que ya te habías ido, para siempre. Pero tu manita me agarraba para llevarme a donde quiera que fueses, contigo. Sólo media hora más y ambas nos hubiéramos abrazado en la eternidad.

Pero hay otros planes en la vida. Y tu hermano necesita que esté con él. Me dicen y quiero creer que para tí ha sido lo mejor porque ahora no has de padecer por nada. No has de preocuparte por nada y la yaya, estará disfrutando de tu compañía como hizo conmigo. Tú no padecerás la endometriosis que te hubiera tocado soportar. En ese sentido, prefiero que no hayas venido.

En el otro, te echo de menos. No haberte tenido entre mis brazos, no haberte entregado mi corazón en vida. Pero tranquila, que estás con nosotros y tienes quien te cuide allí, donde estés. Yo sólo espero que no sufrieras. Tuve un sueño espantoso y no quiero ni imaginar que fueras tú quien viviera aquel infierno de dónde logré sacarte en ese sueño.

Besos Beatriz, hija mía. Envía todo el cariño de la familia de la tierra, tu familia de este planeta, a la familia que te cuida y te acoge allí donde estés. No te olvidamos.

Ni a tí ni a tus hermanos.


(c) En el enlace del título. "Me cuesta tanto olvidarte". Mecano
 
El texto, escrito por mí, en Ciao. http://www.ciao.es/Familia__Opinion_1008718
 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Maria Teresa Aláez García.
Published on e-Stories.org on 11/05/2006.

 

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