Maria Teresa Aláez García

Te perdono 9.

TE PERDONO 9

 

Ven. Te espero.

Te contaré los vuelos de las aves.

Te narraré los cantos de las aguas.

Te hablaré de los caminos de la lluvia.

Te informaré acerca de los cometidos de los hombres.


Ven. No desesperes. Ven despacio.

Te espero con la mesa puesta para tu refriego.

Te anhelo con la puerta abierta para tu regreso.

Te preparé ya tu baño, con sales aromáticas,

con pétalos de rosa como alfombra de entrada.

Tu lecho estará listo, caliente y perfumado.

Ven. Solamente ven. Preparo tu llegada.

Tu paseo que sea reposado

para que mi respuesta a tu pregunta

sea tranquila, lúcida y afable.

Cuéntame de tus sueños y jardines,

de tus mujeres, de tus hombres, de tus niños.

De las almas que ganaste y que perdiste,

de las gentes que salvaste y que dejaste ir.

De los amores que esperan en otras tierras

a que vuelvas algún día y allí reposes,

de guerras y de paz, de muerte y vida,

de letras y de música, de ciencias y de dioses.

Déjame que mire tu rostro, el viento marca

los surcos de la vida en tu semblante.

Déjame recorrerlos con caricias

y llenar de agua de lágrimas y de risas

los cauces que marcaron tu viaje.

Las aves marcan vuelo hacia la vela

del navío que te acerca con cautela.

Que pronto te dejará en este puerto

del cual presto te irás, poeta errante,

peregrino de acciones, de inspiraciones,

ermitaño de ideas y soledades.

Cuando entres en casa, espera un poco,

quítate esa ropa llena de polvo,

deja que tu cuerpo beba en tu piel las aguas

de los aromas de jazmín y de lavanda.

Deja que tu boca saboree el fruto

de la ciruela dulce, de la azofaifa,

de las cerezas vírgenes, del mayo suave.

Que tu estómago caliente su febril ayuno

con guiso suave y vino al uso.

No hables ahora, ve a descansar,

tus pies no necesitan ahora charlar.

Deja por un momento tu ansia lejana

y da reposo al cuerpo, también al alma.

Tranquilo. Todo está dispuesto.

Aquí estaré sentada, cuando despiertes

y acariciaré tu frente mientras te duermes.

Compartiré contigo esa batalla

de sueños y de fuego en mis entrañas.

Dejaré que compartas tus ilusiones

y que vivas en mí esas pasiones

que desataron furias en tus desvelos

de tus viajes fieros, de frustraciones.

Después me contarás mil sortilegios

y veremos pasar albas y crepúsculos

en sucesivos ciclos de amor y tiempo

de reir y llorar, de ouroboros y círculos.

Y cuando lo deses, partirás. Todo está listo.

Con la luna te irás de madrugada,

me darás tu perdón por no guardarte

en tu ausencia tan larga, la distancia.

Pero ya sabes, te espero hasta la próxima.

Hasta que a ambos nos una la alborada.

 

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Published on e-Stories.org on 10/16/2006.

 

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