Angels Vinuesa Fernandez

El , siempre le escribía cartas ...

ÉL, SIEMPRE LE ESCRIBÍA CARTAS….
 
 
Él,  el  chico, siempre le escribía cartas  inocentes  y pueriles. En ellas, redactadas con excelente ortografía, le hacía  participe a ella, la chica,  de  su vida...
Después  la releía ,  la doblaba  cuidadosamente ,  la introducía en el sobre ,  y escribía  con grandes letras  su dirección.
La sabia de memoria,  colocaba un sello en la parte superior derecha dirigiéndose  a  buscar un buzón.
 
Esta  acción se había convertido en una rutina, salía alegremente a la calle, y a medida  que se acercaba la buzón y cuando solo le separaban dos pasos, descuidadamente  daba un beso en  el sobre, escondiéndose de los transeúntes y la enviaba.
 
 Tenía la certeza que, ella, la chica, la recibiría en  pocos días e imaginaba que cara pondría al recibirla.
Solo ese pensamiento, le hacia sonreír  y ser feliz.
 
Esperaba  unos días, y  salía disparado a mirar su buzón.
-Seguro que ya tengo noticias –pensaba-
 
Y nunca se equivocaba. Allí estaba  la carta de ella.
La escondía  en un bolsillo, y  entraba en su casa .Entonces se metía en su habitación, y a solas la abría  cuidadosamente.
 
Sus letras… era la caligrafía de la chica, la reconocía al instante,  y sentía que le embargaba una emoción intensa. Muchas veces esperaba  antes de leerla unos instantes  hasta que su corazón recobrase el ritmo normal.
 
 Abría el sobre  casi sin  romperlo,  ya era una especialista en eso, y se estiraba en la cama,  respiraba hondo y procedía a su lectura.
 
Sus palabras... sus muestras de afecto,  sus andanzas, su forma de vida…
La  leía y releía una y otra vez, buscando cada punto , cada exclamación ,  e intentaba  pensar  en que lugar  la  había escrito ,  como estaría sentada ,  si haría  aquel mohín, tan característico con su chata nariz ..
 
Buscaba  seguidamente  aquella foto  en blanco y negro, y repasaba  con sus dedos  sus facciones. ¡Era tan  guapa aquella chica!...
 
Volvía de nuevo a  leer la carta, y la  guardaba en  aquella caja que guardaba en  el cajón de su escritorio.
Tenia almacenadas muchas, todas las que ella le escribiera, junto con las fotos  en las que estaban los dos.
 
…………………..
Pasó el tiempo, y las cartas  se espaciaron , y nunca más  volvió a saber donde  guardó con tanto celo aquella  maldita caja.
 
Pasaron los años, y la vida transcurrió de una  forma extraña. Vinieron los hijos, los achaques, los amoríos  y  el divorcio...
 
Nunca más se volvió  a  acordar de aquella caja.
En muchas ocasiones pensaba en ella, y en como le habría ido  la vida... pero después  y en el transcurso de los años la olvidó completamente.
Desterró aquel recuerdo para siempre de su vida. Lo arrinconó en algún desván de  su memoria, sepultándolo en lo más hondo de su alma.
 
……………………….
Transcurrió el tiempo, y un día  en su correo electrónico  llegó un mail. Ella, la mujer,  recibía muchos y variados, de amigos, trabajo... pero  algo le llamó la atención.
Al verlo, algo se despertó dentro de ella. Fue como un resorte, una campanilla, un aviso.
Intentó restarle importancia, y pensar que aquello no era más que una coincidencia, una casualidad...
 
Hacia tanto tiempo que nadie la llamaba así. De hecho solo existía una persona en este mundo que la  hubiese llamado de aquella forma.
 
Se puso a temblar  como  la chica que recibía las cartas , y por un momento, en su mente , resurgieron  las imágenes  de cómo ella corría  a mirar al buzón , para ver  si él , el chico, le contestaba .
 
 Cuando recibía  la carta, corría a su habitación, y se estiraba en  la cama, aunque antes , esperaba unos momentos hasta que su corazón dejaba de latir con fuerza.
 
…Su letra… la reconocía al instante, era inconfundible.  Pasados unos minutos  abría el sobre con precipitación, y la  leía varias veces. Primero apresuradamente, después,  deteniéndose en cada punto, en cada exclamación... en como explicaba su vida lejos de ella.
 
Más tarde se levantaba  y abría e cajón de su escritorio, para ver aquella  foto en blanco y negro  de ella junto a él,  que guardaba celosamente.
 
Pasó el tiempo, y las cartas  se espaciaron  y nunca más  volvió a saber donde guardó con tanto celo aquellas cartas...
……………………… 
 
Pasaron los años y la vida transcurrió de una  forma extraña. Vinieron los hijos, los achaques, los amoríos  y  el divorcio...
 
 Y ella siguió pensando en él, cada día, cada instante, y  en como le habría  ido la vida sin ella.
 
Y nunca le olvidó.
………………………………….
 
Ahora,  delante de su pantalla del ordenador  leía  aquel saludo .Tenia que ser él, no podía ser ninguna persona más. Nadie la llamaba así.
Y esperó aún unos segundos hasta que su corazón dejara de latir deprisa antes de abrir el correo electrónico.
 
Pasaron unos instantes que resultaron interminables  hasta  que al final, ella, la mujer, se decidiera a hacerlo.
 
-¿Aún me recuerdas?- rezaba el mail.
 
 
Y recordó, como siempre lo había hecho, que  cada diez de octubre, él cumplía años.
 
Busco en el ordenador  aquella foto, con los colores nítidos de un mar  al fondo, la miró, como tantas veces lo había hecho en los últimos tiempos, su mirada, su media sonrisa, su gran envergadura, aquella ternura que desprendía y suspiró.
 
Estuvo un buen rato contemplando aquellas facciones,  la expresión de su cara  y sintió un volcán de emociones perdidas, y hasta una lágrima se derramó por su rostro.
 
Minimizó la imagen, y clicó en el mail responder. Sin dudarlo un instante  escribió:
 
¡Feliz,  50 cumpleaños!
 
Angels Vinuesa  
 
 
 
 

 

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Published on e-Stories.org on 10/09/2006.

 

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