Maria Teresa Aláez García

Hoy... ha llovido.



El cielo no ha parecido desmoronarse sobre mi cabeza.


No había truenos ni rayos. Las nubes pesaban sus cargas sobre nuestra ciudad y caminábamos a pesar de la boira de nuestros problemas.


Hoy ha llovido.


El sol se ha tomado unos días de luto o de vacaciones, como cada corazón desee sentirlo. La oscuridad vació la luz de las farolas al paso de la imagen crucificada.


Hoy ha llovido.


El silencio ha ido anunciando su presencia en todo momento. Incluso ha solapado al ruido de los coches, al canto de los pájaros, al espíritu del tiempo que corría veloz rugiendo entre los raíles del tren.


Hoy ha llovido.


Un hombre pedía a la puerta de un supermercado. No hacía nada. No hablaba, no gritaba, no molestaba. Vestía de azul como sus ojos, como su sombrero, y de gris en su barba. Había tomado los colores del aire para coordinar su espíritu al de la naturaleza. Su aspecto era amable, de viajero observador, de espíritu tranquilo.


Hoy ha llovido.


Mi hijo ha ido de excursión al polideportivo. Se ha paseado por el dique del pantano, ha curioseado sobre las agujas de los pinos, ha interferido en el crecimiento de algún hongo y se ha tomado su bocadillo porque quería guardar su mona de pascua para enseñársela a su papá.


De camino hacia el colegio le hablábamos de la niebla. De las nubes cansadas que se toman un tiempo antes de coger el tren del viento para proseguir su viaje constante. De su efímera vida, de su amor por los niños curiosos como ellas, con los ojos bien abiertos y con mucho cariño en sus manos. La nube había bajado a ver a Ricard y le permitía tantearla, acariciarla, pasear entre ella para que el niño viera que las nubes no son sólo blancas y de algodón sino también grises y de humo, suaves y etéreas, tiernas e inconstantes. La nube nos hacía un gran regalo y nos hablaba. De países lejanos que había visitado. De Persia, del Atlántico, de las montañas. Y también había visto la nieve y un precioso tren.


Y los ojos infantiles dudaron. Un rayo del sol que brillaba en su interior apareció de repente y sus labios dejaron caer unas palabras de miel:


"Nube, ¿me quieres?. Ven, vente conmigo al colegio."


Hoy... ha llovido.


(c) María Teresa Aláez García.

 

 

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Published on e-Stories.org on 10/04/2006.

 

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