Angels Vinuesa Fernandez

Magi la vagabunda .. capitulos 3 y 4

Capitulo III
 
Luis, el de la fonda, les sirvió “el especial de tres euros”. “La Latas” hablaba atropelladamente mientras sorbía  de una forma escandalosa la sopa aguada .Hablaba sin parar sobre cómo había aumentado la comunidad de mendigos.
-         Esto argumentó- deberá ser posiblemente la crisis. Antes, la gente llegaba a final de mes, pero ahora con el paro y con los contratos basura, la gente se ha quedado a “verlas venir”, y ¡claro!- exclamó abriendo mucho los brazos -  como la gente no ahorra, pues al final acaban engrosando  nuestros puestos de trabajo.
Y añadió, de la forma más natural...
-         Y nosotros…que estamos aquí desde el principio, somos los que  tenemos nuestros derechos.
 
Magi no la escuchaba. Tenía la vista clavada en la sopa, y giraba monótonamente la cuchara dando vueltas a esos tropezones que bailaban en el líquido amarillento.
 
Tenía una sensación rara, esto siempre le ocurría cuando algo grave iba a suceder. Siempre le había ocurrido de esa forma. Presentía que algo malo iba a suceder, pero no podía nunca concretar el qué.
 
Antes que fuese mendiga, y justo en el momento que empezó a serlo, tuvo esa misma sensación. Era como un ahogo que le provenía del estómago y le subía hasta la garganta, por lo cual no podía ingerir ningún alimento.
 
Pero eso, lo de su propia vida antes de ser mendiga, era algo que mantenía sellado en su propia conciencia. Se había prohibido  pensar en ello.
Cuando adquirió ese nuevo “status”, se juró que nunca más volvería a pensar en ello. Era un pacto que había hecho consigo misma  hacía mucho tiempo, tanto, que casi no lo recordaba ya. Pero en esos precisos momentos , en que la  cuchara giraba  monótonamente  en el plato de sopa aguada , mientras  el sonido  de la voz  de  “la Latas” resonaba machaconamente en  sus orejas , pensó que algo le iba a estallar dentro, y lo que más le fastidiaba era que no era consciente,  del qué , ni el cuando , ni el cómo iba a suceder .
 
La comida  trascurrió con normalidad, después de ésto, la gente seguiría rebuscando en los  contenedores  para ver si  encontraba algo de valor, y al final de la tarde la peregrinación hasta la Almudena, donde dormiría una noche más.
 
Todo parecía  corriente, pero Magi  daba vueltas una y otra vez en su cabeza sobre su pasado. Cuando al final se colocó en su banco,  cubierta de cartones y periódicos, sus ojos permanecían abiertos como platos, y por más que intentaba conciliar el sueño no lo lograba.
 
Magi, entonces, abrió su cajita de música  y se  puso a escuchar   la canción y a observar  a la bailarina…
 
De repente algo la sobresaltó, entre los árboles, dos hombres discutían. A Magi esto no le importaba ni lo más mínimo, ya que en  múltiples ocasiones  corrían encuentros de este tipo que se ocultaban entre las sombras  de la noche.
 
Pero ésta vez, algo le llamó la atención, era diferente, se decían insultos, y de repente se oyó un sonido seco que cortó el aire, seguido de un alarido de dolor.
Observó como aquél se marchaba, y como yacía en el suelo el otro cuerpo...
 
Magi pensó - ¡duérmete! Esto no va contigo, no te metas en líos.
 
Pero seguía  escuchando el quejido lastimero del que estaba tendido sobre la hierba, no pudo resistir más y se encaminó  hacia allí.
 
Sus pasos eran cansinos, pero hacia lo posible por acelerar la marcha. Un hombre  joven se desangraba.
 
-¡Ayúdeme! – le dijo ¡Me muero!
 
Magi dudó en un primer momento, sabía que si  le ayudaba, le traería complicaciones, pero... ¡era tan joven!
 
Rasgó un trozo de su falda raída, y haciendo un par de dobleces los puso sobre el vientre del herido apretando con fuerza. Se mantuvo así unos minutos, pero viendo la gravedad, ya que no paraba de sangrar, y el hombre no había perdido la conciencia, tomó una decisión que pronto cambiaria su vida.
 
Capitulo IV
 
-¡Aprietese con fuerza aquí!- le dijo Magi en un hilo de voz.- Tengo que ir a buscar ayuda, sino usted será pronto un fiambre.
 
El joven comprendió que esa vieja era su tabla de salvación, y la animó a que buscase un teléfono ya que el agresor le había robado su móvil.
 
Magi caminó por los caminos de cemento, entre la sombras de la noche, corría tanto que un par de veces tropezó cayendo al suelo, y volviéndose a levantar siguió  en busca del teléfono.
 
Por fin, y como pudo llegó a la cabina telefónica. Rebuscó en su delantal un pañuelo mugriento donde guardaba las monedas.
 
 Lo llevaba atado con dos  nudos, pero ahora con el nerviosismo  no era capaz  que sus  frágiles manos  pudiesen desatarlos.
 
-¡Tranquila, Magi! – Pensó para sus adentros – hay un hombre que se está muriendo, y si no llamas tú, nadie más lo hará, así que  abre esos nudos de una puta vez.
 
-Policía ¡dígame!- le contestó una  voz ronca al otro lado del hilo telefónico.
 
Hacia ya tanto tiempo que Magi no hablaba por teléfono que al principio tuvo que tragar dos veces saliva  antes que su oyese su propia  voz.
 
Pasados unos segundos. Magi explicó la situación y colgó. No se había querido identificar ¿para que?
 
Ella, al fin y al cabo, solo era una persona sin nombre, sin identificación, era un mendiga y ¿que probabilidades tenia que aquella voz  pudiese entender  quien era ella?
 
Cuando colgó el aparato, respiró hondo.
 
¡Ya está!- pensó – Ahora me  volveré al banco, me taparé con los periódicos y me dormiré.
Cuando llegue la policía,  esperaré que se acerquen, y cuando me pregunten les diré que no he oído nada, que ando un poco  mal de audición.
 
Magi iba haciendo sus cábalas,  mientras sus pasos  la conducían  al lugar  del siniestro.
En el fondo, siempre hacia lo contrario de lo que pensaba -¡Como podía dejar morir a un ser humano! solo, sin nadie a su lado. Aunque su única compañía fuera la de una pordiosera, sucia y harapienta  como ella.
 
Cuando llegó a la altura del herido, éste aún respiraba, aunque estaba a punto ya de perder el conocimiento. Aquel hombre le sonrió.
 
-         No se preocupe – le dijo Magi – ya vienen hacia aquí, pronto estará en un hospital.
 
Esas palabras fueron las ultimas que oyó el hombre antes de desmayarse.
 
Lo que ocurrió en los minutos siguientes, fue como un torbellino. Coches de policía, ambulancias, sirenas, gente que corría de un lado a otros y un hombre, que debería ser el inspector de policía le dijo a Magi.
-¡Eh  usted!-señalando a Magi – No se vaya. Tenemos que  interrogarla.
 
Magi podía haberse marchado, con el revuelo nadie se hubiese dado cuenta, pero la muerte de aquel hombre le había afectado profundamente, y se mantuvo allí sentada con las manos ensangrentadas.
 
La subieron a un coche de policía y, la condujeron a comisaría.
Sentada, en la parte posterior del vehículo, aún se la veía más indefensa si cabe. El coche se deslizaba a gran velocidad, y Magi veía pasar  rápidamente sus calles, sus contenedores, la puerta de la Iglesia teniendo la sensación que tardaría en volver a ver aquel paisaje cotidiano.
 
Poco  a poco su espacio  vital se  alejaba,  y  entraba en otro lugar de la ciudad. Las calles no le eran desconocidas. Los transeúntes, las luces, los escaparates, y de pronto... un gran rótulo luminoso apareció  delante de ella.
 
Era un edificio antiguo de corte modernista. Muchas personas arregladas de gala salían de allí. Eran personas con trajes de noche, con abrigos elegantes y ellos con chaqué. Charlaban  amigablemente  entre  ellos entre grandes risotadas... era ¡El gran Teatro!
 
Magi sintió una punzada que le recorrió la columna vertebral, después una sensación de ahogo y más tarde una aceleración muy rápida de su corazón.
 
-¿Puedo abrir la ventana?- le dijo al policía  con voz entrecortada.
- No me extraña – le contesto aquél- con la cantidad de ropa que lleva. ¡Abra, abra!
 
Magi sintió la brisa fresca de la noche, y  por unos momentos breves alivio. Luego fue girando su cabeza hasta perder de vista el “Gran Teatro”
 
En su mente se agolparon las imágenes, luces de candilejas, aplausos, el telón abriéndose… Y Magi tosió nerviosamente.
 
-¡No! , si al final se va a enfriar- le dijo burlonamente el otro policía que les acompañaba.
 
Por fin llegaron a la comisaría. Existía un gran revuelo  ya que habían realizado  una redada de prostitutas. Todos vociferaban y aquellas putas solo hacían que decir tacos a mansalva. Nadie se aclaraba  donde tenia que meter aquellas mujeres.
 
-Usted-le dijo el policía a Magi -¡siéntese aquí!
 
Ella obedeció, bajando la  vista aún con las manos llenas de sangre. A su lado dos prostitutas discutieran entre ellas, Magi las observaba de soslayo.
 
Estaba acostumbrada a verlas  por su calles, La Paca, La Rosi, ella las respetaba, creía necesario su trabajo, aunque más que simpatía era camaradería. Ellas, las prostitutas, como ellos los mendigos, tenían su ley, sus calles su esquinas…
 
De pronto un señor enjuto con cara de pocos amigos se dirigió a Magi.
-¡Venga! – le dijo secamente –
Ella se levantó con parsimonia. Era una persona mayor y encima estaba asustada.
-         ¡Joder, tío! – le dijo una de las prostitutas – podrías ser más amable con la  vieja.
-         ¡Tú calla!- le contestó aquel, cortándola en seco – o pasarás la noche en  chirona.
 
Magi le hizo un ademán, como restándole importancia, y siguió al grandullón que se alejaba a grandes zancadas. Se colocó detrás del ordenador,  y preguntó sin mirarla.
-¿Nombre?
-Magi-le contestó ella.
- Magi, ¿Qué? ¡Que coño es Magi!- el  grandullón parecía cabreado.
- Pues... Magi – contestó ella  sin  alterarse lo mas mínimo.
 
El corpulento policía, andaba ya bastante mosqueado, aquella noche con el revuelo que se había organizado, y la  poca paciencia que tenia se le había  acabado.
 
-Pero. ¿Que pasa?- exclamó  abriendo mucho los ojos saltones - ¿No tienes apellidos?
 
Era curioso, en todo el tiempo que Magi había estado en las calles de mendiga, nadie le  preguntó sobre sus apellidos. Todo el mundo sabía que era Magi, y eso era más que suficiente.
 
El hombre se impacientaba por segundos. Movía nerviosamente un  bolígrafo, que mantenía en sus manos dando golpecitos en la mesa.
 
-         Bueno  - añadido Magi – algunos me llaman Magi ,la Vagabunda
El policía dio un resoplido de  impotencia.
 
-¿Dirección?- insistió, ahora que ya había tomado aire.
- No tengo dirección- contestó sencillamente Magi –
 
-¿Cómo que no tiene dirección?- la vena del cuello se le estaba empezando a hinchar - ¿En algún lugar viviría, digo yo?
 
-En las calles – apostó Magi sin perder la compostura, y arreglándose el sombrero  que siempre levaba puesto, con aquella escandalosa flor violeta.
 
-         En la calle, en la calle – siguió el  grandullón – y donde  duerme ¿también en la calle? Exclamó sarcásticamente.
 
Aquella vieja le estaba sacando  de sus casillas. Las prostitutas no dejaban de chillar y se estaba  poniendo enfermo.
-¡Ah no!-  añadió Magi – Duermo en la Almudena
 
-         ¿Qué número?- dijo  el policía  que no había escrito todavía ni una línea de aquel dichosos formulario.
-         Pues no se – dijo Magi intentando recordar si el parque tenia un número.
-Muy bien, esto ya  ha colmado mi paciencia –añadió el  hombre levantándose  de la silla y estrellando el boli contra la pared.
 
-No sabe sus apellidos, no tiene casa, se llama encima Magi que es nombre de  sopa... así es imposible, me rindo.
 
Dicho esto, enfiló hacia el despacho que debería ser del jefe de policía.
 
Magi los vio discutir a través de los cristales, y dedujo que aquel entrevistador improvisado ya no volvería más...
 
Pasaron una o dos  horas, y ella continuaba sentada  en la misma silla. No le importaba, allí se estaba calentito. El barullo de la comisaría se había apaciguado.
 
Vio llegar a otro policía  de uniforme  que venia acompañada  por una señorita, con cara de sueño.
 
¡Acompáñenos! – le dijeron.
 
La llevaron a otra sala, y le sirvieron café. Después las misma preguntas, aquella señorita que parecía haberse despertado la interrogaba   sobre su vida, donde comía, donde se alojaba. Y sobre el incidente  del parque.
 
Todo parecía correcto, hasta que le hicieron una propuesta  que cambiaria el rumbo de su vida completamente.
 
¿Qué  propuesta le hicieron a Magi, que cambiaria su vida?
No se pierdan los próximos  capítulos
 
Pero eso... será mañana
 
Angels Vinuesa 
 
 
 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Angels Vinuesa Fernandez.
Published on e-Stories.org on 09/27/2006.

 

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