Angels Vinuesa Fernandez

El fantasma de Dulcinea del Toboso

EL FANTASMA DE DULCINEA DEL TOBOSO

 
 
-¡Había sufrido un encantamiento!
 
Ahora estaba  completamente convencido de ello. Sus pensamientos  después  de unas horas se había recolocado, y empezaba a salir de esa sensación de atontamiento  que  sintió  durante  el día  anterior.
 
Nunca supo el porqué de su atracción por la Lagunas.Las visitaba desde pequeño, y volvía una y otra vez  durante años. Era como  una relación extraña que le hacia  enfadarse sin motivo cuando el nivel de las aguas bajaba. Se preguntaba entonces  el porqué ocurría, temiendo en todo caso que llegase un día  en el que las aguas trazaran otro rumbo y se desviaran hacia otro lugar.
 
No existía razón lógica para pensar que ello ocurriese, pues, si  bien, no se sabía a ciencia cierta  de donde provenían  las  aguas remansadas que  habían producido aquellas lagunas, tampoco sé sabía   por  donde venia  el cauce,  ni cual era su origen, así que,  de alguna forma  caprichosa, podrían enamorase de otros  paisajes   y entonces dejar ese lugar seco.
 
Tampoco existía razón lógica para pensar que  aquellos ojos de la mujer desconocida  se fijaran en su retina  como adentrándose en sus pensamientos. Ella,  la mujer desconocida, no tenia porque saber, ni conocer esos pensamientos íntimos, ni cual era la relación  que le unía  a esas Lagunas. Pero lo cierto es que los ojos de la mujer desconocida le cautivaban, le subyugaban  y le hacían perder  los papeles. 
 
Era una mirada transparente, como las aguas de la la laguna, pero  al mismo tiempo, era una mirada inquietante, que le hacia  disparar el corazón de  una forma absurda  e irracional.
 
Pasearon  de una  a otra , y cada vez  que la mujer desconocida, azuzaba su cabello,  esbozaba una sonrisa, o simplemente  se sentaba junto al cauce  mirando fijamente el agua , le hacia estremecer.
 
Sentía entonces, la necesidad de acercarse, y oler aquel extraño perfume que no se percibía en la distancia. Era una mezcla de almizcle  e incienso, y al olerlo,  tenia irremediablemente que  acercase más, y besarla. Era  como un acto impulsivo que no dejaba  otra opción. Como si fuese eso lo que tenía que hacer.  
 
¿Cómo le podía estar pasando  esto a él?
¡No era posible!, Se decía. Pero la mirada de la mujer desconocida, el calor  que desprendía, y ese olor  extraño le estaba empezando a  embotar  los pensamientos.
 
No  le dejaba  pensar con claridad, y solo sentía  el deseo de  estar  a su lado, muy cerca de ella sin dejar de tocarla como si ella tuviese una  especie de imán irresistible para cualquier mente humana.
 
Era  como un torbellino, una vorágine mágica de una fuerza insospechada para él, que le hacia tener  reacciones no conocidas, aunque esas sensaciones  le gustaran y se recreara en ellas.
 
El tiempo parecía haberse detenido, y las horas se sucedían sin percibirlas. El coche corría por  las carreteras, como un fantasma, mientras que  ella, la mujer desconocida  no cesaba de hablar embriagándole con sus palabras.
 
Su voz  era una mezcla de  ternura y tristeza, y sus palabras  entrelazadas con habilidad hacían que el contexto  se hiciese cada vez más mágico  y especial.
 
No entendía que le estaba ocurriendo, su mente había dejado de pensar coherentemente, y  ahora se dejaba llevar por  las sensaciones  que sentía. Eran sensaciones intensas, llenas de sensualidad que ella, la mujer desconocida desprendía, y la envolvía como en un  halo de color azul turquesa...
 
..Las cuatro de la tarde serian  cuando el sol, entre nubes cubierto, con luz  escasa y templados rayos, dio lugar a Don quijote, para que, sin calor y pesadumbre, contase a sus dos  clarísimos oyentes, lo que en la cueva de Montesinos había visto...
 
El coche se  encaminó directamente a la Cueva de Montesinos, y llegando a ese lugar, ella, la mujer desconocida se dirigió directamente a su entrada. Parecía caminar grácil entre los olivos  y las piedras del camino como  embrujada y atraída a la entrada de esa cueva.
 
..Vi que venia hacia mi  un venerable anciano, vestido con un capuz de bayeta morada, que por el suelo le arrastraba...
 
Recordé en ese momento  la lectura del Quijote  de la Mancha, y el capítulo en el que hablaba de esa cueva, de Montesinos  y del encantamiento que sufriera, junto a Guadiana su escudero, y la dueña  de Ruidera, sus siete hijas y dos sobrinas por el  Mago Merlín.
 
No comprendía por qué  pensaba en esa lectura en aquellos momentos. No existía razón lógica para ello, y sin embargo  se le presentaba como si  Cervantes lo estuviese escribiendo en ese  instante  y al mismo tiempo, y en el mismo lugar en el espacio, como si Don Quijote  le explicara  a Sancho Panza su entrada en Montesinos.
 
¿Cómo seria posible, ese enlace de pensamientos extraños?
 
..Y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros, solamente faltan Ruidera, y sus hijas, y sus sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió tener Merlín de ellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora  en el mundo de los vivos, en la provincia de la Mancha, las llaman lagunas de Ruidera...
 
 
La mujer desconocida,  se encaminó a la entrada  de la cueva, la seguía de cerca y hasta le di la mano para que no se cayera.
 
 Bajamos a la cueva y entonces  escuchamos voces...
 
¡No había nadie! Sola aquella mujer desconocida  y yo mismo. Las voces  se oían cercanas, pero provenían del interior de aquella cueva.
 
La mujer desconocida  se descalzó,  y comenzó a adentrarse. No hubo forma de explicarle que podía ser peligroso, pues  existía como una fuerza que la impulsaba, sin que nada la  pudiese detener.
 
El aire estaba  denso, casi costaba respirar, yo la seguía de cerca,  intentando ayudarla en vano. Ella  parecía  conocer el lugar  como si hubiese estado  allí , pero en un lapso  indeterminado  tiempo.
Este hecho me parecía prodigioso, ya que se suponía  que aquella  mujer no  había visitado aquel recóndito  escondite, donde no  había  casi luz, o  al menos en el mundo de los vivos. Solo ese  pensamiento me hacia erizar los cabellos.
 
En un momento se detuvo  y escuchó muy atenta.. como si las voces le fueran conocidas.
 
-¡Son  los fantasmas del Quijote y Montesinos! – dijo  con  una media sonrisa  irónica  y con la naturalidad más absoluta.
 
Yo quedé atónito ante esta afirmación.
 
 
Las voces siguieron oyéndose cada vez más profundas...
 
 
 Las llaman las lagunas de Ruidera; las siete son  de los Reyes de España, y las dos sobrinas  de una orden santísima, que se llama San Juan. Guadiana, vuestro escudero.. fue  convertido en un río, llamado de su mismo nombre; el cual cuando llegó a la superficie de la tierra, y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió al ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra...
 
Estaba  completamente fascinado  con lo que estaba  viviendo, las sensaciones revoloteaban intensas, pasando del calor al frío más intenso . La mujer se había sentado en el suelo, las piernas cruzadas y la mirada atenta. La observaba en la media luz, su perfil, sus labios bien perfilados, su cabello recogido.
No lo podía creer,  yo también escuchaba las voces. Era un hecho insólito. Esto no podía estar ocurriendo  en el siglo XXI.
 
-¡Calla y escucha!- dijo la mujer  desconocida  como leyéndole el pensamiento, con una infinita ternura.
 
En ese momento la cueva se iluminó de forma extraña, y lo que vieron mis ojos fue realmente  un hecho  que no cabía en ninguna forma  humana y que  me  sobrecogió el alma.
 
..oyeronse  en esto grandes alaridos y llantos, acompañados de profundos gemidos y angustiados sollozos; Volví la cabeza y vi por las paredes de cristal que por otra sala  pasaba una procesión de dos hileras de hermosísimas doncellas, todas vestidas de luto, con turbantes blancos sobre las cabezas... venía una señora, asimismo vestida de negro, con tocas largas tan tendidas que besaban la tierra. Su turbante era mayor dos veces.. traía en las manos un lienzo delgado, y entre el un corazón de carne momia...
 
Los estaba viendo, veía esas figuras semitransparentes que pasaban delante de mis ojos. Por más que me frotaba los ojos aquellos fantasmas estaban allí, y desfilaban delante de mi. Era real, no estaba soñando. 
 
-Esos son los sirvientes -, dijo la mujer desconocida  con la mayor naturalidad de lo que estábamos viendo, como si fuese del todo normal ver esa procesión de momias.
-También están encantados, y  cuatro días a la semana hacen esta procesión, cantan  y lloran. Y  la que vistes , la señora del turbante que llevaba el corazón era Belerma  que lloraba por su amante.
 
-Pero, no es tan bella como vos Dulcinea del Toboso – aquellas palabras  salieron de mi boca de forma  inconsciente. No podía dar crédito, estaba viendo fantasmas que paseaban por la cueva, y ahora ella me parecía  Dulcinea. Realmente estaba encantado, embrujado  por que aquella mujer.
 
Ella me miró con aquella mirada  tierna  y sonrió con la más maravillosa de las sonrisas. Después se acercó y me besó en los labios.
 
Simplemente  dijo:¡Vámonos!
 
.. Y como no estás experimentado  en las cosas del mundo, todas las cosas que tiene alguna dificultad te parecen imposibles; pero andará el tiempo.. Y yo te contaré  cosas de las que allá abajo he visto, que te harán creer las que aquí te he contado, cuya verdad no admite  réplica ni disputa.
 
Entonces supe  que aquella tarde,  en aquella cueva  estuve con el fantasma de Dulcinea del Toboso, y sentí en mi locura, en el lugar más recóndito de mi alma  como  aquel caballero andante de la larga figura la había amado.
 
Angels Vinuesa
 
 

 

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Published on e-Stories.org on 09/06/2006.

 

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